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Travesía en bicicleta por Otago

Otago tiene el sendero de biciturismo más popular del sur de Nueva Zelanda. / Foto www.newzealand.com

Otago tiene el sendero de biciturismo más popular del sur de Nueva Zelanda. / Foto www.newzealand.com

El sendero de biciturismo más popular de la región se cruza en parte gracias a un camino que fue, hasta los 90, el ramal de un ferrocarril. Las estaciones se convirtieron en hoteles y los túneles son parte del recorrido

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La noche cayó sobre la estepa del Otago. En el único pub de Wedderburn, un grupo de cinco amigos se reunió para tomar cervezas y hablar de ovejas y curling (suerte de juego de bolos). Hasta el próximo partido, o el próximo concurso de esquila, es la única distracción en este paraje que algún día fue una estación y hoy es un pub en un cruce de caminos. El “resto del pueblo”, por decirlo así, está esparcido por los campos a kilómetros a la redonda. En Wedderburn hay miles de ovejas para cada persona: no es de extrañar entonces que sean el tema de conversación en una noche de pub. Pero por lo general caen algunos extraños que son la verdadera diversión. Se trata de los ciclistas que recorren el Otago Central Railtrail y pasan la noche en cabañas, al lado de la ex estación de ferrocarril.

Dos días y 150 km. La región del Otago cubre buena parte del sur de Nueva Zelanda y lo más curioso es que en su parte central se parece al centro de la Patagonia. El mismo relieve de meseta, la misma vegetación amarillenta, los mismos grandes rebaños de ovejas, las soledades. Temperaturas bien frescas por la mañana y extremas en invierno, con cielos por lo general limpios durante el día. Es este paisaje el que cruza el sendero de biciturismo más popular del sur de Nueva Zelanda. Se trata en realidad un camino de ripio, en excelente estado, que ha sido en otros tiempos un ramal de ferrocarril. El tren circula hoy día solo sobre una parte de su trayecto original para llevar turistas hasta el cañón del Taieri. Sale de Dunedin, una gran ciudad universitaria sobre la costa de la Isla del Sur. En seis horas el convoy va y viene entre la ciudad y el pueblo de Middlemarch, en medio de la estepa, abriéndose paso en el valle cavado por el río Taieri.

Middlemarch es la actual punta de riel. A partir de allí las vías fueron desmontadas y su antigua traza sirve para una travesía de 150 km que se hace por lo general en dos días. La meta es Clyde, que era también el final del ramal.

Como el camino fue abierto para un tren, las subidas nunca son pronunciadas y hay túneles y puentes para atravesar cerros y ríos. Por lo general se arranca desde Middlemarch combinando con el tren, pero por supuesto también se puede empezar por Clyde en el otro extremo, viniendo desde Queenstown y Cromwell, las dos ciudades más cercanas en el centro de la isla. Queenstown es la famosa y muy mediática Capital Mundial de la Aventura. Cromwell, por su parte, es un centro vitivinícola que empezó a ganar cierto renombre en Nueva Zelanda y Australia con vinos que prosperan bajo climas más bien rigurosos como los del norte de la Patagonia. Mount Difficulty es una de las bodegas que se destaca con vinos pinot noir y gris.

Cualquiera sea el punto de partida, lo peor es siempre para el primer día, mientras el segundo es más relajado. En el centro del camino, entre Wedderburn y Oturehua, está el punto más alto: 618 metros. Se sale a 200 metros en Middlemarch y a 170 en Clyde. Por esta razón, los que no están seguros de su nivel de entrenamiento optan por un solo día y salen de Wedderburn. Vayan donde vayan desde allí el camino bajará. Por lo general. ya que el relieve no es uniforme y habrá subidas de vez en cuando. Antes de preparar la bicicleta, no hay que dejar de visitar el pueblito de Naseby, a unos kilómetros de distancia. Un cartel anuncia desde la entrada: “2000 feet above worry level”. Es una especie de Lejano Oeste, con casas que muestran fachadas de madera pintada. La tiendita del relojero está contigua a la del fabricante de botas, pero no pasan vaqueros por su calle principal, sino gente con ropa deportiva, buenas camperas, guantes y gorros. Van a la cancha cubierta de curling Maniototo, para entrenar y estar listos para el invierno, cuando el deporte logra captar más atención que el rugby entre los vecinos de la región.

