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La costa de las playas vírgenes

Cabo Corrientes comprende 75 kilómetros de abismales acantilados

Cabo Corrientes comprende 75 kilómetros de abismales acantilados

La mezcla de sol, arena fina y doradita bajo los atardeceres dejan hechizado a cualquiera

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En el estado de Jalisco, en México, existe un edén de increíble belleza en la costa. La zona se divide en cuatro partes: Cabo Corrientes, Tomatlán, La Huerta y Cihuatlán, municipios que dan su cara al océano Pacífico. Cada uno reúne un paraíso de playas vírgenes bañadas por aguas de color esmeralda y personalidad propia.

 

Cabo Corrientes

Es la entrada, desde Puerto Vallarta, a la Costalegre. Son 75 kilómetros de abismales acantilados, vegetación tropical y playas de arena fina y doradita como las de Yelapa. El pueblito es refugio de hippies veteranos que hacen artesanías con palo de rosa o que rentan caballos para ir a cascadas escondidas. Sobre la playa, hay palapas para disfrutar una tarde comiendo brochetas de camarones a las brasas, tomar el aguardiente raicilla o rebanadas de coco y pastel de limón. No faltan los que alquilan equipo de snorkel. Las noches son de parejas cenando bajo las estrellas, desde algún hotel de lujo coqueto como Verana, (www.verana.com), solo para adultos y accesible a pie o en mula.

 

Tomatlán

Majahuas, La Cruz de Loreto y Playón de Mismaloya son para el viajero ambientalista, el que no se preocupa por estar días desconectado de la tecnología, el que se emociona remando un kayak para llegar a manglares, estuarios y lagunas que ni en el mapa aparecen y son el hogar de miles de aves. Aquí se duerme arrullado por el rugir de las olas, las favoritas de los surfistas, también se liberan tortugas desde el santuario más grande de México, en Playón de Mismaloya, y se encuentran refugios como Hotelito Desconocido, un remanso de 27 palafitos rodeados de vegetación y fauna delicada.

 

La Huerta

Aquí hay escondites para todos los gustos desde Careyes, donde el lujo se asienta en hoteles y villas de arquitectura mediterránea sobre los acantilados, hasta la bahía de Chamela, donde la cama se cambia por una casa de campaña bajo una enramada, esperando los primeros rayos de sol que permitirán observar aves o liberar tortugas. A Chamela lo forman 11 islotes accesibles solo en bote o kayak, para los más deportistas. La Colorada y Cocinas son ideales para el buceo, mientras que La Rumorosa es un espectáculo de olas salvajes. En Pasavera, los binoculares y las cámaras fotográficas se dan un festín con el vuelo de miles de aves, entre ellas el patiazul o pájaro bobo.

 

Cihuatlán

Aquí es donde termina el viaje si se parte desde Jalisco, pero donde empieza si se arranca desde Colima. Barra de Navidad es la que se lleva los halagos en este municipio. Sus aguas son serenas y templadas en cualquier época del año. Los recorridos para ir a los criaderos de camarón están a la orden del día, igual que los lugares frente a la playa para admirar los atardeceres rosados. Se puede visitar Melaque, un pueblo vecino a tan sólo 5 kilómetros de distancia, donde se preparan las mejores piñas rellenas de marisco y donde los tacos de pescado, a pie de carretera, son considerados un tesoro culinario.