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Las comodidades y los lujos de la FIFA

El presidente de la FIFA, Joseph Blatter | EFE

El presidente de la FIFA, Joseph Blatter | EFE

El lugar elegido por Joseph Blatter y Cía en esta Copa del Mundo 2014 es el Copacabana Palace ubicado frente a esa icónica playa

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El arquitecto francés Joseph Gire, contratado para la ejecución de la obra, se inspiró en dos famosos hoteles de la Riviera francesa, el Negresco en Niza, y el Carlton, en Cannes. La presencia es imponente, y el interior es lujoso en todos sus ambientes, muchos lo comparan con el Casino Montecarlo de Mónaco. Luce esplendoroso y apenas se abren sus enormes puertas de madera y vidrio, se divisa una ancha escalera de mármol de Carrara y enormes arañas de cristales de Boemia.

Allí, en ese palacio, viven como reyes los principales directivos de una de las empresas más ricas del mundo, FIFA, que en este mundial de Brasil espera recaudar unos 3.500 millones de dólares.

En las afueras, amplias barreras de aluminio y lona blanca separan al Copacabana de la gente que transita por la amplia vereda de la Av. Atlántica. Detrás del cerco de seguridad, una veintena de guardias privados, vestidos todos de negro, hablan permanentemente por walkie-talkie.

Nadie puede ingresar, salvo que tenga una identificación especial que autorice su presencia en el hotel "FIFA". Cuatro patrulleros están apostados a los costados y mantienen sus luces rojas encendidas en forma permanente.

Cruzando el primer tramo de la Atlántica, en el cantero central, hay dos camiones de la Policía Militar apuntando sus trompas hacia la playa. También hay un carro de bomberos. Los 11.000 metros cuadrados del Copacabana Palace están cubiertos desde los cuatro costados.

Los turistas pasan y detienen su marcha. Posan y se sacan fotos con el frente del hotel detrás. Es toda una novelería en la convulsionada Rio, que está abarrotada de turistas que van y vienen luciendo las casacas de sus selecciones y se entretienen en la playa haciendo deporte o tomando sol. En las blancas arenas, enfrente, no cabe un alfiler.

En la calle, sólo se permite estacionar a los vehículos autorizados y perfectamente identificados con los stickers del mundial y de los patrocinantes del evento. Hay 30 autos de alta gama, lujosos, todos negros y con vidrios polarizados. Los conducen choferes con gorras y uniforme marrón. Y no sale ni un solo miembro de FIFA solo. Siempre lo hace acompañado de un guardaespaldas, siempre de negro y con auriculares.

El mundo FIFA está lejos de las ojotas y las musculosas que se venden por 18 reales a metros del Copacabana. Sus dirigentes jamás abandonan sus trajes a medida, sus camisas blancas ni sus zapatos de charol. Son ejecutivos de una de las empresas más ricas del mundo, que factura más de 1.200 millones de euros por año gracias a sus patrocinantes, los derechos de televisión y aportes de las diferentes asociaciones.

Lujo, confort, poder y millones de dólares rodean a Blatter y sus hombres, que están en la mira desde hace mucho tiempo por negocios poco claros.

Maradona y Romario, por ejemplo, son dos de sus más famosos opositores. Dicen que la FIFA lucra, que gana millones y los premios que reparte son muy pocos. "La FIFA se está comiendo a la pelota", dice cada vez que puede el argentino.

Sus palabras son respaldadas por el exreportero de la BBC, Andrew Jenning, quien investiga desde hace 20 años los borrascosos lucros de la FIFA y presentó el libro "Un juego cada vez más sucio". Todos exigen transparencia, y por más que se anuncie que se están dando pasos importantes, no se ha logrado difundir públicamente los salarios de los principales dirigentes de la Fifa, especialmente del comité ejecutivo, que toma las decisiones clave.

Esa fue una de las recomendaciones de la comisión de reformas encabezada por el profesor en Derecho Mark Pieth, después de que fue creado por la FIFA tras los escándalos relacionados con corrupción y actos financieros inapropiados.

La FIFA dijo que el "personal clave" en conjunto ganó 33,5 millones de dólares en bonos y prestaciones en 2013, pero los reformadores han presionado para que haya más apertura; no lo ha logrado. Nadie sabe lo que gana Blatter, ni sus hombres de confianza. El titular de FIFA dijo que su salario no supera el millón de dólares por año, pero todos sospechan que gana más.

La agitada Av. Atlántica mantiene su ritmo. No cesa. El sol baja temprano, oscurece a las cinco y media, y se encienden las luces del Copacabana. Blanco, suntuoso, imponente, se aleja cada vez más de la gente, de los "garotos" que ofrecen cocos a 4 reales en la esquina. Es otro mundo, claro. Es el mundo millonario de la FIFA.