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Uso indiscriminado de estimulantes en estudiantes universitarios

El proyecto, desarrollado durante los años 2013 y 2014 con estudiantes de 23 años o más, es el primero en su tipo realizado en Puerto Rico | El Nuevo Día /Puerto Rico (Thinkstocl)

El proyecto, desarrollado durante los años 2013 y 2014 con estudiantes de 23 años o más, es el primero en su tipo realizado en Puerto Rico | El Nuevo Día /Puerto Rico (Thinkstocl)

Entre el 18 y el 20% de los jóvenes aceptó haber utilizado medicamentos estimulantes del sistema nervioso para mejorar su rendimiento atlético y su capacidad de estudio

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Un estudio del Recinto de Ciencias Médicas entre estudiantes de los primeros tres años de programas doctorales de Farmacia, Medicina y Medicina Dental arrojó que el 75% (dos terceras partes de la población que participó) había utilizado algún tipo de estimulante para mejorar su rendimiento y capacidad de estudio. El 82% indicó que tenía mucho estrés y que los exámenes eran su mayor estresor.

Asimismo, el 20% dijo que utilizaba bebidas energizantes y el 70% consumía café como una práctica social. Mientras que entre el 18 y el 20% de los estudiantes aceptó haber utilizado medicamentos estimulantes del sistema nervioso. También se encontró que los medicamentos estimulantes fueron recetados por un médico. En la mayoría de los casos, los participantes indicaron que los comenzaron a utilizar en la universidad (49.5%).

Los resultados, presentados el miércoles por investigadores de las Escuela de Farmacia y la Escuela Graduada de Salud Pública, forman parte del estudio Evaluación del uso de estimulantes y bebidas energizantes en estudiantes de los programas doctorales de Farmacia, Medicina y Medicina Dental de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Ciencias Médicas.

El proyecto, desarrollado durante los años 2013 y 2014 con estudiantes de 23 años o más, es el primero en su tipo realizado en Puerto Rico, señaló Mayra L. Vega Gerena, catedrática auxiliar del Departamento de Práctica en Farmacia, de la Escuela de Farmacia y coautora del estudio. Es, además, el primero con estadísticas locales sobre el uso de estimulantes entre estudiantes universitarios.

"Como aportación directa a la academia, el estudio proporciona datos que permitirán profundizar en el análisis de estas prácticas entre la población universitaria", explica Vega, tras resaltar que se busca proponer iniciativas creativas de mercadeo social dirigidas a atender estresores identificados por los estudiantes entrevistados que les inducen a usar medicamentos estimulantes y/o bebidas energizantes. También se busca clarificar conceptos erróneos sobre efectos a corto y largo plazo a la salud e integridad de quienes los usan y "ayudar al estudiante a manejar presiones, ansiedad causada por las actividades académicas y vida universitaria, además de la competitividad y expectativas de éxito académico, entre otros aspectos".

El proyecto, indicó Vega, que forma parte de las actividades del Componente Sicosocial de la Escuela de Farmacia, tiene como objetivo "fomentar la reflexión crítica entre estudiantes, docentes y público invitado al discutir y dar a conocer temas de prioridad en la salud pública del país, presentar impacto y alternativas para lidiar con estos asuntos y problemas".

La investigación se hizo a través de un cuestionario enviado a 604 estudiantes, que fue contestado por 398 (para un 65% de participación), explicó el doctor Arnaldo Torres, director del Programa de Demografía de la Escuela de Salud Pública, quien estuvo a cargo de analizar las estadísticas.

Problema de salud pública

La realidad es que se trata de una tendencia en aumento, tanto a nivel universitario como escolar, según ha advertido la Organización Mundial de la Salud (OMS). De hecho, el consumo de sustancias psicoactivas es considerado un problema mundial que afecta sobre todo a los adolescentes y jóvenes adultos.

