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¿Por qué muerden los niños?

 Los bebés también pueden morder por la molestia que provoca el crecimiento de los dientes o incluso como parte de su búsqueda para aprender a socializar | Thinkstock

Los bebés también pueden morder por la molestia que provoca el crecimiento de los dientes o incluso como parte de su búsqueda para aprender a socializar | Thinkstock

Conoce cómo responder a esta conducta normal en los menores

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Esa mordida que le costó la participación en el Mundial de Fútbol al uruguayo Luis Suárez, bien podría recordarle a los padres aquella llamada del cuido: “mamá, papá, tu hijo mordió a otro niño”.

Pero eso que no se tolera en la adultez es un comportamiento muy común en los niños pequeños, especialmente de 3 a 4 años.

¿Por qué lo hacen?

Descubrir el mundo requiere experimentar. Para los infantes,  puede ser una de las formas de hacerlo.

Un niño puede utilizar la mordida para simplemente observar la reacción del otro porque se encuentra en la etapa oral, que se caracteriza por conocer su ambiente a través de chupar, morder o lamer, incluso su propio cuerpo, como cuando se meten todo el pie a la boca.

Los bebés también pueden morder por la molestia que provoca el crecimiento de los dientes o incluso como parte de su búsqueda para aprender a socializar.

Pero también es muy frecuente - y temida por los padres- la mordida como respuesta a una situación incómoda que el bebé o el niño no sabe cómo manejar. Si el compañerito le quitó un juguete o si siente que no le están prestando la atención que necesita, esa es su manera de decir “esto no me gusta”.

“La mayoría de los niños muerde por frustración, al sentirse débiles frente a una situación”, explica la doctora Mayra Olavarría, sicóloga de niños y adolescentes y catedrática del Recinto de Ciencias Médicas.

Hay que recordar que en las etapas de desarrollo tempranas los infantes desarrollan el lenguaje y la socialización. Pueden morder porque sencillamente carecen del vocabulario aproppara decir qué les pasa de una manera correcta y, por supuesto, sin agredir al otro. Dependen de la guía de sus padres para aprender a hacerlo.

Cuando están más grandes, en etapa preescolar, morder puede ser una señal de que algo anda mal o ha habido algún cambio abrupto en el entorno del niño (divorcio de los padres, nacimiento de un hermanito) y por alguna razón- que habría que evaluar caso a caso- morder es su defensa o desahogo.

¿Cómo deben reaccionar los padres? Si los niños son muy pequeñitos y todavía no hablan, hay que observar qué estaba pasando en el momento de la mordida. Quizás estaba agotado, con hambre o con dolor. Prestar atención y responder para aliviar esa situación en el futuro puede ser suficiente para eliminar la conducta. De hecho, muchos niños muerden  una o muy pocas veces.

Si el niño ya habla, es importante conversar con él.

“No lo vas a castigar sin saber qué pasó. Hay que preguntarle ¿qué sientes que te hizo hacer eso?”, aconseja la doctora.

En caso de que morder se convierta en una conducta recurrente, los padres o maestros deben identificar cuál es el patrón. Qué está haciendo el niño o con quién está cuando siente ese impulso. De esta manera, pueden ofrecerle otras alternativas no violentas para manejar sus emociones.

Por ejemplo, si se molesta porque le quitaron el juguete o el turno para tirarse de la chorrera, debes enseñarle a expresarlo y a solicitar lo que quiere con palabras. Es importante tener paciencia si la situación se repite, porque el aprendizaje a veces toma tiempo. Así es que no caigas en la trampa de decirle que no sea violento, con violencia.

Tampoco le digas que es malo por haber mordido, pues lo que está mal no es el niño sino la conducta. También es útil para desalentar el comportamiento no invertir demasiado tiempo en el regaño, para no llevar el mensaje de que al morder obtendrá atención. Y siempre es aconsejable reconcer el progreso. Por ejemplo, puedes decirle: estuvo muy bien pedirle a Juan que te dejara jugar con la cuica.

Si la familia atraviesa una situación difícil o de cambio, y es ahí cuando el comportamiento aparece o se incrementa, promueve la comunicación con el niño y, si es necesario, busca ayuda profesional.

Pero, qué pasa con adultos como Suárez, que muerden cuando algo no sale bien (y frente a millones de expectadores, además).

“Una persona adulta que muerde no está utilizando una manera apropiada de expresar sus emociones.  Es una persona con pobre manejo del coraje y la frustración. Necesita manejar lo infantil en él, porque está  actuando como un niño pequeño, aparte de que no es un buen ejemplo para montontes de niños que practican el fútbol y lo están siguiendo”, opina la doctora.

Qué hacer

Si a tu bebé le están creciendo los dientes, ten a la mano siempre algún juguete de plástico que pueda morder. Los que vienen rellenos de agua y pueden colocarse en la nevera les encantan durante esa etapa y serán una distracción cuando sientan el deseo de morder.

Asegúrate de que todas sus necesidades (alimentación, descanso, pañal limpio) estén atendidas antes de compartir con otros pequeños.

Lleva contigo meriendas a los pasadías por si la hora de comer se retrasa por algún motivo.

Tan pronto tenga edad suficiente, enséñalo a expresar sus emociones con palabras en lugar de recurrir a agredir a otros.

Considera que morder puede ser una manera de llmar la atención cuando el niño experimenta un cambio considerable (ej. mudanza, llegada de un hermanito). Dale atención adicional para que se sienta apreciado durante esos momentos.

Cuando tu hijo muerda, busca cambiar su foco de atención con otra actividad, un juguete o un libro.

Identifica el porqué de la mordida. Pregúntale directamente qué provocó el incidente y sugiere otra manera de actuar.