• Caracas (Venezuela)

GDA

Al instante

Los amigos que hay que tener y aquellos que hay que dejar

Amigas riendo | AP

Amigas riendo | AP

Expertos insisten en importancia de apostar por los que sumen y no que generen sensación de pérdida

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

Cada ser humano tiene su propia idea acerca de qué es un buen amigo para él.

Amigo es... el que siempre aparece cuando se le necesita, aquel que tiene intereses comunes a los nuestros, el que está dispuesto a poner oreja a todos nuestros problemas, aquel que le pone cordura a nuestros arrebatos, el que siempre tiene un comentario positivo o alentador que hacernos, aquel que apaña sin juzgar...

Cada ser humano tiene su propia idea acerca de qué es un buen amigo para él. Shelley Emling, editora senior de la sección Post 50 del sitio Huffington Post, describió en su blog los cinco tipos de amigos que todos deberían tener y mantener para siempre: los que hacen el esfuerzo por estar cerca de uno, los que se alegran cuando nos pasa algo bueno, los que son optimistas, los que salen de su estado de comodidad para estar con nosotros y aquellos que son auténticos.

Otros, como el doctor Alex Lickerman (autor de libros de autoayuda y columnista de la revista Medicine on the Midway, de la Universidad de Chicago, donde él enseña), proponen que un amigo es aquel que está comprometido con nuestra felicidad, que no pide colocar esa amistad por sobre los principios y valores propios y que resulta ser una “buena influencia”.

Sin embargo, tener amistades como las que menciona Shelley Emling no depende de la fortuna de haberse encontrado con “buenas personas”: “Cuando se habla de los amigos, el énfasis no recae tanto en el otro y en lo que él encarna o en lo que lo caracteriza, sino que más bien se refiere a tipos de relación que uno establece con él”, explica Niklas Bornhauser, profesor de la Escuela de Psicología de la Universidad Andrés Bello.

A eso, la psicóloga Paula Sáez, secretaria de estudios de la Facultad de Psicología de la Universidad Diego Portales, añade otro aspecto importante: “Depende de cómo es uno y de lo que uno precisa de los amigos, porque hay momentos en la vida en los que una persona necesita al amigo severo, que le pone el pie en el freno si va desbocada, y otros en los que requiere al que inyecta energía, alegría y un poco de liviandad”.

De más a menos

La cantidad y calidad de la amistad va cambiando según se avanza en edad. “Una relación de amistad tiene que ver con aspectos emocionales y también con la claridad que uno va teniendo respecto de lo que necesita”, propone Paula Sáez.

Así, en la adolescencia, los amigos llenan la necesidad de socialización que se vive en ese momento, no se hacen diferencias y mientras más amigos, mejor. En la adultez, la cosa cambia: “Uno se pone más selectivo porque ya no necesita socializar”, añade Sáez.

Eso depende de las situaciones y ámbitos donde se establezca la relación de amistad, complementa Niklas Bornhauser. Así, por ejemplo, hay algunas donde prima la competencia: “Ahí la identificación que uno establece con el otro es ambivalente: puedo apreciarlo, admirarlo, pero también compito con él por un puesto en el trabajo o por ser el mejor del curso y si él lo consigue, voy a sentir envidia”, agrega.

Porque, en estas relaciones de aprecio, “lo ideal no es a lo que todo el mundo puede aspirar, ni con todos los amigos: hay relaciones que son más utilitarias o más orientadas a fines, o que tienen que ver con actividades, y ahí se van a cumplir algunos de los aspectos que menciona Shelley Emling y en otros no”, sentencia el psicólogo.

Un aspecto que enfatizan ambos profesionales es que lo que hace al otro un buen amigo tiene más que ver con la relación que se entabla con él, que con sus características personales. “La amistad es algo que se construye entre dos y mediante la cual cada uno se va configurando”, dice Bornhauser.

Administrar la amistad

Un estudio de la Universidad de Virginia mostró que el cerebro humano está “cableado” para empatizar y hacer amigos. La investigación, publicada en el 2013 en la revista Social Cognitive and Affective Neuroscience, utilizó resonancias magnéticas para ver la reacción de los cerebros de 22 voluntarios a diversas situaciones en las que se ponía en juego la seguridad propia, la de conocidos y desconocidos.

Las imágenes cerebrales revelaron que ante una amenaza a uno mismo o a un amigo, se activa la misma parte del cerebro y de modo muy similar, lo que no ocurre cuando el riesgo lo sufre un desconocido. Según James A. Coan, psicólogo líder del estudio; eso significa que las personas cercanas se convierten en una parte de nosotros mismos. “Literalmente estamos bajo amenaza cuando un amigo está en peligro. Pero no es así cuando un extraño está en peligro”, declaró al portal de noticias de la U. de Virginia.

Niklas Bornhauser comenta que la idea de “elegir o administrar” las amistades es reciente: “Tiene que ver con que se toma la atribución de gestionar la propia vida, que es una idea moderna, y donde la amistad ya no depende de cierto tipo de relaciones que son mitad impuestas y mitad elegidas”.

Además, añade el psicólogo, hay nexos de amistad que no se pueden medir con la misma vara: “Esas típicas relaciones donde uno de ellos es siempre el que habla, se descarga, queja y despotrica contra el mundo, mientras el otro escucha y sostiene. Ahí se cumplen funciones que son complementarias y la ganancia que cada cual obtiene de la relación es distinta”.

Lo que no tiene que ocurrir es que en la relación fraternal solo uno gane y el otro sienta una pérdida. “Cuando el balance es negativo y no hay nada bueno que sacar en limpio, es mejor alejarse de esa amistad”.

Otras opiniones

El experto Alex Lickerman dice que un amigo está comprometido con nuestra felicidad, no somete esa amistad al juicio de sus propios valores y es una ‘buena influencia’.

Facebook y su efecto ‘antisocial’

Hace unos días, dos investigaciones de la Universidad de Colorado daban cuenta de las principales razones que tienen los usuarios de Facebook para deshacer la amistad con ciertos contactos y la reacción que eso genera en el amigo “eliminado”. Los principales candidatos son los amigos del colegio, seguidos por los amigos de un amigo, compañeros de trabajo y amigos con intereses comunes. Las razones tienen que ver con que llenan sus muros de comentarios incendiarios acerca de política o religión.

Sin embargo, llegar a la acción de eliminar a un contacto de esa red no es fácil: “Es bien generacional. Los más jóvenes se llenaron de amistades porque era chévere tener muchos contactos en Facebook. Y los más adultos se encontraron con un pedazo de su historia en la red, al contactar a amigos del colegio y de la infancia ahí”, dice la psicóloga Paula Sáez.

Luego, buscar al que se va a desahuciar en la lista, y darle clic al botón, no es un acto inofensivo: “Facebook es una relación social y como también pasa en los nexos no virtuales, no es fácil cortar con alguien. Porque hay algo social involucrado y uno supone que va a provocar una reacción en el otro, como rabia o pena”, agrega.