Precisamente, la profesora Vega destacó que en los últimos años se ha observado un aumento en el abuso de estimulantes, especialmente en la población juvenil y se ha visto la tendencia de que los estudiantes consumen medicamentos estimulantes para mejorar su rendimiento atlético y su capacidad de estudio. Estos medicamentos se pueden obtener cada vez con más facilidad porque los estudiantes que tienen receta médica para obtener los mismos, los venden o comparten con terceros gratuitamente.

Uno de los problemas, señaló la profesora, es que hay muy poca investigación sobre el uso de medicamentos y estimulantes fuera de Estados Unidos. Por ejemplo, dice que solo encontraron un estudio de este tipo realizado en Colombia y ahora el del Recinto de Ciencias Médicas.

"Nuestro estudio surgió por la preocupación de que se trata de un problema social que está tomando auge en la población juvenil y que es una modalidad adictiva y perjudicial para la salud", agregó Vega, quien destaca que también se han desarrollado recomendaciones para atender la situación.

Para la nutricionista Cynthia Santiago Díaz, de la oficina de la Secretaria Auxiliar para la promoción de la Salud, del Departamento de Salud (DS), se trata de un problema de salud pública que se debe atender y destacó que la posición del DS es desalentar esta práctica por todos los efectos nocivos que tiene para la salud.

"A través de los años, cuando han surgido situaciones particulares (como la muerte de un joven estudiante por el uso de bebidas energizantes hace unos años), hemos enfatizado en la educación para que se conozcan los efectos de utilizar bebidas energizantes, así como de otros tipos de estimulantes", indicó Santiago en una entrevista telefónica.

En el caso de las bebidas energizantes, destacó que aunque dan la sensación de que ayudan a promover mayor concentración o quitar el agotamiento, es algo momentáneo en lo que el cuerpo metaboliza el azúcar. Además, del riesgo de que se mezcle con alcohol, lo cual parece que es una práctica común entre los jóvenes.

"Las personas con problemas cardiovasculares o neurológicos pueden tener unos efectos que hasta le pueden causar la muerte, además de los efectos nocivos de la alta ingesta de azúcar", alertó la funcionaria. También resaltó los efectos a nivel psicológico y físico que pueden llevar a la persona a la dependencia y el riesgo que hay de mezclar estas bebidas con alcohol o medicamentos.

"Es una situación preocupante y para el DS es un tema que a nivel de la secretaría se ha tocado mucho por el impacto que tiene en la salud pública. (En el caso de los universitarios), son estudiantes que conocen y saben los efectos de los medicamentos, así que sigue siendo un problema de salud pública que hay que atenderlo", afirmó Santiago, al tiempo que resaltó que estos jóvenes serán profesionales de la salud en el futuro. "En el Departamento de Salud estamos adiestrando profesionales de la salud y todas sus divisiones trabajan alineadas con la academia. Queremos llevar el mensaje de que apoyamos cualquier iniciativa (investigativa) de este tipo y estamos en la mejor disposición de colaborar".

La profesora Vega también señaló que con este trabajo se quiere alertar sobre tendencias emergentes "ante las que los centros docentes del país deben tomar acción para proponer políticas públicas institucionales, fortalecer o modificar programas de prevención y alertar a los sistemas de educación público y privado".

Efectos dañinos

En su presentación, la profesora Vega indicó que según el National Institute of Drug Abuse, los medicamentos estimulantes actúan "aumentando los niveles de dopamina y noradrenalina en el cerebro".

La dopamina es un neurotransmisor que está asociado al placer, movimiento y atención. Debido a su efectividad en aumentar la atención o mantenerte alerta, estos medicamentos se utilizan mayormente para tratar el Desorden de Déficit de Atención e hiperactividad en niños y adultos.

Estos medicamentos están clasificados como del tipo II por la Drug Enforcement Administration (DEA), debido a su alto potencial de abuso. La agencia federal ha indicado que utilizarlos sin supervisión médica puede afectar la salud del paciente que los utiliza, ya que en dosis elevadas pueden aumentar el riesgo de presentar efectos adversos o incluso desarrollar complicaciones cardiacas.

