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Qué dice la ciencia sobre el uso medicinal de la marihuana

Los cannabinoides bloquean los impulsos dolorosos | Foto: EFE

Los cannabinoides bloquean los impulsos dolorosos | Foto: EFE

Aunque no es la panacea, la administración controlada tiene algunos beneficios probados

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Antes de que el Convenio de Ginebra la aislara al cajón de las sustancias ilegales junto al opio, la heroína, la morfina y la cocaína, la marihuana o cáñamo, como también se la conoce, llevaba milenios siendo utilizada con fines medicinales por los chinos.

Ellos se encargaron de difundirla por la India y el sureste asiático, desde donde saltó, calladamente, a Roma y luego al resto de Europa durante la Edad Media.

A partir de entonces, el conocimiento sobre sus propiedades empezó a desvanecerse en el norte del Viejo Continente, hasta que el cirujano irlandés William O’Shaughnessy la sacó del clóset en 1842. Este doctor, quizás inspirado en la medicina tradicional china, decidió recomendarla a sus pacientes para manejar los síntomas del reumatismo, el asma, las convulsiones y el dolor.

Pero su éxito solo duró hasta que su uso se relacionó con efectos nocivos sobre el sistema nervioso central, a comienzos del siglo XX. Desde ahí, la historia de la marihuana ha estado pasada por el filtro de la ilegalidad y el tabú, con las puntuales excepciones médicas de rigor. Y son precisamente estas las que han animado a investigadores del mundo a estudiar sus usos y propiedades farmacológicas. Sus hallazgos, valga decirlo, han mantenido vivo el debate en torno al cannabis.

La palabra marihuana no hace referencia a una sola sustancia; la cannabis sativa cuenta con cerca de 400 compuestos, 60 de los cuales tienen estructura química cannabinoide; en ellos el tetrahidrocanabinol o THC (aislado en Israel, en 1964, por Yechiel Gaoni y Raphael Mechoulam) es su principal producto psicoactivo, sin desconocer que el cannabinol y el cannabidiol también se han relacionado con acciones farmacológicas.

Muchos ignoran que estos cannabinoides actúan en el cuerpo porque existen receptores específicos para ellos, especialmente en el sistema nervioso, y si el organismo tiene receptores para elementos contenidos en la marihuana, es porque él mismo los produce. Eso quiere decir que si el cuerpo fabrica la anandamida, el araquidonil-glicerol, la virodamina y la arquinodoil-dopamina, que son hermanos de los cannabinoides, es porque los necesita. A partir de este conocimiento se plantea la existencia de un sistema cannabinoide endógeno, cuyas funciones son objeto de rigurosos estudios. Gracias a eso ya se sabe, por ejemplo, que dicho sistema está relacionado con la coordinación del movimiento, el aprendizaje, la memoria, el control emocional y la forma como el cuerpo transmite el dolor. También que algunas enfermedades alteran la concentración de los cannabinoides propios, lo que se manifiesta con síntomas específicos.

Usos medicinales de la marihuana, según la evidencia científica disponible.

Alivio del dolor

Los cannabinoides bloquean los impulsos dolorosos. Un estudio hecho por la Universidad de California en el 2007 y otro por la Universidad de McGill en el 2010, que se suman a distintos ensayos clínicos llevados a cabo por la Administración de Medicamentos y Alimentos (FDA) de EE UU, demuestran que la marihuana inhalada alivia el dolor neuropático.

En 2008, la Universidad de Miolan encontró que el uso estandarizado de la cannabis sativa produjo alivio total en la hiperalgesia (dolor exagerado y sin control) producida por desórdenes nerviosos que no responden al tratamiento convencional.

Los investigadores han demostrado que en el cerebro y en la médula espinal hay unos receptores llamados CB1, que son específicos para THC, y en la periferia hay CB2, que se relacionan con el control del dolor inflamatorio. Al parecer, estos logran controlar los dolores causados por el cáncer y las molestias crónicas, es decir aquellas de larga duración, que no se calman con analgésicos comunes.

También se ha probado que los cannabinoides inhiben o liberan moduladores que bloquean la alodinia y la hiperalgesia, propia del dolor neuropático, como la neuritis herpética, la neurálgica del trigémino y los dolores centrales que no ceden al manejo convencional.

Los THC estimulan el apetito en personas con la anorexia que se produce en pacientes de cáncer y sida; también se ha evidenciado un efecto positivo en la llamada anorexia nerviosa. Un estudio publicado por The European Journal of Nuclear Medicine and Molecular Imaging encontró que esta extrema falta de apetito causa una alteración en el sistema cannabinoide; de modo que si se equilibra, el apetito regresa.

