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Usos no cosméticos del bótox

Sirve para mucho más que las arrugas |Foto: El Nuevo Día| Puerto Rico

Sirve para mucho más que las arrugas |Foto: El Nuevo Día| Puerto Rico

La toxina es útil para tratamientos de salud visual, ortodoncia e incontinencia urinaria 

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Cuando se menciona la palabra bótox, la primera asociación que llega a la mente de muchos es la disminución de arrugas y el efecto antienvejecimiento que ofrece la toxina botulínica tipo A.

No es extraño que esto ocurra, pues el producto que está hecho a base de la mencionada toxina, ha sido utilizado desde el 2002 en el campo cosmético con el propósito de rejuvenecer el rostro sin necesidad de una cirugía plástica. 

No obstante, los beneficios de la toxina van mucho más allá del producto que la compañía farmacéutica Allergan ha popularizado. Cabe destacar que su uso inicial era para mejorar condiciones oftalmológicas.

A finales de la década del 60, Alan Scott y Edward Schantz comenzaron a investigar los posibles usos terapéuticos que se le podían dar a la toxina botulínica. Pero no fue hasta la década del 80 que Scott comenzó a usarla en tratamientos contra el estrabismo y el blefaroespasmo. 

“La parte cosmética es lo que ha adquirido más fama, pero en el mundo de la medicina, el uso cosmético es la minoría”, explica el neuroftalmólogo  Rafael Taboas. 

Por su parte, el oftalmólogo  Ernesto Collazo  señala que la función de la toxina botulínica tipo A es bloquear la conexión entre el músculo y el nervio que lo controla, modificando su función.

“Es la toxina más letal que existe en la medicina porque bloquea la habilidad del músculo de funcionar. Requiere de manos expertas porque hay que inyectarlo de manera específica en el músculo que queramos controlar. Se hace con una aguja bien fina con la idea de que sea bien localizado”, explica Collazo. 

El proceso requiere que se desinfecte la superficie de la piel por donde se va a inyectar. Es importante que el paciente no se dé masajes ni haga ejercicios fuertes por un par de días para evitar que se corra la toxina, recomienda Collazo.

Cada vez surgen más aprobaciones de las autoridades para ampliar el uso que se le puede dar a la toxina botulínica tipo A y Puerto Rico se mantiene a la vanguardia en cuanto a estos. A continuación, algunas formas no cosméticas muy comunes en las que se utiliza esta sustancia para mejorar la salud de los puertorriqueños.

Mejor salud visual

El uso inicial del bótox fue para mejorar la condición de estrabismo.  El doctor José Raúl Montes, quien es cirujano oculoplástico, explica que en esta condición en la que la persona tiene los ojos desviados, se inyecta la toxina directamente en el músculo para relajarlo y que de esta forma el ojo se alineé. 

En la actualidad, el bótox tiene otros dos grandes usos en el área de la neurooftalmología, para mejorar el blefaroespasmo esencial y los espasmos hemifaciales.

La primera es una condición en la que las personas, por causas aún desconocidas, cierran los párpados involuntariamente. 

En la actualidad el bótox inyectado cada tres a cuatro meses es el único tratamiento para mejorar el blefaroespasmo esencial.

“En el pasado se creía que ocurría por origen psiquiátrico pero posteriormente se identificó que era un trastorno. El bótox permite que se  pueda corregir”, explica Taboas, quien señala que desde 1989 en su oficina médica se han realizado exitosamente cerca de 14,000 de estos tratamientos.

Por otra parte, el espasmo hemifacial es una condición en la que una arteria o una vena comprime el nervio facial en su origen. La manifestación clínica son unos tics faciales que se reflejan en  la mitad de la cara y aunque afecta usualmente el área periocular puede envolver toda el área facial, incluyendo el cuello. 

“En este caso, el bótox es una alternativa porque la otra opción que tienen los pacientes es someterse a cirugía por un neurocirujano, quien podría liberar la presión sobre el nervio facial. El bótox es un tratamiento y la cirugía es la cura, pero de gran envergadura. El bótox se aplica cada tres meses y su efecto se empieza a notar cuatro días luego de la inyección”, explica Taboas.

En busca de armonía

Antes de la aprobación por la FDA para uso cosmético en el 2002, ya se había aprobado la efectividad del bótox para conseguir asimetría facial. 

“Hoy día es uno de los usos que más le doy a la toxina botulínica tipo A”, señala Montes. 

El galeno añade que la asimetría facial es la diferencia que tiene  una persona en la estructura de la cara, si se compara el lado derecho  con el izquierdo. Estas personas tienden a tener una ceja más alta, un ojo más cerrado o la boca sube más en un lado.

