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Las maravillas de Providencia

Cayo Cangrejo/ Foto: Juan Manuel Vargas/ EL TIEMPO– COLOMBIA – GDA

Cayo Cangrejo/ Foto: Juan Manuel Vargas/ EL TIEMPO– COLOMBIA – GDA

Es un paraíso en Colombia para aquellos que han comprendido que el verdadero lujo está en los destinos vírgenes, auténticos, silenciosos y sencillos  

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Diez minutos después de partir desde el muelle de Santa Catalina –pegado del casco urbano de Providencia–, se llega a Cayo Cangrejo, un islote en forma de montaña, un bosque seco sembrado con palmeras altísimas y árboles de mango por donde merodean cangrejos, tortugas y lagartijas. Sin duda, uno de los lugares más bellos e inexplorados de Colombia.

Si Cayo Cangrejo cautiva, el mar que lo rodea quita el aliento: es azul claro, como una piscina, tan cristalino que se ven los pececitos y las estrellas de mar, y la arena parece escarcha. A unos 100 metros, el agua cambia de tonalidad: pasa a ser azul oscuro y más adelante verde esmeralda. Es el famoso mar de los siete colores del archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina.

Nunca hay muchos turistas, pues las visitas son estrictamente controladas, para evitar el deterioro del lugar. No hay servicios turísticos y nadie puede vivir –ni siquiera pasar una noche– en el islote.

A tres minutos, navegando, queda el cayo Los Tres Hermanos (son tres islotes pegados) donde no es posible tocar tierra, pues es el hogar de una colonia de fragatas, impecablemente blancas.

En Providencia se puede disfrutar del snorkel pues tiene la tercera barrera coralina más larga del mundo –33 kilómetros–, después de las de Australia y Belice. Y ostenta otro título mundial: es reserva de la biosfera.

Los tesoros de Providencia no solo están bajo el mar. Recorrer la isla, de 17 kilómetros cuadrados, es una experiencia entretenida e inspiradora. Pero antes de viajar es importante saber que allí no hay resorts cinco estrellas, ni centros comerciales ni discotecas. Es un destino tranquilo, ideal para viajeros que buscan descanso en un lugar que –por fortuna– no ha sido invadido por el turismo masivo. Es un paraíso para aquellos que han comprendido que el verdadero lujo está en los destinos vírgenes, auténticos, silenciosos y sencillos como este.

Hay muchas formas para desplazarse en la isla. Los más deportistas podrán alquilar bicicletas. Pero para estar más cómodos es mejor rentar motos o carritos de golf, que aquí conocen como mulas. Y el hospedaje es en pequeños hoteles o en cabañas de madera, valga decir, muy bien dotadas –con aire acondicionado, buenas camas y televisión–.

En Providencia el turismo comunitario, impulsado por organizaciones como Acdi Voca y Usaid, se está convirtiendo en una herramienta de progreso. Capacitaron pescadores como conductores turísticos y los guías se han organizado en cooperativas que prestan servicios como buceo y senderismo. Los turistas también pueden visitar las casas de los nativos y conocer las huertas orgánicas con las que se busca que garanticen su seguridad alimentaria.

Más información en: www.discoveroldprovidence.com