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Ser youtuber es el nuevo sueño infantil

Adicción a la tecnología | Foto: elvenezolanonews.com

Adicción a la tecnología | Foto: elvenezolanonews.com

Ni futbolistas ni cantantes. Muchos jóvenes quieren seguir los pasos de estas estrellas de internet

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Santiago tiene 9 años. Y su sueño ya no es ser jugador de fútbol, cantante o médico, como ocurría con otras generaciones. Quiere transformarse en un youtuber al estilo del chileno Germán Garmendia, el español el ‘Rubius’ o el colombiano Sebastián Villalobos, nombres desconocidos para muchos adultos, especialmente mayores de 30 años y que no tienen hijos.

Aunque también siente una gran admiración por jugadores como Messi o Neymar, Santiago atesora una galería de ciberídolos en la barra de búsqueda de YouTube: Lucas Castel, Mariano Bondar (ambos de Argentina), FernanFloo (El Salvador). Son todos ídolos jóvenes que entienden sus gustos y que suelen actuar de una forma mucho más accesible que las típicas celebridades de revistas y televisión. “Germán (Garmendia) se tuvo que mudar porque un día entró en su casa y había gente acampando en su sala”, cuenta como una de esas anécdotas incomprobables, pero cómicas, que les suelen ocurrir a los ‘youtubers’.

“El ‘Rubius’ es millonario y hace lo que le gusta. ¿Cómo no voy a querer eso?”, aporta Fabricio, un amigo de Santiago, ante la pregunta: ¿por qué quieres ser un youtuber?

Vital y atractivo

Mientras que en muchos hogares la televisión tradicional empieza a apagarse, se encienden millones de tabletas, teléfonos, smart TV y dispositivos que sintonizan los canales de ‘streaming’ (YouTube, Netflix) para delimitar un nuevo territorio cultural en el que habitan figuras, códigos y lenguajes novedosos.

Los youtubers tomaron esa tierra arrasada del entretenimiento ‘teen’ para convertirla en algo fértil, vital y atractivo a fuerza de videos caseros incomprensibles para muchos adultos y en algunos casos cifrados en un humor poco convencional y, sobre todo, absurdo. “Germán me gusta un poco, pero la verdad es que el ‘Rubius’ me parece un tarado; no hace nada”, dice María, la madre de Santiago. ¿Un tarado?, le pregunto. “Sí, se filma haciendo caritas y diciendo un par de cosas graciosas jugando un videojuego y también edita unos videos de bromas tipo bloopers... es un tarado”, refuerza María. En cambio, en su opinión, el chileno Germán al menos “tiene un carisma distinto”.

El canal HolaSoyGerman posee hoy más de 27 millones de suscriptores y el del ‘Rubius’, más de 18 millones... (¿alguien se anima a transformarlo en rating?).

Esto, solo contando a youtubers de habla hispana, porque en el mundo anglosajón el más seguido es PewDiePie, con más de 44 millones de personas. O sea: en términos de audiencia son indiscutibles. Y donde hay gente, hay negocio.

Por eso nacieron empresas que funcionan como las añejas compañías discográficas, pero dedicadas a los ‘youtubers’. “Por el nivel de empatía que generan sus contenidos con sus audiencias, y la migración en el consumo de entretenimiento de los millennials, nosotros servimos de puente entre las marcas y las empresas, que se acercan buscando propuestas de pauta con los ‘youtubers’ ”, dicen en la empresa FAV! Club Media Network.

Y no es un juego. Este fenómeno trasciende la histeria de cientos de chicos gritando en la puerta de un hotel. En efecto, en los últimos años nacieron compañías que ofrecen la posibilidad de amplificar a los youtubers y conectarlos con sus audiencias, o interactuar con marcas que quieran vincularse con ellos, además de ofrecer herramientas de producción, desarrollo, guion y edición de contenidos. Es decir que la supuesta espontaneidad que suelen esgrimir muchos ‘youtubers’ tampoco es del todo real.

La oportunidad, a un clic

Transformarse en un ‘youtuber’ parece sencillo. Al menos así lo entiende Santiago, mientras abre su canal en la plataforma. Cómo él hay miles de adolescentes y jóvenes que empezaron a hacer sus propios videos. Ahora bien: conseguir suscriptores es el equivalente a probarse en Boca Juniors y que te elijan de titular. No es nada fácil y corren muchos rumores acerca de la manipulación de esas cifras por parte de YouTube, la empresa que, en definitiva, funciona como un monopolio de este mercado de video.

“Creo que la gente empezó a prestarle atención a YouTube cuando se dio cuenta de que todos podían hacer algo. Es la gran magia de YouTube, pues cualquiera puede llegar, ponerse frente a una cámara y empezar a hablar. No necesitas un espacio en la televisión, no necesitas un horario y no tienes límites de lo que puedes o no hacer”, dijo Germán Garmendia a ‘La Nación’.

“Agarrar una cámara, ser tú mismo y hacer lo que te guste. De ahí en más, dejar que fluya. Con trabajo, dedicación y esfuerzo, todo llega y todo es posible. Ser ‘youtuber’ no es una cosa imposible, cualquier persona es capaz”, explica Luana, quien en su popular canal de YouTube aparece como Prima Vikinga. “No todos están buscando una sola manera de hacer las cosas, porque justamente no la hay, y es muy bueno que haya mucha variedad de canales y diferentes estilos; así el público puede elegir cuál o cuáles le gustan más”, explicó acerca de sus inicios. Hoy Prima Vikinga tiene cerca de 400.000 suscriptores que ven sus videos, donde aparecen varias marcas y empresas.

Entre la popularidad, los mitos y los tabúes acerca de cuánto dinero ganan, y su facilidad para llegar a las audiencias, los ‘youtubers’ son sin duda los nuevos ídolos infantiles.

El salto de la web a los libros

Los tentáculos de los ‘youtubers’ también se han aferrado al mercado editorial. A finales de abril, el chileno Germán Garmendia paralizó la Feria del Libro de Bogotá, donde presentó su texto ‘#Chupa el perro’. Miles de jóvenes hicieron largas filas para poder saludar al ciberídolo y, por supuesto, para que les firmara el libro. La gira promocional también tuvo bastante éxito en Argentina y Chile, y en los próximos días se trasladará a México y España.

“Llegué a la página 30 en un solo día... es la primera vez que leo tanto”, confiesa Tomás Villarroel, de 12 años. Su compañero de salón, Félix Calvar, también admite que se acercó a la ‘literatura’ con ‘El libro troll’, del ‘Rubius’. “Lo leí en una noche”, dice con orgullo.