“A estos pacientes, si uno les inyecta selectivamente en el lado donde los músculos están actuando predominantemente para producir estas diferencias, lo que hace es relajarlos y lograr la simetría. Se tiene que conocer esa musculatura facial muy bien para lograr que los pacientes se vean casi iguales en sus dos partes y obtengan resultados adecuados”, menciona Montes. 

Por lo general, el bótox se inyecta de  cada cuatro a seis meses para mejorar este problema. Sin embargo, Montes y su equipo de trabajo se encuentran estudiando la reacción favorable de algunos pacientes, quienes luego de haber recibido el tratamiento varias veces de manera consecutiva, reflejan una mejoría permanente.

Montes también afirma que inyectada superficialmente y en dosis pequeñas, esta toxina puede regular las glándulas sebáceas que están desorganizadas y que producen ciertas condiciones como la rosácea.

“Tenemos casos de pacientes que una semana después de ser inyectados con bótox, el problema les desaparece por completo”, asegura Montes.

Sonrisa hermosa

En su larga carrera como ortodoncista, el doctor Mario Polo  siempre ha recibido en su oficina personas con despliegue excesivo de las encías al sonreír. 

Para algunos esto no representa un problema, pero muchos buscan una solución a esta situación. El experto menciona que esta condición además de limitar a la persona de manera funcional, también limita en cierto grado la estética.

Aunque por muchos años sabía que existía esta condición y no tenía un remedio efectivo para trabajarla, en el 2000 comenzó a inyectar bótox en algunos pacientes para contrarrestar la contracción muscular. La investigación la realizó en su oficina médica en Hato Rey y pronto comenzó a ver los resultados.

“Llevé a cabo un estudio piloto entre 2001 y 2002 con cinco pacientes y obtuvimos unos resultados marcados. Eso me llevó a publicar un artículo sobre esa investigación en el American Journal of Orthodontic and Dentofacial Orthopedic. Una vez se publicó ese primer artículo, tuve un acercamiento por parte del personal de Allergan, manufactureros de bótox”, recuerda Polo.

A raíz de las conversaciones que tuvo en aquel momento, entre el 2005 y 2007 llevó a cabo un estudio más formal y abarcador para ver si este procedimiento era estadísticamente afirmativo. Las conclusiones fueron diseminadas en la mencionada publicación. 

“Los resultados fueron tan positivos que se  desencadenó a nivel mundial un interés grandísimo en este asunto. Hoy día he dado múltiples conferencias a nivel mundial sobre el tema, he publicado otros artículos en tres revistas de cirugía plástica. Usualmente recibo muchas consultas a través de internet para asegurarse de localización y la dosis correcta”, menciona Polo.

El ortodoncista menciona que el efecto puede durar entre tres y cuatro meses. No obstante, al suministrar el medicamento, el profesional de la salud debe ser muy cuidadoso, pues un descuido puede hacer que los músculos se relajen de manera extrema y la sonrisa puede verse afectada porque cae el labio excesivamente.

“La localización de las inyecciones y la dosis depende del patrón que la persona tenga. En este momento tengo cuatro dosificaciones que se ajustan a las necesidades de los pacientes”, explica Polo.

Considerable mejoría

La incontinencia urinaria producto de la vejiga hiperactiva refractaria es una de las condiciones que ha encontrado en el bótox uno de los mejores remedios. 

Y es que según la Sociedad Internacional de Incontinencia una persona debe orinar un promedio de ocho veces en un periodo de 24 horas. Pero las personas que sufren de esta condición pueden orinar hasta 30 veces al día, lo que les impide hacer viajes largos, limita su vida social y hasta afecta su desempeño laboral. 

El urólogo  Jorge Luis Rivera Herrera explica que luego de someterse a tratamientos sin éxito –que constan de control en la ingesta de líquidos y uso de medicamentos- el bótox se convierte en una opción para aquellos que no pueden alejarse demasiado del retrete.

La FDA aprobó en el 2011 el uso de la toxina botulínica tipo A (Bótox)  para el músculo de la vejiga llamado detrusor. 

“Se puede hacer en la oficina o en la sala de operaciones. Utilizamos un instrumento que se llama cistoscopio, que llega directamente a la vejiga y se inyecta en aproximadamente  20 áreas específicas con una cantidad mínima. Se utiliza una aguja especial para esto. Hacemos  un mapa de  puntos estratégicos donde se va a inyectar la solución. Se aplica medio cc a cada una de las zonas”, explica Herrera.

El procedimiento toma aproximadamente 20 minutos. Luego que el paciente se va para la casa se le ofrece un astringente urinario o antibiótico para minimizar el riesgo de infección de orina, que es la reacción adversa más común. El efecto de este tratamiento puede durar entre seis y nueve meses, variando entre pacientes.

“No es una cura, pero sí es un tratamiento que mejora la condición y con esto la calidad de vida de un paciente”, explica Herrera.