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El colosal Allure of the Seas vuelve al Caribe

Trajo cabinas regulares y nuevas suites: el Coastal Kitchen, un restaurant para los pasajeros de las suites y más boutiques / Foto archivo

Trajo cabinas regulares y nuevas suites: el Coastal Kitchen, un restaurant para los pasajeros de las suites y más boutiques / Foto archivo

Luego de ser revitalizado ahora el barco presenta el musical Mamma Mia, las películas Shrek y Kung Fu Panda, además de nuevas suites y cabinas

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El Allure of the Seas de Royal Caribbean volvió a navegar en sus salidas regulares de siete días por el Caribe desde el pasado domingo, zarpando desde Fort Lauderdale, en Florida, luego de finalizar su primera temporada por Europa y de ser revitalizado para añadirle varias novedades.

“El musical Mamma Mia es sin duda uno de los factores asombrosos”, indicó Bobby Brown, director del crucero. Esa obra de Broadway fue estrenada en el Quantum of the Seas, pero al llevar ese barco a China, la empresa decidió trasladarlo al Allure y ya se anticipa una inmensa acogida. Este sustituyó a Chicago The Musical, otro hit de Broadway que causó sensación cuando fue llevado al teatro del Allure.

También trajo cabinas regulares y nuevas suites: el Coastal Kitchen, un restaurant para los pasajeros de las suites y más boutiques, como la de Kate Spade. Además trajo el restaurante Sabor, una taquería y bar con margaritas artesanales.

El Allure sigue siendo uno de los consentidos de los fanáticos de los cruceros. El inmenso barco, con 16 decks de pasajeros, un desplazamiento de 225,282 toneladas gruesas y capacidad para 5,400 pasajeros en ocupación doble, fue el primero que trajo al experiencia DreamWorks trayendo a bordo los personajes de películas como Shrek y Kung Fu Panda. El concepto fue tan popular que se extendió a otros barcos de la flota.

Aunque técnicamente es igual a su gemelo Oasis of the Seas, primero de la clase Oasis y con quien comparte el título de más grande del mundo, este barco suscitó una simpática competencia con esa otra colosal nave, pues trajo una imperceptible diferencia: era dos pulgadas más grande que el anterior, razón por la que su primer capitán, el argentino Hernán Zini decía jocosamente que era el más grande de todos.