El THC y el cannabidol tienen un efecto significativo en las vías neurológicas que regulan las náuseas y el vómito, que deterioran la calidad de vida de los pacientes con cáncer. Prueba de ello es el metaanálisis publicado en European Journal of Cancer Care.

La planta también es usada para el manejo de la espasticidad, que es el aumento anormal de la contracción muscular por acción del sistema nervioso central. Es una condición incapacitante y dolorosa que acompaña a enfermedades que comprometen seriamente el cerebro o la médula espinal, como la esclerosis múltiple, los traumas medulares o la degeneración de las neuronas. La investigación clínica ha demostrado que este proceso está regulado por el sistema cannabinoide. Se encontró que la activación con THC de los receptores CB1 disminuye el síntoma, al igual que la rigidez y el temblor. También se mejora la capacidad de movimiento.

El glaucoma y otras enfermedades

Los cannabinoides disminuyen la presión, lo que le ha abierto un espacio como potencial herramienta contra el glaucoma; ya hay varios que se utilizan con este fin.

Algunas investigaciones han probado que la estimulación del sistema cannabinoide retarda la progresión de males como la enfermedad de Huntington, la encefalomielitis, el síndrome de Tourette y algunos tipos de epilepsia. A lo anterior se suman algunos beneficios antiproliferativos de los cannabinoides que, a nivel experimental, inhiben el crecimiento de tumores del sistema nervioso, como el glioblastoma, tal como lo evidencia una revisión publicada en Support Care Cancer. Los canabinnoides también han funcionado como broncodilatadores en pacientes asmáticos y como coadyuvantes en el manejo de adicciones a la heroína, al cigarrillo y a la cocaína.

¿Y los efectos adversos?

Dado que se trata de moderadores del sistema nervioso, es natural que los canabinnoides causen efectos adversos que van desde mareos, fatiga y debilidad muscular hasta la desorientación, pérdida de memoria, alteraciones en la coordinación, ansiedad y alucinaciones. Quienes usan crónicamente estas sustancias pueden sufrir disforia, ansiedad, irritabilidad, insomnio y pérdida del apetito, acompañada de depresión, al suspenderlos. Estos efectos dependen de cada individuo, de la dosis y de las características del producto consumido.

El cannabis y sus derivados deben ser considerados una alternativa terapéutica. Sus efectos y el desarrollo de nuevas presentaciones y vías de administración permiten un control y dosificación dentro del campo médico que lo alejan del espacio negativo que se le confiere desde la óptica judicial.

En 1991, un equipo de la Universidad de Harvard comprobó que 44 % de los oncólogos que respondieron a una encuesta recomendaron a sus enfermos, en privado, fumar cannabis con el fin de aliviar los efectos de la quimioterapia.

Algunos usos

Dolor: estudios hechos en las últimas décadas por las universidades de California y McGill, y algunos ensayos clínicos de la FDA, han demostrado que la marihuana inhalada alivia el dolor neuropático (disfunción del sistema nervioso).

En el 2008 se evidenció que el uso estandarizado del cannabis atenuaba la hiperalgesia (dolor exagerado y sin control); otras investigaciones han hallado que el THC actúa sobre receptores CB1 y CB2, de la médula espinal, y controla dolores inflamatorios, incluidos algunos de larga duración. También ha sido relacionado como coadyuvante contra el dolor causado por la neuritis herpética, la neuralgia del nervio trigémino y otros dolores centrales, de difícil manejo.

Apetito: un estudio publicado en European Journal of Nuclear Medicine and Molecular Imagine demostró una relación entre la pérdida del apetito (incluso en anorexia) con un desequilibrio del sistema cannabinoide, que al equilibrarse con THC se revierte.

Náuseas y vómito: diversos estudios, y un metaanálisis del European Journal of Cancer Care, demuestran que los THC inhiben el vómito y las náuseas causados por la quimioterapia.

Epilepsia: algunas investigaciones han probado que la estimulación del sistema cannabinoide retarda la progresión de males como la enfermedad de Huntington, la encefalomielitis, el síndrome Tourette, algunos tipos de epilepsia, temblores y rigidez.

Otros: el THC ha mostrado beneficios en el manejo del glaucoma, el asma y algunas adicciones.

Cuidado: hay que aclarar que estos beneficios no son genéricos, sino que dependen de cada paciente; también, que tiene efectos adversos, desde leves hasta severos, y que hay muchas dificultades para su dosificación y uso controlado.