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Cinco destinos escalofriantes

En las catacumbas de París yacen  las osamentas de más de seis millones de personas / Foto Freeimages

En las catacumbas de París yacen las osamentas de más de seis millones de personas / Foto Freeimages

Con la celebración de Halloween a la vuelta de la esquina, un breve repaso de algunos destinos de miedo

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1. Salem: el embrujo del pasado. El Día de Halloween, los pasajeros que bajan del tren de Boston a la estación de Salem están en su mayoría disfrazados y listos para celebrar la Noche de Brujas en su minúsculo centro de casas de madera, el cementerio y los callejones donde abundan los esqueletos y arañas gigantes. Para ir de la estación al centro, imposible perderse: si uno duda en seguir a los zombis, las brujas y los villanos de Disney, una línea roja lleva a los peatones desde la estación hasta el centro, donde una estatua de Samantha -la bruja de la serie Hechizada- recibe a los visitantes. En Salem, Halloween se festeja a lo largo de todo octubre pero el resto del año la ciudad histórica (ostenta varios títulos de “lo más antiguo de Estados Unidos”) también rescata su tenebroso pasado y la caza de brujas que terminó con un juicio multitudinario y la ejecución de 25 personas en 1692. Hay varios museos, tienditas temáticas y hasta locales de espiritistas.

2. Francia: bajo el suelo de París. Debajo de las calles de la Ciudad Luz, a veinte metros bajo tierra está el reino de la muerte: un laberinto de cuevas y galerías custodia las osamentas de más de seis millones de personas. En la entrada del túnel reservado a las visitas un cartel advierte: “Arrête, c'est ici l'empire de la mort” (Detente, aquí está el imperio de la muerte). Las catacumbas de París se visitan todo el año, pero hay más afluencia por supuesto durante la semana de Halloween, una fiesta anglosajona que poco a poco desembarca en las culturas latinas. Los huesos, y sobre todo los cráneos que se ven al costado de los pasillos, han sido traídos a lo largo de los siglos desde cementerios desmantelados de la ciudad. Entre los miles y miles de restos que custodian esta extraña visita están los de algunas personalidades como Rabelais, La Fontaine, Perrault, Lavoisier o el revolucionario Danton. Para más escalofríos, el día de Halloween se puede terminar en el Castillo de Thoiry, en las afueras de París, donde se organiza una murder party: un juego donde hay que descubrir un fantasma asesino, en plena oscuridad.

3. Inglaterra: entre brumas siguiendo a Jack the Ripper. Por lo general a fines de octubre la niebla abunda en Londres, y sirve de marco ideal para los paseos guiados en torno de Jack el Destripador y el barbero macabro Sweeney Todd. Son visitas que se realizan todo el año, como la excursión a otros lugares de oscura reputación en la capital inglesa: entre ellos la estación del subterráneo de Bethnal Green, donde murió mucha gente durante un alerta de bombardeo en 1943. Se cuenta que sus fantasmas vuelven por la noche, cuando los servicios paran durante algunas horas y se escuchan llantos y gritos en los pasillos desiertos. La Torre de Londres es otro lugar con fantasmas, en este caso el de Ana Bolena. Otro sitio imperdible para darse algunos sustos el día de Halloween es el viejo cementerio de Highgate, que parece haber sido ambientado a propósito para la Noche de Brujas: tumbas de estilo gótico cubiertas por hiedras y líquenes se suman a rincones oscuros bajo la vegetación. Es supuestamente un lugar donde abundan los fenómenos sobrenaturales.

4. Rumania: la ruta de los vampiros. La novela de Bram Stoker instaló el personaje de Drácula en el imaginario popular y lo asoció a la figura de Vlad Tepes, un príncipe que vivió durante el siglo XV en una región de la actual Rumania y luchó contra los turcos, de quienes tomó el atroz método para matar a sus enemigos: empalarlos. La ficción y la realidad se mezclan en lo que se ha convertido en el tour más popular de Rumania, un circuito tras las huellas de Vlad el Dragón (Dracul en rumano) y la del vampiro Drácula. La visita incluye un paso por el castillo de Poienari, vinculado con la historia de Vlad Tepes; el monasterio de Snagov, donde la leyenda dice que fue asesinado y sepultado; y un baile de vampiros en la lúgubre fortaleza de Tirgu-Mures. El castillo de Bran, al norte de Bucarest, no está asociado a la historia de Vlad sino que sería el lugar que inspiró a Stoker para ambientar su novela. La historia de Drácula transcurre en Borgo, donde no hay ningún castillo, mientras la descripción realizada por el novelista corresponde fielmente a Bran.

5. Irlanda: trick or treat. Los celtas celebraban el Año Nuevo a fines de octubre de nuestro calendario. ¿El país ideal para pasar el día de Halloween sería entonces Irlanda, donde se conservaron las tradiciones célticas mejor que en cualquier otro lugar? Como ocurre durante el carnaval en otras partes del mundo, los niños se disfrazan y van de casa en casa para desafiar a sus vecinos: Trick or treat? Una tradición que llevaron a Estados Unidos y Canadá, junto con la costumbre de ahuecar una calabaza, la famosa Jack O'Lantern. En Dublín está el centro de la fiesta: a partir de las 19 la Samhain Parade desfila por las calles con profusión de monstruos, fantasmas y brujas. Hay fuegos artificiales y festejos que siguen toda la noche. No hay que perderse el recorrido del Ghost Bus, cuyas historias en torno a fantasmas y vampiros (Bram Stoker era irlandés) cobran más relevancia en aquella fecha. Los celtas pensaban que cada 31 de octubre los fantasmas visitaban el mundo de los vivos. En Derry, el encuentro dura cuatro días, cuatro días enteros para festejar Halloween a la mejor manera irlandesa: con mucho humor, mucha música, veladas hasta tarde en los pubs y un desfile de 40.000 fantasmas a lo largo del río Foyle.