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Ocho errores que cometes por estar siempre ocupada

El trabajo, la casa y otras responsabilidades pueden hacer de tu vida un lío si no aprendes a controlarlas / Foto: Shutterstock

El trabajo, la casa y otras responsabilidades pueden hacer de tu vida un lío si no aprendes a controlarlas / Foto: Shutterstock

Además de que puede afectar tu salud, puede hacer que te pierdas de momentos importantes 

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A veces queremos tener todo nuestro día planeado y pretendemos que las cosas salgan exactamente como deseamos. Para lograrlo, no dudamos en tomar el toro por los cuernos y hacer nosotras mismas el trabajo, aunque eso implique estar ocupada durante horas.

Vivir en constante movimiento no es solo algo que ocurre en la oficina. Incluso los fines de semana corremos de un lado a otro tratando de cumplir con todas las tareas que no terminamos el resto de la semana.

Ese trajín puede terminar siendo dañino para tu salud, alterar la forma cómo vives y afectar la relación con los que te rodean. Estas son ocho cosas que pueden ocurrir si no le bajas la velocidad a tu vida.

1. Se te escapan oportunidades

Vivir siempre ajetreada y pendiente de las cosas que tienes que hacer puede ocasionar que pases por alto otras. Y no hablamos solo de oportunidades laborales sino de reuniones con amigos, almuerzos familiares o momentos que puedes compartir con tus seres queridos pero dejas pasar por “tener mucho que hacer”.

2. No estás realmente presente

Sabes la importancia de estar con tu familia, sin embargo, para que valga de verdad el esfuerzo, tienes que estar enfocada en lo que te rodea. No sirve de nada estar físicamente ahí pero con la mente puesta en las cosas que tienes que terminar, las tareas el día siguiente y la agenda de la semana que aún no termina.

3. Tus prioridades cambian

Por pensar en tus labores y las tareas que deben realizarse sí o sí, terminas por cambiar la perspectiva de las cosas. No solo organizas mal tus prioridades en el trabajo por el ajetreo sino que olvidas lo que es realmente importante: pasar tiempo con los que te rodean y disfrutar de la vida.

4. Tu productividad disminuye

En el afán de hacer todo lo más rápido posible para seguir avanzando, terminas por cometer errores que no haces cuando trabajas con calma. A veces para ser más eficiente, hace falta concentrarse en una cosa para que quede perfecta en lugar de intentar culminar con todo al mismo tiempo y pasar por alto algunos detalles.

5. Te olvidas de ti misma

Estar ocupada constantemente no solo te quita tiempo para pasar con tu familia y amigos sino también tiempo personal. Para ser realmente eficiente debes sentirte contenta y relajada contigo misma y eso solo se logra dedicándote algunas horas. Mira una película, lee ese libro que dejaste de lado, haz ejercicio o busca otra alternativas para engreírte.

6. Dejas de pensar

Buscas resultados inmediatos y, para eso, actúas según las circunstancias. A veces el apuro te puede llevar a tomar decisiones equivocadas que podrían haberse evitado si te hubieras detenido unos segundos a darle vueltas al asunto. Ver los mismos temas todo el día te “bloquea” de alguna manera, por lo que es bueno darse un descanso a veces.

7. No pones bien los límites

El trabajo es el trabajo y tu casa es tu casa. Combinar los dos aspectos podría ser negativo por lo que debes aprender a delimitarlos bien. Si vas a compartir con tus hijos o pareja, desconéctate del trabajo dejando lejos el celular para no responder correos y archivando en tu mente los problemas laborales para retomarlos al otro día.

8. Tu salud puede desmejorar

La constante presión y el ajetreo interminable pueden causar estragos en tu estilo de vida y tu salud. El estrés llegará rápidamente con todos su síntomas como dolor de cabeza, tus músculos estarán más tensos, no podrás dormir bien o aparecerán enfermedades en la piel en los casos más extremos.