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Un ejército milenario que aún asombra

Lo más sorprendente es que ninguno se parece a otro / Foto Pixabay

Lo más sorprendente es que ninguno se parece a otro / Foto Pixabay

En la ciudad de Xian, en China, este ejército de 8.000 soldados fue construido hace más de dos mil años para custodiar el mausoleo del emperador Qin Shi Huang

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En China todo tiene miles de años o está recién hecho, entendiendo esto como construido en los últimos 37 años, cuando el país inició su apertura al mundo. Especialmente en lo económico, luego de la era de Mao, líder máximo desde 1949 hasta su muerte, en 1976.

La modernización de China ha traído nuevos atractivos al país, en un derroche de arquitectura, diseño y tecnología. Sin embargo, gran parte de su reconocimiento está basado en su legendaria cultura y magníficos tesoros antiguos como los guerreros de terracota.

De ellos tiene referencia el mundo, porque una pequeña muestra itinerante ha viajado por varios países, para dar una idea de lo grandioso que es este Patrimonio de la Humanidad.

Pero esta exposición resulta mínima frente a la realidad: los guerreros de terracota son miles y constituyen el ejército imperial que custodia el mausoleo del emperador Qin Shi Huang, uno de los más recordados en China no sólo por todo lo que logró, sino por todo lo que hizo para lograrlo. Y eso incluye mucha crueldad.

Descubierto por casualidad en 1974 por un campesino, Yang Zhifa, que junto con sus hermanos y otros habitantes de la región cavaban un pozo para encontrar un poco de agua que diera algo de tregua a la larga sequía que venían sufriendo. Lo que tocaron sus palas fueron unas piezas de barro cocido y unas puntas de flechas de bronce, que Zhifa vendió en una tienda. Éstas resultaron ser la puerta de entrada a un maravilloso mundo que aún no se conoce en su totalidad.

Zhifa todavía vive y de vez en cuando aparece por el que ahora es un centro de peregrinación de turistas que van a conocer esta maravilla. Obtener su autógrafo, su foto o uno de sus relatos implica desembolsar algunos yuanes.

A las afueras de Xian, capital de la provincia de Shaanxi, de este entierro funerario se pueden ver algunos de los 8.000 soldados y caballos que hay enterrados.

Al verlos no se sabe qué sorprende más: calcular la magnitud de este mausoleo, imaginar la diversidad de figuras que allí se encuentran enterradas o tratar de entender la idea de inmortalidad o vida en el más allá para haber construido algo así.

Ningún rostro repetido. Este complejo funerario está divido en tres fosas. La número uno impresiona: ahí están enfilados decenas de guerreros y algunos caballos de tamaño natural. Sus rostros muestran fiereza; sus cuerpos, fuerza, y sus trajes, jerarquía.

Pero lo más sorprendente es que ninguno se parece a otro. Aunque hicieron moldes para las distintas partes del cuerpo (brazos, piernas, torso, manos) no hay un rostro idéntico al otro y de eso se encargan no solamente la expresión en sí, sino los detalles: diferentes tipos de bigotes, de barbas, de peinados. Éstos son los soldados de la infantería, muchos debían estar armados con ballestas y arcos por la posición de sus manos.

En la fosa número dos están los arqueros, arrodillados; lanceros y soldados de caballería. Y en la fosa tres, más pequeña, está el cuartel del comandante en jefe, junto con 86 soldados, la gran mayoría oficiales. No todo está a la vista, solo las decenas de figuras que han sido restauradas, porque lo que hay debajo de la tierra son cantidades de piezas rotas. Solamente una figura se encontró en perfecto estado y se exhibe allí mismo.

Las fosas son unos galpones protegidos de la luz del sol, que deteriora la pintura que alguna vez tuvieron los soldados; ahora están al desnudo mostrando el barro con el que fueron hechos.

Por eso la exploración de lo que hay se hace con sondas con cámaras. Y la gran tumba no ha sido explorada, está en un montículo un poco más allá al que ningún arqueólogo, historiador o cualquier otra persona han entrando. Parece que por respeto a la figura de Qin Shi Huang, de la dinastía Qin, que significa primer soberano emperador, porque "se creyó un hombre con virtud y méritos superiores a todos los monarcas anteriores", según el libro Terracotas Qin.

Este joven mandó a construir el mausoleo, que se extiende a lo largo de 56 kilómetros, el mismo día que asumió el trono, a los 22 años (aunque lo heredó de su padre a los 13).

Gobernó en los años 200 antes de Cristo y se le atribuyen grandes logros: unificó siete reinos en 11 años, utilizó las leyes para resolver asuntos de Estado, unificó la escritura, la moneda y las unidades de peso, volumen y longitud.

En su reinado, la agricultura, la artesanía, la producción de objetos de bronce y los tejidos de seda llegaron a un nivel muy alto. Y para proteger este gran imperio levantó la Gran Muralla; al fin y al cabo hizo muchos enemigos en sus 49 años de vida.

Pese al esplendor, también fue cruel en ese proceso de unificación, con leyes muy drásticas y durante la construcción de la muralla y su mausoleo.

Más para ver en Xian. Aunque la mayoría de los turistas llega a Xian para ver a los guerreros, la ciudad tiene sus propios méritos para ser visitada. Para empezar fue la capital de 12 dinastías durante más de mil años.

Durante la dinastía Ming fue construida una muralla alrededor de la ciudad, de 14 kilómetros de largo y 12 de alto, con varias torres de defensa y vigilancia. Es una delicia recorrerla en una bicicleta que se pude alquilar allí mismo. Darle toda la vuelta dura un poco más de una hora, pero se puede hacer el tramo que se quiera, porque hay distintos puntos para dejar la bicicleta.

Esta dinastía también levantó la Torre de la Campana, hecha en madera, con una altura de 36 metros, que está en el centro de la ciudad. Por su iluminación, en la noche se convierte en un faro que todos ven.

La Torre de la Campana es un punto de referencia de la ciudad de Xian, capital de la provincia de Shaanx.

Otro lugar para visitar: la pagoda del ganso salvaje, de siete pisos, y el templo de la benevolencia, para tener una visión de la espiritualidad china. A este lugar llega la gente, prende su incienso y se pone a orar en la tradición budista.

Para llegar a Xian desde la capital china se puede tomar un vuelo doméstico de China Airlines, que dura poco más de una hora. Otra opción para unir los 1.144 kilómetros es en tren, que demora poco menos de cinco horas.

Para desplazarse a Xian es mejor tomar un tour, que puede conseguir en el hotel.