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Cuando dormir bien se convierte en pesadilla

La falta de sueño también se ha relacionado con la hipertensión, enfermedades cardiovasculares, depresión y ansiedad |Foto: El Nuevo Día |Puerto Rico

La falta de sueño también se ha relacionado con la hipertensión, enfermedades cardiovasculares, depresión y ansiedad |Foto: El Nuevo Día |Puerto Rico

El insomnio ha sido vinculado a la depresión, alta presión, obesidad y diabetes

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Ya sea por el estilo de vida, horarios de trabajo, enfermedades crónicas o, simplemente, por malos hábitos, el buen dormir se ha convertido en un sueño inalcanzable para muchos. En los últimos 50 años las personas han reducido el promedio de horas de sueño en más de 20%, según han demostrado varias investigaciones científicas.

Una situación, según se ha comprobado, que tiene unas consecuencias directas a la salud, señalan los profesionales.

De hecho, algunos estudios han encontrado que la falta de sueño en jóvenes y adultos saludables disminuye su habilidad para regular los niveles de azúcar en la sangre e incrementa el riesgo de padecer diabetes tipo 2.

Pero no es el único trastorno que provoca el insomnio. Por ejemplo, se ha establecido una conexión entre el insomnio y la obesidad, lo que podría explicar por qué ese problema suele ser tan frecuente en personas obesas.

La falta de sueño también se ha relacionado con la hipertensión, enfermedades cardiovasculares, depresión y ansiedad.

Por si fuera poco, el año pasado investigadores de la Universidad de Michigan descubrieron que, entre más alteraciones distintas de sueño sufra una persona, más probabilidades hay de que tenga pensamientos suicidas o que se incline a planificar un intento de suicidio. 

Le restan importancia

Pero uno de los problemas es que, muchas veces, las personas subestiman la importancia de tener un sueño reparador.

De hecho, la persona que padece insomnio durante la noche puede sentir sus efectos durante el día. Desde cansancio diurno, pobre rendimiento en el trabajo o accidentes de tráfico, hasta malhumor, disminución de las capacidades de concentración y de memoria, así como mayor tendencia a desórdenes de tipo nervioso. 

Se calcula que 95% de los casos de insomnio en personas adultas es causado por alteraciones o trastornos psicológicos y el restante 5% por problemas orgánicos (por enfermedades que causan dolor, mareos, tos, obstrucción nasal, problemas articulares o músculo-esqueletales) que privan a una persona de un sueño normal. 

El comienzo para sanar

La clave para combatir el insomnio recae en conocer las causas de éste y hacer cambios en los hábitos a la hora de dormir. 

En ese sentido, los expertos también enfatizan que la primera línea de tratamiento debe ir dirigida a modificar hábitos y estilos de vida. 

Es  importante hacer ejercicios y llevar una dieta balanceada. Además, utilizar técnicas de meditación y respiración profunda. También hay remedios homeopáticos y botánicos para ayudar a alcanzar el sueño. No obstante, siempre es muy importante que se haga una evaluación médica  para descartar enfermedades y decidir qué tipo de tratamiento se debe seguir.