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¿Cómo es la mente del suicida que comete un asesinato en masa?

Andreas Lubitz, copiloto suicida Foto: AFP / Internet

Andreas Lubitz, copiloto suicida Foto: AFP / Internet

Andreas Lubitz, el piloto que estrelló un avión contra los Alpes franceses, tuvo lo que quiso: “ser conocido por algo realmente grande” 

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En los instantes que siguieron a la tragedia de Germanwings, Andreas Lubitz fue descrito como un tripulante atento y animado, un joven que desde chico soñó con volar.

Pero con el correr de los días fue quedando en evidencia que el copiloto de 27 años de edad era un personaje bastante más siniestro: el ejecutor de uno de los suicidios con asesinato masivo más aberrantes de la historia.

Y a juzgar por los estudios de quienes investigan ese tipo de crímenes, esa notoriedad tal vez sea precisamente lo que Lubitz buscaba.

Las acciones atribuidas a Lubitz -que se llevó consigo a 149 víctimas que nada sospechaban- parecen en más de un sentido incomprensibles, y es probable que nunca lleguemos a entender a fondo sus motivaciones. Pero existen estudios hechos durante la última década que comenzaron a armar un rompecabezas con las características que comparten los autores de esos actos de violencia; entre ellas, un narcisismo exacerbado, un fuerte resentimiento y el deseo de ser reconocidos.

Adam Lankford, profesor de justicia penal de la Universidad de Alabama, dice que al estudiar a los asesinos en masa que también se habían quitado la vida descubrió que "en un número significativo de casos, el individuo había mencionado su deseo de fama, gloria o atención como uno de sus motivos".

Dylan Klebold, uno de los responsables, a los 17 años de edad, de la masacre de la escuela secundaria de Columbine, se jactaba de que su objetivo era causar "el mayor número de muertos en la historia de Estados Unidos".

Lufthansa, aerolínea madre de Germanwings, dijo que Lubitz había informado de la severa depresión sufrida en el pasado, y los fiscales revelaron que el copiloto le había mencionado el tema del suicidio a un psicólogo.

Sin embargo, los expertos en salud mental que estudian los casos de suicidio con asesinato en masa dicen que la depresión y las ideas suicidas, que son muy comunes, no alcanzan para explicar hechos tan drásticos como inusuales.

"La gente necesita aferrarse a algo que la ayude a entender lo que pasó. Necesitan un culpable o un chivo expiatorio", dice James L. Knoll, director de psiquiatría forense de la Facultad de Medicina de la Universidad del Estado de Nueva York.

"Pero quedarse con eso -dice Knoll- es un callejón sin salida que no lleva a ninguna parte. Acá estamos frente a algo esencialmente distinto, más allá de la depresión, y es eso lo que hay que analizar".

Los estudios sobre asesinos seriales sugieren que las enfermedades mentales graves sólo son la causa en apenas un 20% de los casos. Mucho más frecuentes son los trastornos de la personalidad: desbordes de ira, paranoia, megalomanía, sed de venganza, narcisismo patológico e insensibilidad.

Rasgos

"La personalidad típica asociada a los asesinos en masa son los rasgos paranoides combinados con un profundo resentimiento", dijo Michael Stone, psiquiatra forense de Nueva York, que hizo un estudio sobre 228 asesinos en masa, muchos de los cuales también se suicidaron. "Quieren morir, pero llevándose con ellos a todos los que puedan, ya sean compañeros de trabajo, jefes, familiares o simplemente alguien que pasaba por ahí".

Stone señala que Lubitz pasó a integrar el ranking de los asesinos en masa más prolíficos, que incluye a Adílson Alves, que en 1961 asesinó a unas 500 personas al incendiar un circo en Brasil, y a Timothy McVeigh, el bombero de Oklahoma que mató a 168 personas y causó heridas a otras 680.

J. Reid Meloy, psicólogo forense y consultor de evaluación de amenazas para universidades y empresas, dice que tal vez el rasgo más notorio de los asesinos en masa es la convicción se haber sido engañados.

"Treinta años de investigaciones dejaron en claro que prácticamente en todos los casos lo que induce a una persona a tomar el camino que conduce al asesinato en masa es una ofensa personal", dice Meloy.

El blanco de esa venganza, dice el experto, puede ser una persona, una empresa, una institución o el gobierno, "pero la ofensa siempre es vivida como algo personal, y por lo general viene aparejada de la pérdida de algo importante o la amenaza de esa pérdida".

En un estudio de 85 suicidios con aeronaves desde 1965 hasta el presente, los psiquiatras Susan Hatters Freidman y Chris Kenedi descubrieron que 18 de esas tragedias fueron suicidios-asesinatos, 15 de ellas, perpetrados por el piloto. El estudio relevó las colisiones de aerolíneas comerciales y de la aviación en general, e incluyó la colisión deliberada de los pilotos de Mozambique Airlines en 2013, y del avión de EgyptAir, de 1999.

El vuelo 370 de Malaysia Airlines no fue uno de los casos estudiados, aunque una de las hipótesis que se barajaron luego de la desaparición del avión, el año pasado, fue justamente el suicidio del piloto.

"No todos ellos tenían un historial de desórdenes mentales", dice Hatters Freidman en referencia a los pilotos. "Los temas recurrentes son el estrés familiar, el estrés laboral, el estrés económico", detalla el especialista.

En varios casos, los pilotos parecieron actuar impulsados por la sed de venganza. Uno de ellos apuntó el avión contra la casa de su ex suegra. Otro, contra las oficinas de su jefe. Y hasta hubo uno que estrelló su avioneta Piper contra un edificio de la IRS, la AFIP norteamericana.