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Turistas adoptan palmas de cera en Salento

Marino Toro, ecologista y guía turístico, dirige una especie de ritual en el que los viajeros siembran plántulas de palma de cera / Foto El Tiempo/Colombia/GDA

Marino Toro, ecologista y guía turístico, dirige una especie de ritual en el que los viajeros siembran plántulas de palma de cera / Foto El Tiempo/Colombia/GDA

Mientras disfrutan los bellos paisajes, los viajeros ayudan a conservar una especie en peligro en la zona colombiana de Quindío

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Los turistas que visitan la población de Salento, en el departamento de Quindío, en Colombia, no solo podrán disfrutar del bello paisaje cafetero, proclamado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 2011.

También podrán contribuir a la preservación de la palma de cera, el árbol nacional que caracteriza al Valle del Cocora, uno de los sitios más visitados de la región. En el restaurante "Bosques de Cocora Donde Juan B" se ingeniaron una campaña de repoblamiento de palma de cera, hace cinco años, al identificar que esta especie podría desaparecer en el futuro.

Marino Toro, ecologista y guía turístico, cuenta que durante este tiempo más de 3.000 turistas, provenientes de 72 países, han adoptado y sembrado el mismo número de árboles.

Cada viajero –sigue Marino– participa en una especie de ritual en el que se le entrega una plántula y se le orienta para que escarbe la tierra, la siembre y la riegue con agua. Esa palma llevará su nombre y el adoptante podrá ir a visitarla cada vez que quiera.

A los turistas también les cuentan que solo gracias a iniciativas como estas se podrá garantizar la existencia de estos árboles, pues muchos están sembrados en predios privados donde predomina la ganadería.

“Hay propiedades privadas donde no hay plántulas en los potreros, pues existe un desequilibrio ambiental. Cuando empiezan a germinar, las vacas y los caballos se las comen”, sigue Marino y explica que por eso se han dispuesto terrenos ajenos a la ganadería –como Bosques de Cocora– donde no solo siembran las palmas: aquí les hacen todo el acompañamiento técnico para que puedan germinar sanas y salvas.

A los viajeros que adoptan estos árboles también les explican que de las 12 variedades de palma de cera que hay en el mundo, en Colombia hay siete; y aquí, en el Quindío, hay cuatro.

Les cuentan también que estos gigantes que adornan la región requieren de mucho tiempo y cuidado para crecer. Las plántulas necesitan de un año para que empiecen a germinar; en los próximos 20 años solo producirán cogollos, que van madurando, y hasta entonces aparecerá el tallo.

“Estas palmas tan bellas que estamos viendo, que pueden medir hasta sesenta metros de altura, tienen entre 70 y 80 años; su expectativa de vida es de unos 200 años”, cuenta el hombre y añade que, además, este árbol es el hogar del loro orejiamarillo, una especie en vías de extinción.

El bello Valle del Cocora. Después de adoptar una palma de cera, los turistas pueden disfrutar de una suculenta trucha –plato típico de la región– servida con un patacón gigante y tostado en el restaurante Bosques de Cocora Donde Juan B.

Y allí los orientan para que puedan disfrutar de las maravillas del Valle del Cocora, uno de los paisajes más bellos de Colombia. Pueden hacer caminatas guiadas o recorridos a caballo en parajes de ensueño.

Más datos en www.valledelcocora.com.co

Teléfono: 321 8317913