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10 experiencias imperdibles en Portugal

Azenhas do Mar es una zona de la municipalidad de Sintra / Foto Pixabay

Azenhas do Mar es una zona de la municipalidad de Sintra / Foto Pixabay

Con 9 millones de visitantes al año, este país es uno de los tesoros por descubrir en Europa

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Aldeas históricas. Almeida, Belmonte, Castelo Mendo, Castelo Novo, Castelo Rodrigo, Idanha-a-Velha, Linhares da Beira, Marialva, Monsanto, Piódão, Sortelha y Trancoso son las 12 aldeas históricas situadas en la Beira, región central de Portugal. Estos antiguos núcleos urbanos se encuentran en zonas altas del país, desde donde podrían defenderse. Casi todos están rodeados de murallas y crecieron junto a un castillo. Son pequeños puntos en el mapa luso, pero a ellos se les debe el destino de la nación. Hoy forman parte de un producto turístico único, mediante el cual se puede disfrutar de fantásticos paisajes y una tranquilidad absoluta. Los innumerables caminos entre aldeas se pueden conocer andando, en carro o en bicicleta, y en todos ellos abundan productos como el queso, el vino, el cabrito y los embutidos.

Sintra. Este pequeño rincón del distrito de Lisboa es uno de los más románticos de Portugal, y esconde un diálogo cultural entre el cristianismo y otras creencias. Fue residencia veraniega de los monarcas portugueses y de las clases más nobles, por lo que esconde varios tesoros arquitectónicos, como el Palacio da Pena y la Quinta de Regaleira. Su paisaje cultural está protegido por la Unesco.

Los vinos. Si bien el más conocido internacionalmente es el de Oporto, Portugal cuenta con muchos otros vinos de calidad, que constantemente ganan premios internacionales; por ejemplo, los del Dão, tintos y firmes en su mayoría.

En el Alentejo, los mejores tintos son una mezcla de cepas: tinta roriz del Douro, castelão francés, moreto y trincadeira. Y en Oporto, además del famoso vino que lleva el nombre de la región, se destacan los tintos del Duero, muy finos y elegantes.

Paseo en barco por el Duero. La región vitícola del Alto Duero guarda una riqueza paisajística y cultural inigualable. Considerada Patrimonio de la Humanidad, está habitada por personas apasionadas por su tierra, que saben acoger muy bien a los turistas.

Una de las mejores formas de contemplar la belleza de las laderas del Duero es desde un barco. Lo más habitual es embarcar en Oporto y llegar hasta Régua, la capital regional, desde donde partían los barcos que transportaban el vino hasta Vila Nova de Gaia, donde envejecía. Por el camino está Pinhão, enclave con espectaculares paisajes.

La Baixa lisboeta. Uno de los barrios más característicos de Lisboa es la Baixa, reconstruido después del terremoto de 1755. El resultado fue un conjunto de calles simétricas y fachadas cubiertas con azulejos. La imponente Plaza del Comercio luce ante la desembocadura del Tajo, rodeada de majestuosos edificios. Y desde el elevador de Santa Justa, obra de un discípulo de Gustave Eiffel, se puede contemplar el armonioso trazado. En el vecindario, atravesado por el tranvía, abundan las tiendas de prestigio y algunos de los comercios más antiguos de la ciudad.


Fuerte San Juan Bautista en las Berlengas / Foto www.turismoenportugal.org

Islas Berlengas. Este pequeño archipiélago, reserva natural desde 1981, es uno de los lugares más desconocidos y bonitos de Portugal. Está compuesto por tres grupos de islas (Berlenga, Estelas y Farilhões) y en él se encuentran especies únicas, enmarcadas por el intenso azul turquesa del mar. La única forma de llegar hasta la isla Berlenga, la mayor y la más emblemática, es en barco, desde el puerto de Peniche, que funciona todo el año. En Berlenga se encuentra el fuerte de São João Baptista, convertido en lugar de alojamiento, así como un camping, un restaurante y un bar. En la isla hay electricidad, pero solo durante ciertos periodos del día.

Las playas. Portugal tiene 943 kilómetros de costa continental, 667 en las islas Azores y 250 en el archipiélago de Madeira, todos bañados por el Atlántico. De norte a sur del país es posible hallar playas muy diversas, muchas de ellas salvajes. En el Algarve, la zona más turística, abundan las pequeñas playas de agua tranquila y limpia, como la de Dona Ana, entre acantilados, un buen lugar para el buceo. Una zona maravillosa es la de la Comporta, en el Alentejo, que tiene una costa de 12 kilómetros de arenal blanco y fino. Frente al arenal hay 600 hectáreas de dunas, que surgen como murallas en medio del paisaje. Y la isla de Porto Santo, en Madeira, cuenta con 9 kilómetros de playas amarillas, conocidas desde hace varios siglos por sus propiedades terapéuticas.

Arte urbano y contemporáneo. Dos artistas portugueses gozan del respeto internacional. Alexandre Farto (Vhils) comenzó pintando grafitis a los 13 años y se hizo famoso por sus grandes retratos. No los pinta, sino que traza una silueta y luego vacía la pared con un cincel. Hoy, a los 28, es un referente del arte urbano y sus obras pueden verse en varias fachadas de su país. La otra es Joana Vasconcelos, que juega con los efectos que produce la distancia de observación y que usa materiales como cazuelas, tampones, plumas y pelucas. Sus obras están en varios museos de Portugal.

Un espectáculo de fado. La más tradicional música portuguesa está muy presente en Lisboa, donde es posible acudir a agradables espectáculos mientras se disfruta de una buena cena. Con Amalia Rodrígues el fado viajó por el mundo y ahora lo hace de la mano de fadistas como Carlos do Carmo, Mariza, Camané o Carminho. La Tasca do Chico, en el conocido Bairro Alto, es paso obligatorio del circuito de los fadistas lisboetas, ya sean los más consagrados o los principiantes.

Islas Azores. Las nueve islas que forman el apartado archipiélago de Azores, todas habitadas, ofrecen paz y una increíble belleza natural. Entre los paisajes más espectaculares se encuentra el de las dos lagunas de Sete Cidades (la Azul y la Verde), en San Miguel. Una experiencia singular es comer cocido en Las Furnas, también en San Miguel, pues las ollas se introducen todas las mañanas en las fumarolas volcánicas que abundan en la zona y se retiran cinco o seis horas después, con su contenido listo para ser llevado a la mesa. En todas las islas hay un contacto directo con la naturaleza y fantásticas propuestas para recorrerlas, como los senderos de la isla de San Jorge o el ascenso a la montaña de Pico.