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Vigo: el tesoro gallego

Las islas han sido declaradas reserva de aves / Foto ANDRÉS HURTADO GARCÍA - El Tiempo/Colombia/GDA

Las islas han sido declaradas reserva de aves / Foto ANDRÉS HURTADO GARCÍA - El Tiempo/Colombia/GDA

La ciudad es pródiga en monumentos y en hermosas playas, consideradas las más bellas del mundo

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Vigo, la más industrial y grande de las ciudades de la comunidad autónoma de Galicia, ubicada cerca de Portugal, ha sido tradicionalmente la mayor exportadora de hombres ansiosos de “hacer la América”. Es decir, de conseguir dinero trabajando en estas tierras del Nuevo Mundo.

Cuando regresaban a España, siempre con mucho dinero, solían construir mansiones palaciegas, algunas de las cuales rivalizaban con las de la nobleza. Estos hombres recibían el nombre de “indianos”.

Antiguamente, Vigo fue llamada la ciudad olívica porque estaba rodeada de extensos olivares que fueron mandados a talar por Isabel la Católica porque Vigo se mostró partidaria de Juana la Beltraneja, su enemiga en la unificación de las coronas de Castilla y León. Eran los años de 1492, gloriosos en la grandeza de España unificada y descubridora de América y expulsadora de los moros.

La ciudad no ha olvidado su “olívico” pasado; en una de sus calles principales, como símbolo de ésta han plantado un frondoso olivo.

Vigo es el principal puerto pesquero de España y exporta productos de mar a todos los rincones del mundo. La ciudad es bella, amplia, abierta, limpia y se encuentra distribuida entre varios cerros.

Desde cualquiera de estos, la vista de la ciudad es impresionante, con la ría y las islas Cíes cerrando la bahía. En la parte más angosta de la ría se destaca un enorme puente, que en su momento fue prodigio de la ingeniería mundial. Se trata del puente de Rande.

En la memoria histórica de la ciudad, la palabra Rande entraña un motivo de gloria. Una flotilla de barcos españoles y franceses traía de América un valioso cargamento de oro, plata y perlas. La flotilla anglo-holandesa advertida del cargamento atacó y la batalla se dio en la ensenada de San Simón, debajo del puente de Rande.

Los barcos españoles fueron hundidos, el tesoro se perdió y hasta el día de hoy, por más inmersiones que se han hecho, no ha sido encontrado. No obstante, un historiador de Vigo dice que, a los pocos días, una caravana de carros tirada por 100 bueyes salió con el tesoro hacia Madrid.

Viaje a la historia. El 28 de marzo de 1809, los valientes vigueses expulsaron a los franceses de Pepe Botella, el hermano de Napoleón, y fue precisamente un general famoso por sus logros el que los derrotó. ¿Su nombre? Pablo Morillo. Por sus éxitos militares fue escogido por Fernando VII para sofocar la rebelión de ese pueblo levantisco de Nueva Granada, hoy Colombia.

En las amplias avenidas de Vigo se encuentran monumentos al hombre común de la calle: al nadador, al pescador, a los canteros, al herrero… Y en el puerto hay una estatua de una mujer con un niño en los brazos; es el monumento a la esposa que espera el regreso de su amado que fue a lejanas tierras.

La ciudad es pródiga en monumentos. No podía faltar el de Rosalía de Castro, la gran poetisa y novelista gallega, autora de Cantares gallegos, la más importante obra de la lírica moderna de Galicia, como tampoco el monumento a Martín Códax, el lírico medieval por excelencia del siglo XIII, autor de Cantigas de amigo.

Con todo, el monumento más admirado es el que representa de manera más inteligente el ser y la personalidad del gallego vigués a lo largo de la historia, es el del Hombre sireno. La escultura es un ser mitad hombre y mitad pez, colocada sobre doble columna granítica de 15 metros de altura en la Plaza de Sol, la más importante de la ciudad.

El CascoVello, es decir la zona antigua de la ciudad, es de calles estrechas. La sorpresa grande es encontrar en la Plaza de la Constitución a un grupo de tres músicos interpretando maravillosamente música clásica a cambio de unas monedas que los turistas les dan. Y más abajo está el Mercado de A Pedra.

Pero el tesoro de Vigo son las islas Cíes. Son tres y cierran la bahía. El periódico inglés The Guardian las llamó las playas más bellas del planeta y han sido declaradas reserva de aves.

Un precioso camino recorre dos de las islas y sube hasta un faro, desde el cual se divisan las tres, al igual que la ciudad de Vigo y los montes que la envuelven.

Más datos en www.turismodevigo.org