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En el estadio Castelao de Fortaleza hubo un llanto lleno de orgullo

La afición neogranadina acompañó a su selección hasta el final | AP

La afición neogranadina acompañó a su selección hasta el final | AP

Los aficionados colombianos despidieron a los jugadores de la selección con aplausos tras la derrota contra Brasil. La escuadra cafetera jugó el mejor Mundial de su historia

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FORTALEZA

Margarita María, de camiseta roja, esbelta y cabello largo, lloraba en los hombros de Manuel Francisco, su esposo, que llevaba la amarilla y tenía sombrero vueltiao, en la cafetería del segundo piso de la tribuna principal del Castelão de Fortaleza, repleta de brasileños que celebraban la victoria 2-1 sobre Colombia y el paso a la semifinal de Mundial Brasil 2014.

Una pareja brasileña, más o menos de la misma edad, unos 35 años de edad, se acercó a consolar a la adolorida dama, mientras los otros jubilosos anfitriones miraban de reojos y seguían su camino en busca de una cerveza o una bebida refrescante para llevarse el paso conmemorativo del partido de cuartos de final.

“Es un juego -dijo Lucía, la rubia brasileña completamente de amarillo y con una balaca sobre su cabeza, a Manuel Francisco-. Se gana o se pierde”.

“Eso lo sabemos -respondió Manuel Francisco, sonriendo y sin dejar de sobar la cabeza de su esposa-. Ella no llora por la derrota.

-¿Y por qué? -preguntó Lucía, con una cara de intrigada, mirando a Manuel Francisco y, enseguida a su pareja.

-Ella llora de felicidad, llora por todo lo que dio la selección, por todo su estupendo mundial, como jamás había ocurrido en el país, contestó el colombiano.

-¡Ah! Entiendo -replicó la brasileña-. Jugaron muy bien durante todo el mundial y tienen un gran jugador como ese James.

La pareja anfitriona se ubicó en la fila en busca de refrescos y vasos, mientras la mujer colombiana, enterrada de cabeza en el hombro de su esposo, continuó llorando.

Llanto en las gradas. En las gradas del Castelão también hubo llanto al final. Las cámaras internas de televisión mostraron en las dos pantallas gigantes a los brasileños llorando por el triunfo y a los colombianos, tal vez por la derrota o, como Margarita María, como emoción por la campaña que ubica al equipo de José Pékerman como uno de los ocho mejores del mundo, perdiendo solo contra el favorito.

Los brasileños, que en parte enseñaron a jugar a los colombianos desde El Dorado de 1949, despidieron a la Tricolor con honores y un aplauso cuando los visitantes abandonaban la cancha, en cabeza del veterano defensor central y capitán Mario Alberto Yepes. Cuando el equipo salió a calentar recibió, tal vez, abucheo más grande de su historia en el partido más importante de su historia.

“Lloré por la derrota y por toda la alegría que nos dio este grupo. Nadie podrá decirme que no estuve en este Mundial de fantasía para nuestra nación”, manifestó Federico, también de rojo, en uno de los corredores del Castelao, en busca de la puerta de salida. “Me regreso a Bogotá el lunes, pero ni la derrota me pone triste”.

“Yo río, estoy alegre por el Mundial que hicimos y me voy feliz por los triunfos de los muchachos en los cuatro partidos y la respuesta que tuvo en este, especialmente en el segundo tiempo”, aseguró Martín, que caminaba sonriente por el mismo corredor, y quien reconoció que antes del pitazo inicial temió por un revés abultado.

'¡Gracias, muchachos!'. En la Castelão, detrás del marco en que James Rodríguez anotó el descuento, se quedó un centenar de aficionados, predominando la camiseta roja, que 45 minutos después del pitazo final gritaba su nacionalidad, en medios de coros, parte en español y parte en portugués. Se destacaban una bandera tricolor con el nombre Cúcuta, en la parte central, y una pancarta de menor tamaño, hecha a mano en un cartón, que decía '¡Gracias, muchachos!'.

Satisfacción a pesar de la derrota

Los familiares de los integrantes de la Selección aplaudían cada vez que uno de ellos llegaba y se abrazaban de felicidad, una hora y 35 minutos más tarde. Faryd Mondragón fue el primero en llegar. Un poco más de la mitad vestía de rojo, y el resto de amarillo. Desde afuera se escuchaba la música samba del festejo brasileño, proveniente del sector en que se construye un complejo deportivo para los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro 2016, donde una gigante bandera de Brasil ondeaba entre dos grúas a unos 30 metros de altura, a poca distancia de una zona verde en que otra bandera de similar tamaño permanecía en el suelo y los 'torcedores', con marcadores, dejaban un mensaje y su firma. A lo lejos, los rostros de los familiares también reflejaban satisfacción a pesar de la eliminación.