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¿Cómo hablarles a los hijos de una separación?

Las discusiones deben ocurrir en privado y, si es necesario, llevarlas a cabo con la ayuda de un mediador/ El Nuevo Día

Las discusiones deben ocurrir en privado y, si es necesario, llevarlas a cabo con la ayuda de un mediador/ El Nuevo Día

Evita los errorres con los menores y aprende a canalizar las emociones cuando papá y mama ya no pueden seguir juntos

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Cuando una pareja con hijos se separa uno de los tantos retos que enfrenta es cómo explicarle a ellos el nuevo panorama familiar. ¿Por dónde empezar? ¿qué decir? ¿qué callar? son preguntas comúnes de  padres y  madres.

Para abordar la situación lo primero que debes es hacer es describirles, de acuerdo a su edad, madurez y temperamento, lo que ocurrirá y lo que no ocurrirá a raíz de la ruptura, aconseja el psicólogo clínico Carlos Blanco.

Idealmente, ambos padres deben explicarles que de ahora en adelante mamá y papá vivirán separados, pero que esto no implica que dejarán de verlos, compartir con ellos y quererles. Si aún no han  llegado a un acuerdo respecto a cómo se dividirá el tiempo y la responsabilidad de cuido, es muy importante no involucrarles en la discusión. Los adultos son los responsables de evaluar alternativas y llegar a entendidos.

Estas discusiones deben ocurrir en privado y, si es necesario, llevarlas a cabo con la ayuda de un mediador. Hay que mantener a los menores al margen de las  disputas para protegerlos de presiones inncesarias, ansiedad o  culpa por lo que está pasando.

Lamentablemente,  observa el doctor, a veces mamá o papá convierten a sus hijos en su “paño de lágrimas” o buscan resaltar lo negativo de su ex frente a los hijos.  Ambos son  errores muy grandes pues ellos lo menos que necesitan es involucrarse en estos asuntos. Al contrario, a los niños hay que protegerlos y ayudarles  a manejar lo ocurrido de la mejor manera posible. No pueden sentirse mal por seguir queriendo a sus  progenitores, independientemente de los desacuerdos entre ellos. 

Hay que ser muy específico, evitar los rodeos y, en la medida de lo posible, resaltar lo positivo. Por ejemplo, si la vida familiar se ha tornado en una discusión constante, es bueno resaltar que la separación eventualmente disminuirá la tensión familiar. Por supuesto, tiene que haber voluntad para esto ocurra. 

“Podemos decirles que tendrán dos casas donde se les querrá por igual, enfatizando en que ellos no tienen la culpa de nada”, indica Blanco, de Blanco & Blanco Clinic (www.blancoblancoclinic.com).

En los divorcios es muy común que una o ambas partes experimente rencor, culpa, coraje o tristeza profunda. No hay que culparse por sentir esas emociones, pero sí procurar buscar ayuda profesional para encontrar la forma de perdonar y perdonarse. Esta es una responsabilidad personal de cada cual, no solamente por el bienestar propio sino para el beneficio de los hijos, quienes van a necesitar en su mamá y su papá modelos de gente que sabe manejar el dolor sin destruirse o buscar destruir al otro.

En lugar de trabajar para sanar, algunos hombres y mujeres siguen arrastrando el dolor y buscando la venganza para sentirse mejor. Incluso  hay quien utiliza a los hijos para castigar a la otra parte, sin pensar que esto sólo redunda en un mayormalestar. La pena es un círculo vicioso que, si no se rompe, provoca mayores y más graves consecuencias para todos los implicados.

“Tienen que estar fuertes y saber canalizar las emociones  de otra manera. Hacer ejercicio, enfocarse en nuevas metas y buscar ayuda de un profesional de salud mental son formas de aceptar  la situación  y levantar la autoestima que puede afectarse en estos procesos”, destaca Blanco.

Otra cosa importante es ser claro con los hijos respecto al carácter definitivo de la ruptura y no buscar aliviarles artificialmente con la expectativa de que la situación es temporera.

El divorcio es un cambio, y todo cambio es una crisis. Pero aunque hemos aprendido a asociar esta palabra con lo negativo, las crisis no tienen que terminar en calamidad.  Cuando el proceso se maneja apropiadamente, los menores adquieren  resiliencia, flexibilidad, entienden que pueden ser amados y amar a diferentes personas, asumen que hay  diversidad familiar y mantienen alta su autoesmita. 

“Lo más importante es el apoyo de ambos padres”, resalta el doctor.