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¿Cómo se le dice a un hijo pequeño que su mamá está muerta?

Hombre comparte detalles del proceso de duelo por el que él y su hijo atravesaron

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“¿Cómo se le dice a un hijo pequeño que su mamá está muerta?”, se preguntaba en una columna escrita al The Guardian, principios de 2013, Benjamin Brooks-Dutton. Apenas unos meses antes, exactamente el 10 de noviembre de 2012, un Mercedes que iba a una velocidad sorprendente por Londres, estuvo a punto de atropellar a toda su familia, pero una rápida respuesta de su parte, logró salvarle la vida a él y a su hijo Jackson, entonces, de dos años. Sin embargo, no tuvo la misma suerte con su esposa, Desreen Brooks.

Ella tenía 33 años, y habían pasado, según recuerda Benjamin, un día perfecto. Los medios que informaron de la tragedia registraron las palabras del ahora viudo hombre: “Habíamos estado en un café, riéndonos y haciendo chistes porque Jackson trataba de pintar su taza y sus cosas (…) Ella se inclinó para decirle que durante todo el día, él había sido un buen niño y que estaba muy orgullosa de él. Esas fueron las últimas palabras que dijo. Lo siguiente fue el auto viniendo hacia nosotros y yo empujando a Jackson lejos del camino. Fue todo muy borroso, pasó muy rápidamente”.

Los recuerdos de Benjamin se trasladaron inmediatamente a la ambulancia y a su pérdida. Según dijo, Desreen –con quien llevaba un año de casado- era la persona más amorosa que se pudiera conocer”.

“Me han llamado ‘héroe’ por haber salvado a mi hijo. Pero creo que jamás me sentiré afortunado o valiente, porque el auto que esquivamos atropelló a la mujer que había amado por ocho años (…) mató a una esposa, una hija, una hermana, una amiga atesorada por muchos. Pero quizás, lo peor de todo es que mató a la hermosa y dedicada madre de un pequeño niño. Y, ¿cómo enfrentar con él la muerte prematura de una mamá?”, se preguntaba.

Desprovisto de respuestas, comenzó un blog, “Life As A Widower” (la vida como viudo), como una forma de buscar respaldo y a la vez, ayudar a otros que estuvieran pasando por lo mismo. Tampoco quería olvidarse del dolor, ha explicado. Quería recordar el proceso para cuando Jackson comenzara a hacerle las preguntas más dolorosas.

Benjamin recuerda lo que vio semanas después de la muerte de Desreen: “La cosa más dolorosa que sentí, estando desconsolado, no fue por mí, sino que por mi esposa. Para ese entonces, mi hijo nunca había preguntado por Desreen estando yo presente. Sentí que estaba siendo desleal con ella, como si todo el tiempo y amor que ella había invertido en él, hubiera desaparecido en un instante. Claro, él se paró una vez en la puerta de entrada y gritó su nombre, creyendo que ella venía, pero no había preguntado aún ‘¿dónde está mamá?’".

Finalmente lo hizo en un mal momento para Benjamin; frente a otros hombres que vieron a Jackson desconsolado preguntando dónde estaba su mamá, una y otra vez. “(Parecía como si) se lo había estado guardando y ahora lo estaba botando todo. Y los hombres presentes hicieron al mismo tiempo esa cosa de tensar los hombros, creyendo que así no estarás más en ese lugar. (Pero) el peso de mis hombros se disipó y fue trasladado al de los otros hombres directamente. Significaba que al fin podía decirle (a Jackson) la verdad de lo que había pasado (…) Lo malo en el duelo de los niños pequeños es que les puedes decir lo que pasó un día, pero al siguiente, lo pueden olvidar”.

Después de la pena, vendría la rabia. Un día de fin de semana, caminando con Jackson y unos amigos, Benjamin vio a su hijo concentrado mirando a una mujer de raza negra en un paradero, y que, aunque no se pareciera a Desreen, bien podría traerle recuerdos por el color de su piel. Jackson se puso malhumorado, no quiso caminar más y pidió que lo dejaran solo, algo que a su edad, era imposible darle en el gusto. No pasaría mucho rato para que comenzara a patear la persiana metálica de una tienda.

“Casi le dije que dejara de hacerlo y estuve a punto de sacarlo de ahí, pero luego pensé en cómo me sentiría si alguien me dijera que no puedo expresar mi dolor. Así que lo dejé (…) para que liberara su frustración, sabiendo yo que él es demasiado chico como para dañar la tienda o a él mismo; le di un abrazo y fuimos a comprar su primer croissant. Por el resto del día, no estuvo con su humor habitual, pero al menos fue capaz de mostrarme cómo se sentía, más allá de que no pudiera decirlo con palabras”.

Pero la ira se convierte en afecto, aseguró Benjamin, relatando un día en el que Jackson tomó una fotografía en la que salía él y su esposa, y que llenó de besos para ella, al tiempo que decía “¡pobre papá!”.

“Entonces, dos cosas pasaron que hincharon mi corazón  de amor por mi hijo. Mientras apagábamos las luces y nos íbamos del living para acortarnos, él dijo ‘noche, noche, mami’ [sic]. Él sabía que ella no estaba en la habitación pero que sí estaba su recuerdo. Luego fuimos a la cama y empezó a cantar las pocas palabras que se sabe de la canción de Alicia Keys, ‘No one’ –la canción que pusieron en el funeral de mi esposa, mientras entraba su cuerpo a la iglesia-”.

“Ella nunca tuvo la oportunidad de decirle ‘buenas noches’ a mi hijo, esa fría noche de noviembre, pero eso no nos detiene. Besamos su fotografía, cantamos su canción y le decimos que la amamos antes de quedarnos dormidos; aunque a uno de los dos le resulte más fácil que al otro”.

Con una nominación para la premiación a los mejores blogs del Reino Unido, más de tres mil seguidores en Twitter y seis mil en Facebook, Benjamin recibió la oferta de escribir un libro sobre su experiencia. Su publicación comenzará a ser vendida bajo el nombre de “It's not raining, daddy, it's happy”, en mayo próximo y ya está entre los ranking de los más pedidos (a través de preventas) en las listas de Amazon de su país.