Pero uno de los problemas es que muchos no ven el uso de estos estimulantes como un problema, señala el psicólogo Billy Santiago, quien tiene práctica privada en adicción y ofrece charlas sobre este tema.

"Es una situación que está muy minimizada. Muchos de los estudiantes que usan estimulantes son de alto rendimiento y tienen la presión de salir bien en sus exámenes, así que los utilizan porque lo ven como una fácil solución para mantenerse estudiando por mucho tiempo", advirtió. Y para lograrlo, dijo que utilizan medicamentos estimulantes así como otros tipos de anfetaminas y hasta sustancias ilícitas. "A los pacientes que se les receta los ayuda (porque tienen un problema de déficit de atención o hiperactividad). Pero cuando lo usas porque quieres estudiar por nueve horas, o trabajas durante el día y tienes que estudiar de noche, se corre un riesgo de salud grande", advirtió Santiago, quien cree que cuando los estudiantes salen bien en sus clases, esto les refuerza que pueden seguir usando ese mecanismo.

"El riesgo de adicción es real, además deotros problemas serios de salud. Estos estimulantes quitan el sueño y disminuyen el apetito. Así que estas personas no duermen y tampoco comen bien y bajan de peso", alertó el psicólogo, tras indicar que sabe de casos que llegan a desarrollar rasgos psicóticos y pérdida de realidad.

Cabe resaltar que las dosis recetadas por los médicos a pacientes que necesitan estos medicamentos son bajas al principio y se aumentan gradualmente hasta lograr un efecto terapéutico, se indica en la página del National Institute on Drug Abuse. Pero destacan que cuando se toman en dosis o por vías no recetadas, los estimulantes pueden aumentar la dopamina en el cerebro de manera rápida y altamente amplificada, como lo hacen la mayoría de las demás drogas de abuso, trastornando la comunicación normal entre las células del cerebro, produciendo euforia e incrementando el riesgo de adicción.

Mientras que las bebidas energizantes contienen cafeína, taurina, guaraná, vitaminas, suplementos herbarios y azúcar u otras endulzadoras, según la información que se hizo durante la presentación de los hallazgos del estudio. Y su consumo puede aumentar el riesgo de desarrollar una sobredosis por cafeína debido a que contienen de 80 a 141 mg de cafeína por 8 onzas, lo que equivale a cinco onzas de café o a dos latas de doce onzas de bebidas carbonatadas que contienen cafeína.

Por eso, a juicio del psicólogo Billy Santiago, la mejor opción para los estudiantes es programarse adecuadamente para que puedan estudiar sin la necesidad de utilizar estimulantes porque hacerlo es "como venderle el alma al diablo".

"Va a tener una gratificación inicial pero a largo plazo va a tener problemas de salud serios", alertó Santiago, quien resaltó que son estudiantes que viven dentro de la cultura de que tienen que salir bien "sí o sí" y que esto los empuja a usar estos mecanismos.

En ese sentido, recomendó orientar a los consejeros de las universidades y a las personas que están en contacto con estudiantes para que estén alertas a estas situaciones. Pero también destacó el posible uso de cocaína y otros tipos de anfetaminas o metanfetaminas, aunque dice que esta última todavía no ha llegado a Puerto Rico. "Pero es cuestión de tiempo (que llegue)", agregó, tras insistir en la importancia de educar y que los estudiantes se pregunten si es justo estudiar bajo los efectos de las anfetaminas.

Los demás investigadores de este estudio - Jessica Correa Santiago, Pharm.D.; Deborah Loperena Badillo, Pharm.D. y Veva Pérez Reyes, Pharm.D; Arnaldo Torres Degró, Ph.D. y Jose J. Hernández Muñoz, Ph.D-, indican en el escrito que el estudio abre puertas a futuras investigaciones tanto dentro del Recinto de Ciencias Médicas, como en otras universidades de nuestro país. "Recomendamos ampliar este estudio con estudiantes de otras universidades y compararlos con los estudiantes de nivel superior con el fin de realizar intervenciones dirigidas a estas poblaciones".