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Yandar y Yostin viven el mayor bochorno de Viña de Mar

Yandar y Yostin en Viña del Mar | El Mercurio

Yandar y Yostin en Viña del Mar | El Mercurio

La salida a escena a las cuatro de la madrugada fue el inicio de una de las presentaciones más penosas que recuerde el Festival, y de la que los colombianos son tan responsables como víctimas

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Digamos la verdad: Esto no debió haber pasado. Lo de Yandar y Yostin en Viña del Mar fue un error de principio a fin, y tras su paso por el certamen ni la sorna con que se enfrentó su visita sirve para archivar el cierre de esta noche. Lo de hoy fue simplemente penoso.

El juicio podría pasar por la calidad del espectáculo, menos que mediocre. Es reggaetón, canciones iguales a todas las demás que el género ha dado desde 2005 hasta ahora, con letras sosas como pocas entre sus pares. Y hasta ahí no hay nada tan extraordinariamente malo, excepto porque la interpretación de Óscar Gutiérrez y Juan Castañeda es con notoriedad deficiente: Débiles, desafinados, descoordinados, sin un gramo de actitud (factor que en estas lides es determinante).

Y, nuevamente, ni siquiera eso los hace tan "especiales" (mal que mal, por acá han pasado Paulina Rubio y Enrique Iglesias), pero ahora agreguemos una falta de repertorio de tal magnitud como para repetir tres veces (¡tres!) los famosos "Pajaritos en el aire", haciendo realidad la ficticia lista que circuló como viral tras su anuncio.

Y entonces lo que hace días era motivo de risas ahora es pesadillezco, hasta llegar a un cierre que reequilibra todo para peor: No queda otra que sentir lástima por estos colombianos a los que les vendieron la pomada del Festival Internacional de la Canción, y algo de rabia por quienes permitieron que Viña tuviera una de sus más lamentables humillaciones.

Porque no es lindo batir un récord como el artista que más tarde salió a escena, con el reloj marcando las 03:58 (o, para que quede claro, léalo como "dos para las cuatro de la madrugada"); ni tampoco que corten la transmisión terminado el primer tema (adivine cuál). Menos actuar para un público inferior a dos mil personas, en un recinto que momentos antes había albergado a 15 mil.

Solidario gesto de Rafael Araneda el de no irse a su hotel tras la despedida al aire, y salir a tratar de dignificar la escena en mangas de camisa, dando a Yandar y Yostin el mismo agradecimiento que a todos los demás. Pero en ese momento, medio en serio y medio en broma, a esos menos de dos mil que se quedaron a escuchar seis canciones (en rigor cuatro), se les ocurrió pedir antorchas de plata y oro. Y entonces la escena se completó.

Los trofeos entraron al escenario sin fanfarria, sin orquesta y sin modelo, sostenidos por una asistente con credencial colgando, para que el animador sin chaqueta los entregara a los artistas. Éstos apenas contuvieron la emoción, quizás pensando que en esas dos llamas enchapadas estaba la reivindicación a tantas semanas de ninguneo, que llegaban a su clímax en ese mismo escenario.

Hemos hecho gárgaras con Yandar y Yostin, y estuvo divertido, no lo vamos a negar. Pero esta vez en verdad no se puede. El enorme menosprecio que la organización hizo con dos artistas a los que —y ahí estuvo el primer error— se dio la lata de traer, es lamentable desde cualquier ángulo. Por muy irrelevantes que ellos sean.