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Así era el esquema montado por Kirchner para lavar dinero

Néstor Kirchner y su esposa Cristina Fernández en una imagen del 22 de julio del 2005/ Foto: AFP

Néstor Kirchner y su esposa Cristina Fernández en una imagen del 22 de julio del 2005/ Foto: AFP

Hablan de la obra pública como un gran instrumento del kirchnerismo para hacerse de dinero del Estado.

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Leonardo Fariña , el nuevo "arrepentido", declaró ante la justicia que durante el gobierno de Néstor Kirchner funcionó un sistema de asignación de obras públicas a empresarios amigos destinado a "hacer caja".

Fariña trabajaba entonces para Lázaro Báez (empresario amigo de Kirchner que fue detenido la semana pasada). Estos empresarios amigos, entre quienes estaba su jefe, facturaban sus obras con sobreprecios y acumulaban así fondos líquidos, dijo ayer Fariña en la causa por lavado de dinero, en la que está procesado. Al final del camino, buena parte de esos fondos mal habidos la "devolvían" y se destinaba a hacer proselitismo, afirmó.

Preso desde hace más de dos años, Fariña declaró el viernes ante el juez federal Sebastián Casanello y el fiscal Guillermo Marijuan. En su larguísima indagatoria les dijo que esta vez sí contaría lo que sabía y les pidió protección. "La Nación" reconstruyó la declaración con dos fuentes que tuvieron acceso a ella.

El relato estuvo lleno de detalles en lo que respecta a las supuestas maniobras de fuga de capitales de parte de Báez. Identificó cuentas, cuevas y operadores. Pero, además, Fariña habló de la obra pública como un gran instrumento del kirchnerismo para hacerse de dinero del Estado. Según él, todo lo montó Néstor Kirchner; Cristina Fernández de Kirchner estaba al margen.

En cuanto al dinero que pasaba por Báez y sus empresas, dijo Fariña, la ex presidenta solo se enteró después de la muerte de su marido de que Báez fugaba fondos al exterior.

Fariña declaró que Cristina mandó a llamar a Báez y le advirtió que supo por la embajada de Estados Unidos que él estaba haciendo transferencias internacionales de dinero negro. Siempre según su declaración, Báez lo negó ante ella, pero después le dijo a Fariña que debían tener más cuidado en sus operaciones.

Fariña insistió en que la relación de su jefe era con Néstor Kirchner, que era a él, a su "amigo", a quien Báez reconocía deberle su fortuna.

De acuerdo con el relato de Fariña, después de la muerte de Néstor, Cristina le sacó obras que el empresario tenía acordadas. La situación llegó a un punto de máxima tensión el día que ella citó a Báez a la quinta de Olivos y le informó que le iba a quitar la ruta atlántica. Todo esto Fariña dijo saberlo por lo que Báez le contaba a él. Fariña admitió que no presenció conversaciones. No obstante, identificó a funcionarios del kirchnerismo que, según él, habrían sido parte de esta maniobra para hacer caja.

Entre ellos, el ex ministro de Planificación Federal Julio De Vido; autoridades de la Sindicatura General de la Nación (Sigen), organismo de control donde se desempeñaba la mujer de De Vido, Alessandra Minnicelli; la AFIP, y el Banco Nación.

En este punto Fariña sí dio cuenta de una supuesta participación personal y directa: dijo que él se reunió con Juan Carlos Fábrega, entonces presidente del Banco Nación, por el fideicomiso que favoreció a Austral Construcciones. La intervención de Fariña en ese fideicomiso está acreditada con documentos que ya estaban en el expediente.

Fue luego de todas estas afirmaciones de Fariña que Marijuan amplió la lista de imputados en la causa. Cristina Fernández, De Vido y Fábrega fueron algunos de los ex funcionarios a quienes el fiscal (que es quien fija el objeto de la causa) pidió que se investigara.

Fariña también mencionó presuntos acuerdos para que Báez se quedara con dos grandes obras: las represas Kirchner y Cepernic. Buena parte de lo que dijo Fariña ya estaba siendo investigada por otros jueces federales, como estas represas y el fideicomiso en el Banco Nación. Hay abierto, incluso, un expediente en el que está denunciado que el kirchnerismo asignaba obras públicas a empresarios amigos para sustraer fondos del Estado. Es la causa que inició Elisa Carrió y tiene el juez Julián Ercolini.

Báez, en la mira

La indagatoria de Fariña puede dividirse en dos grandes capítulos. Su exposición sobre la obra pública como vehículo para generar fondos líquidos en negro -con el dibujo de mayores costos y facturas falsas- y su declaración sobre Báez y la fuga de capitales.

En este último, Fariña señaló empresas, dio nombres y aportó mucha información. Identificó al hombre que, según él, cambiaba los millones de pesos de las facturas falsas por euros y detalló con qué financieras de la City operaban. Habló, además, de nexos en el extranjero, que la justicia está rastreando en paralelo con las medidas ordenadas ayer en distintos puntos del país.

Si bien Fariña nombró a mucha gente, casi toda su declaración apuntó contra Báez. Fariña aspiraba a declarar contra su antiguo jefe y ganarse así los favores que la ley prevé para los arrepentidos. Creía incluso que podría salir de prisión. Nada de eso va a pasar; al menos, nada por ahora. No sólo porque hoy no están corroborados sus dichos, sino también porque Fariña está preso en otra causa, la que se tramita en La Plata, en su contra, por evasión.