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Cómo controlar la ira en el trabajo

Se creía que los rostros humanos podían expresar felicidad, tristeza, miedo, ira, sorpresa y disgusto | Thinkstock

Cómo controlar la ira | Thinkstock

Una persona que no controla sus enojos en el trabajo no solo afecta el clima laboral, sino también a sus colegas

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Todos nos molestamos de vez en cuando. El cliente que no cumple, el colega que de pronto obstruye el trabajo, la meta laboral que no llegamos a lograr… motivos hay miles. El asunto es cuando no simplemente te molestas, sino que estallas en furia y haces de esta reacción el pan de cada día. Entonces hablamos de un problema de control de ira, y eso es muy peligroso.

El enojado no solo se siente mal sino que afecta a su entorno. Todos sufren, se alteran, se estresan y, si esto ocurre en el trabajo puede contagiar a los demás: nada fluye bien, nadie se motiva a dar lo mejor de sí. Una persona que se enfurece ante el más mínimo error, que contesta de mala gana todo el tiempo y a quien los demás temen preguntar algo, seguramente no será considerada para promociones y ascensos en su carrera.

En el peor de los casos, podría ser despedida. Además se ganará la antipatía de sus colegas y subordinados y el ambiente de trabajo se deteriorará y lo que es peor: la mala fama corre rápido y no te conviene desacreditarte profesionalmente. Graba en tu memoria que esa emoción negativa expresada repetidamente puede llevarte a tomar decisiones incorrectas e injustas. Eso afectaría los objetivos comunes de la empresa. Y algo muy grave: algún colega podría interponer una denuncia por maltrato o abuso de poder.

Si crees que ya llegaste a este punto, no será fácil que recuperes la paz, pero tienes que intentarlo. Echa mano de algunos recursos personales, como la represión (sí, la represión, en este caso se aplica muy bien) y autocalmarte. Procura manifestar tus sentimientos de una manera positiva, sin agredir. Piensa que no es imposible, la mayoría de la gente lo hace.

Por otro lado, la comunicación asertiva previene los ataques de furia. Reconoce que tus derechos son los mismos del otro. También ayudan las auto instrucciones, como: “Primero piensa y después actúa”. O aprender a solucionar problemas siguiendo una secuencia: investiga qué te molesta, haz una lluvia de ideas con posibles soluciones, evalúa los pros y los contras de cada una para, finalmente, quedarte con las más favorables y aplicarlas.

En el fondo, quien no controla la ira tiene una baja tolerancia a la frustración. Sé humilde. No siempre se gana, no todo sale a la primera, a algunos les cuesta más lograr unas cosas que a otros. Encuentra un espacio fuera del trabajo para desfogar: en el gimnasio, el yoga, el sauna, con una linda película. Y sonríe.