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El paraíso rodea a Machu Picchu

Un oso en las ruinas de la ciudadela inca / Foto youtube

Un oso en las ruinas de la ciudadela inca / Foto youtube

Mariposarios, avistamiento de aves y osos son parte de los recorridos alrededor de las ruinas incas. Todo un paraíso para los turistas

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Las postales típicas de la ciudadela de Machu Picchu nos han vedado la posibilidad de ampliar el panorama y ver lo que vive y florece en toda el área del santuario histórico. No son tan solo las plazas, los andenes, los templos y los otros complejos de piedra e historia lo que se encuentra en la maravilla, sino también una flora y fauna deslumbrantes: helechos prehistóricos, musgos, bromelias, árboles tradicionales de la sierra —como el pisonay y el aliso— y las maravillosas orquídeas nativas, tan coloridas como numerosas. También hay osos de anteojos, gallitos de las rocas y colibríes.

“En la escarpada zona, piedra y bosque/polvo de estrellas verdes, selva clara”, recitó el poeta Pablo Neruda sobre esta zona que, según la Unesco, es uno de los 32 patrimonios mundiales mixtos, es decir, que tiene tanto riqueza cultural como natural.

Camino a la montaña. Si bien ir en tren hacia Machu Picchu es una experiencia seductora, llegar por el Camino Inca o hacerlo en camioneta es algo que recordarás siempre. Considera que el trekking solo puedes hacerlo con un guía profesional y con una agencia registrada. Si cuentas con tiempo, toma el servicio de siete días de Mountain Lodges. En la ruta verás lagunas, el nevado del Salkantay, el valle de Santa Teresa y podrás descansar en lugares confortables, como el Colpa Lodge, cuyo sendero de orquídeas y jacuzzi te dejarán en paz.

¿Prefieres ir en cuatro ruedas? Santu Cusco tiene programas de tres y cuatro días para llegar a la maravilla y tener contacto con la agricultura de la ruta. El servicio se hace en grupos privados e incluye la visita a la comunidad de Lucmabamba, así como el recorrido por cultivos de café para ver parte del secado, la tuesta y el molido del grano. Luego, degustarás lo que has procesado. Se hacen caminatas cortas (cuatro horas máximo), se visita el mirador de Llactapata, los baños termales de Colcamayo y se tiene contacto con otros sembríos (coca y cacao).

El jardín secreto. Sea cual fuere la forma que llegaste, el resultado al final del trayecto es el mismo: el asombro. A 2.490 msnm, el bosque de neblina de Machu Picchu aparece rodeado de una vegetación colorida. Las guías de viajes recomiendan ir entre mayo y octubre porque no hay lluvias, pero los expertos en botánica te dirán que entre marzo y abril es el mejor momento porque tras las precipitaciones de agua llega la floración de las orquídeas.

En los tours dentro del santuario histórico apreciarás, entre las ruinas, varias de esas plantas que forman parte de la tradición incaica. Es el caso de la ‘Waqanki’, vocablo quechua que significa ‘llorarás’. Cuenta la leyenda que una princesa, desconsolada por un amor imposible, fue transformada por los apus en esta bella flor roja con la forma de picaflor, capaz de hacer llorar a los guerreros. También destaca la ‘Wiñay Wayna’ (siempre joven), cuya flor lila era la insignia militar de los incas, según narra Garcilaso de la Vega en sus “Comentarios Reales”.

Un lugar para conocer en profundidad sobre las orquídeas es el Inkaterra Machu Picchu Pueblo Hotel. En sus jardines, según la American Orchid Society, está la mayor colección de orquídeas nativas del mundo. Es una villa de 81 casitas de adobe con techos a dos aguas, rodeada por diez hectáreas de bosque restaurado.

Carmen Soto, bióloga del lugar, acompaña a ver las 372 especies de orquídeas que hay en su entorno natural y donde, además, viven 214 especies de aves y 111 de mariposas que colaboran en el proceso de polinización natural. Las opciones aquí son amplias. Destacan los programas de producción de té orgánico, de avistamiento de aves y la visita al Centro de rescate del oso andino, donde cinco de esos mamíferos viven en semi libertad en un área de 2.980 m2.

Machu Picchu también es el corazón del hábitat del oso de anteojos. Su estado vulnerable hace que su conservación sea crucial para el bosque de nubes. Encontrar a uno de esos hermosos animales en tu recorrido es tan probable como ver a un jaguar en el Manu, cosa de suerte. Pero las personas del lugar dicen que hace poco se halló a un oso adulto en la ciudadela, a una osa con sus crías trepados sobre un árbol y a un osezno cerca del cauce bajo del río Vilcanota.

Aves del paraíso. Perú es el tercer país con el mayor número de especies de aves (1.816 registradas), y el santuario es uno de los destinos preferidos por los ‘birdwatchers’. Consulta a la agencia Manu Expeditions, que ofrece lecciones de la vida animal en todos sus itinerarios. La ruta al valle de Mandor (a 4 km del pueblo) es una de las más accesibles. Allí es posible ver al motmot andino (de corona turquesa, ojos rojos y cola de raqueta), al quetzal dorado (de plumaje verde brillante y pecho rojo) y al emblemático gallito de las rocas.

Las vivencias no terminan. Además de las ceremonias de pago a la tierra y de la pachamanca tradicional, el hotel Sumaq Machu Picchu también ofrece caminatas hacia el valle de Mandor, donde se aprecian aves, mariposas y, al final, una catarata de 30 metros de altura. Antes de regresar al Cuzco, tu último contacto con la naturaleza puede ser en el Mariposario de Machu Picchu, que está junto al camping municipal.

Recomendaciones:

1. De mayo a setiembre, la radiación solar es elevada. Se recomienda usar protector solar y lentes con protección UV.

2. Lleva linternas frontales, botiquín de primeros auxilios, binoculares, repelente y zapatos adecuados.

3. Solo transita por los senderos establecidos y señalizados.

4. Respeta las indicaciones de los guardaparques.

Fuente: sernanp.gob.pe