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La escasez enfrió la Navidad en Venezuela

Consumidores insisten en que las colas y las fallas han aumentado | Foto Omar Véliz

Cola para entrar a comprar en el Abasto Bicentenario | Foto Archivo Omar Véliz

Tradiciones como la cena navideña, la compra de ropa nueva para el 24 y 31 de diciembre, los regalos del "niño Jesús" y más en algunos hogares no llegaron este 2015

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Desde hace por lo menos 25 años los niños del Centro Educativo de la Asociación de Profesores de la UCV, en Caracas, disfrutaban un día de sus últimas clases del mes de diciembre preparando junto a padres y maestros las famosas hallacas, el complicado y delicioso plato típico que se degusta en Venezuela en esta época del año.

Pero ahora no fue posible. El meteórico subidón de los precios de los ingredientes –además de que no se consiguen– retiró del calendario la famosa tradición que se conformó con solo decorar unas galletas con motivos navideños.

Así como en ese colegio, la mayoría de las familias venezolanas vio cómo este año tuvo que limitar y hasta prescindir de costumbres típicas de esta época como pintar las casas, renovar los adornos navideños o que los niños estrenaran ropa el día de la comida de Nochebuena.

Una cena que para muchos también se convirtió en un quebradero de cabeza en vista de que los precios de algunos ingredientes se han multiplicado hasta por diez.

Ya era difícil comprar en diciembre del 2014 la famosa pata o paleta de pernil a 450 bolívares el kilo, pero este año, apenas si se consiguió al precio regulado por el Gobierno de 585 bolívares el kilo (unos 2,5 dólares al tipo de cambio oficial más alto) mientras que en la red de mercados privados no bajaba de 1.000 y hasta 1.500 bolívares (US$ 7,5).

De un año a otro hacer una hallaca pasó de costar cerca de 60 bolívares a unos 300; y un pan de jamón –otro clásico relleno con jamón ahumado, pasas y aceitunas– en un año saltó de 500 a 2.500 bolívares (12 dólares). 

Mientras algunas familias capean la situación disminuyendo las cantidades que consumen, otras simplemente debieron prescindir de algunas cosas.

Marielis Sánchez, por ejemplo, de la zona de Petare, no hizo hallacas ni pernil para su familia, que en Nochebuena comió pollo relleno y una ensalada de gallina, otro ícono de la culinaria navideña.

Pero lo que más le duele es que sus cuatro niños no tuvieron su ‘estreno’ de diciembre, la ropa nueva que los padres tanto se esfuerzan en comprar a sus hijos para esas noches del 24 y del Año Nuevo.

"Los bonos que me dieron por diciembre me alcanzaron para comprarle una camisa a cada uno, menos mal que la grande ya se compra sus cositas. No pude comprarles zapatos ni pantalones", aseguró Sánchez.

Un "estreno" completo, incluyendo zapatos para un niño en cualquier mercado popular –ni hablar de un centro comercial–, cuesta por lo menos 30.000 bolívares, el equivalente a 3,3 sueldos mínimos, y la gente prefiere gastar lo poco que tiene en los juguetes para los pequeños.

Así, podía verse gente comprando incluso juguetes usados a vendedores informales en plena avenida Baralt, en Caracas, apenas a unas cuadras del palacio presidencial de Miraflores.

De aquella Venezuela opulenta y animosa en los diciembres se pasó a una acongojada, incluso en las calles, donde naturalmente se proyecta la estrechez económica que ha hecho estragos en cada casa.

En los barrios y avenidas, donde solían verse los balcones de casas y edificios iluminados en una especie de celebración desordenada, hoy apenas se divisan tímidos destellos. 

“Esta vez nadie puso luces en la cuadra”, dice Lourdes. “Apenas dos balconcitos por allá (señala a lo lejos). Estas navidades son tristes, muchos tienen su familia lejos, otros ni pueden celebrar como antes. Esperemos que el próximo año nos trate mejor”.