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Cinco cafés imperdibles de Lisboa

En los años 80 se inauguró una estatua en bronce que representa a Fernando Pessoa sentado en la terraza del café A Brazileira / Foto www.dicasdelisboa.com.br

En los años 80 se inauguró una estatua en bronce que representa a Fernando Pessoa sentado en la terraza del café A Brazileira / Foto www.dicasdelisboa.com.br

El espíritu de la capital portuguesa se siente en estos locales llenos de historia y tradición

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Por su historia, su interior, sus dulces o su buen café, la capital portuguesa puede presumir de contar con emblemáticas cafeterías en las que se puede sentir el espíritu de la ciudad. Los portugueses son adictos a su café, de sabor intenso y alto contenido en cafeína, y han sabido construir una cultura a su alrededor que ha hecho posible la aparición de tan simbólicos locales.

Pasteis de Belém. Es sin duda uno de los cafés más conocidos y frecuentados de la capital de Portugal. Sus irresistibles pasteles son los responsables de las largas filas que se forman para encontrar una mesa o para comprar estos dulces. Fue en el siglo XIX, en el barrio lisboeta de Belém, donde se pusieron a la venta en una pequeña tienda de comercio, unos pasteles llamados ‘pastéis de Belém’, fruto de una receta secreta originaria del Monasterio de los Jerónimos, cerrado en 1834.

Tres años después, comenzaron a fabricarse de modo artesanal los pasteles con la codiciada receta que se mantiene inalterable hasta el día de hoy.

Café Nicola. El famoso establecimiento está situado en la céntrica plaza del Rossio. Su historia se remonta al siglo XVIII, cuando un italiano llamado Nicola inauguró en este lugar uno de los primeros cafés de la ciudad al que llamó Botiquín de Nicola. Ya entonces era frecuentado por escritores, artistas y políticos, entre ellos el poeta Barbosa du Bocage, para quien fue su segundo hogar. Después de varios dueños, en 1928 pasó a manos de Joaquim Fonseca de Oliveira y comenzó a llamarse Café Nicola. Actualmente es muy frecuentado por turistas, y de vez en cuando sirve como escenario para tertulias y la presentación de libros. Conserva el mobiliario original de 1935 y sirve tanto comidas como cenas. Bocage se mantiene en la memoria de este lugar, inmortalizado en los cuadros que decoran las paredes. Cuenta con una agradable terraza y, además, la marca de cafés Nicola está muy extendida por todo el país.

Café Versailles. Se inauguró en la década de los 20 y fue uno de los cafés con más alma de la ciudad. Hoy sigue siendo uno de los locales con más clase de Lisboa. Allí se destacan los enormes espejos colgados en las paredes y los techos trabajados, así como la decoración intacta desde su fundación. Pero no es solo el encanto del local el que atrae, también la calidad de sus productos: dulces y salados, una gran variedad de tortas, pastas y pasteles y un famoso chocolate caliente.

Confitería Nacional. Está entre los más antiguos de Lisboa. Fundada en 1829 por Baltazar Roiz Castanheiro, pertenece a la misma familia hace cinco generaciones y ha sido premiada en varias exposiciones internacionales por sus dulces tradicionales y sus innovaciones. Entre ellas está la receta de su famoso Bolo Rei (el roscón de reyes luso), que la trajo el hijo del fundador a Portugal a mediados del siglo XIX. Es un espacio agradable situado en la plaza da Figueira, junto al Rossio, y cuenta con una decoración elegante. Conquista, sobre todo, la calidad y variedad de sus productos.

A Brasileira. Y no se puede hablar de los cafés de Lisboa sin citar a otro de los más emblemáticos: A Brasileira, donde se empezó a vender el genuino café de Brasil, un producto que al principio no era tan apreciado. Su fundador, Adriano Telles, vivió en el país suramericano e importaba el café y otros productos como tapioca, té o harina, así como vinos y aceites. En 1908 remodeló la tienda y creó la actual cafetería. Con la llegada de la República, en 1910, se convirtió en uno de los cafés más concurridos de Lisboa, por estar muy próximo a las instalaciones del Directorio. Empezó a ser escenario de tertulias literarias y artísticas. Siempre ha sido un local muy relacionado con los círculos de intelectuales portugueses como Fernando Pessoa, Almada Negreiros o Abel Manta. En los años 80 se inauguró una estatua en bronce que representa a Pessoa sentado en la terraza del café. A su lado, sobresale una silla vacía en la que cada día se sientan cientos de turistas para hacerse una foto al lado del poeta.