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La élite mundial tiene poca idea de lo que afecta a los pobres, dice el papa. Tiene razón. Pero esto también se aplica a la Iglesia Católica. La encíclica Laudato Si declaró que el calentamiento global es uno de los graves problemas que enfrentan los pobres. La élite –dijo– está fuera de foco si no se da cuenta de lo siguiente: “Muchos formadores de opinión, medios de comunicación y centros de poder están lejos de los pobres y sus problemas”.

Desde 2013 la ONU examina el ranking de las 16 prioridades de los ciudadanos. La educación es la prioridad para los pobres, seguida de una mejor salud, oportunidades de trabajo, un gobierno honesto y alimentos accesibles. El clima es la decimosexta prioridad entre 16.

El calentamiento global agrava la malaria. Si las temperaturas aumentan, los mosquitos pueden llegar a ser endémicos en más lugares. No ocuparse del calentamiento global podría empeorar la malaria.

Pero podríamos elaborar un argumento similar acerca de la malaria misma. Si no la abordamos, millones morirían, pero, además, otros problemas empeorarían. La falta de tratamiento de la malaria perturba el desarrollo, ya que los niños enfermos pueden absorber menos nutrientes y su escolaridad se afecta.

Las políticas de cambio climático, como los recortes en los combustibles fósiles defendidos por el papa, son una manera ineficiente de ayudar a las víctimas de la malaria. Las reducciones de carbono del Protocolo de Kioto evitarían unas 1.400 muertes por malaria por 180.000 millones de dólares al año. Solo 500 millones de dólares gastados en políticas directas contra la malaria podrían salvar 300.000 vidas.

El fantasma de peores huracanes es otro argumento para el recorte de CO2. Pero el clima perjudica a los pobres porque son pobres. Si un huracán golpea Florida, pocas personas mueren, pero en Honduras o Nicaragua puede matar a miles de personas y devastar la economía.