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Un mundo maravilloso en Queens

La cocina azul de Lucille y Satchmo / Foto atlasobscura

La cocina azul de Lucille y Satchmo / Foto atlasobscura

La sencilla casa museo de Louis Armstrong, en Nueva York, es ideal para aproximarse a la personalidad del gran músico

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Se puede escuchar hasta el último solo grabado por Louis Armstrong y se puede leer todo lo escrito y ver todo lo filmado sobre este gran músico. Pero para terminar de aproximarse a su mundo maravilloso hay que peregrinar hasta Queens, Nueva York. Allí, en la calle 107, está la casa donde Armstrong vivió junto a su cuarta esposa, Lucille.

Es una de las tantas casas-museo que recuerdan a grandes personalidades. Pero, a la vez, es distinta a todas. En parte por una particularidad de su propietario: Armstrong tenía varias obsesiones extra musicales, documentadas en esta residencia de dos pisos mejor que en ningún otro medio.

En primer lugar, el trompetista tenía el hábito de grabar el audio de distintas situaciones hogareñas, sobre todo conversaciones con amigos y familiares que ocasionalmente lo visitaban. Horas y horas de estos registros están archivadas en el escritorio del músico y algunos fragmentos pueden escucharse durante las visitas guiadas que se ofrecen, disparados en los mismos ambientes donde se tomaron.

Otro pasatiempo de Armstrong, más allá del jazz, eran los collages, especialmente con recortes de diarios y revistas. Ejemplos de esa obra no tan conocida se han reproducido en libros. Pero en la casa de Queens se aprecian en directo.

Y otra idea fija del músico era la comida. No por nada, lo más sorprendente de la casa de Armstrong en Queens no es su estudio ni su cuarto sino... la cocina. El sector donde Lucille preparaba el arroz con frijoles que tanto le gustaba a su marido (desde la infancia pobre en Nueva Orleans) tiene unos muebles azules vintage y a la vez modernos, con gabinetes y cajones muy prácticos e innovadores. Lucille, parece, era tan buena cocinera como consumidora de revistas de decoración. Y esta cocina llama tanto la atención que es la imagen en una de las postales más vendidas en la tienda de la casa-museo, abierta al público desde 2003.

Dicen que Louis Armstrong compuso What a Wonderful World en esta casa. Cuando cantaba en ese clásico “escucho bebes llorar, los veo crecer; aprenderán mucho más de lo que yo jamás sabré...”, hablaba de los chicos del barrio que conocía desde recién nacidos y que se sentaban en los escalones de su puerta para escucharlo tocar. La escena de Sachtmo rodeado de niños en esa puerta es otra postal famosa.

Armstrong había demorado todo lo posible asentarse en un domicilio fijo. Le gustaban más los hoteles. Lucille lo convenció de comprar esta austera (para semejante celebridad) propiedad en Queens. Allí estuvieron desde 1943 hasta sus respectivas muertes, en 1971 y 1983.

La Casa Museo de Louis Armstrong puede visitarse de martes a domingos. La entrada cuesta diez dólares.