Caseríos, historia y chocolate. Wedderburn es entonces un punto estratégico a lo largo del Otago Raitrail. La ex estación ha sido transformada en una especie de sala interpretativa. Las cabañas fueron construidas frente a las praderas y grandes galpones, donde habitualmente se concentran cientos de ovejas. Desde temprano por la mañana algunas caras conocidas están separándolas: estaban la noche anterior en el bar. Nada de curling para ese día; será una jornada de trabajo más.

A lo largo del camino, cada 10 km hay un caserío o un pueblo donde se puede parar y comprar bebidas o un par de chocolates (Nueva Zelanda y Australia tienen riquísima producción, artesanal o industrial, y en Dunedin se fabrican los famosos Jaffa, chocolates con gusto a naranja).

En dirección hacia el oeste, el primer tramo es el más exigente. Se suben unos cien metros de desnivel hasta el punto más alto del trail. Por lo general las bicicletas de alquiler están muy bien preparadas y mantenidas, y son modelos adaptados a este tipo de travesía. Aún con poco entrenamiento, es una hazaña al alcance de -casi- todos, jugando con los piñones. La recompensa está a 12 km, en Oturehua, un caserío construido en torno a la estación, convertida en un hotel rural. La principal atracción entre el puñado de casas de madera con techos de chapa pintada es el negocio de ramos generales Gilchrist and Sons. Un poco por descuido y otro poco para incentivar las visitas, el interior y sus estantes han quedado en el mismo estado que cuando fue construido, en 1902. Se dice que es el negocio más antiguo de Nueva Zelanda todavía en actividad en el mismo rubro. Conserva algunos objetos no vendidos que hoy son piezas de colección: latas de cookies que celebran la coronación de Elizabeth II o el fin de la Segunda Guerra Mundial con la figura de Winston Churchill. Vende de todo un poco y tiene un rincón de guías de turismo y otros de artículos para ciclistas, ya que el negocio se ha convertida en una parada esperada a lo largo del Railtrail.

A pocos giros de pedal de ahí hay un museo histórico que convoca un público más bien local. Se trata del Hayes Engineering, un taller que empezó fabricando artesanalmente herramientas agrícolas y se convirtió en una de las mayores empresas del sector en Nueva Zelanda. La granja de la familia Hayes y su maquinaria son recuerdos de principios del siglo XX, cuando la región apenas empezaba a ser colonizada.

Resistencia a prueba. El Railtrail sigue, bajando por lo general pero subiendo de vez en cuando para poner a prueba la resistencia de los ciclistas. Saliendo por la mañana, se llega antes del mediodía por parajes que se llaman Ida Valley y Auripo. A esta altura del camino se pasa por un par de túneles y es recomendable tener una linterna (o el celular con suficiente batería) para las partes centrales, que son bien oscuras. También se pasa un par de puentes por encima del río Manuherikia (el Taieri quedó sobre la vertiente opuesta, del otro lado de Wedderburn).

Para los que no se animan al camino en 2 días, la estación de Omakau es una opción para la noche. Tanto este pueblo como el de Ophir, a 2,5 km, cuentan con algunos hoteles. Parecen megápolis al lado de Wedderburn y de Oturehua, aunque tengan solo una calle central que los cruza de par en par. El circuito sigue luego hasta Alexandra y Clyde, los dos pueblos más al oeste del antiguo ramal. Oturehua estaba a 500 metros de altura; Lauder a 333. A partir de allí siguen unos 20 km de bajada entrecortada por algunas pequeñas subidas, mientras los últimos 15 km son más bien planos. y luego de un día entero de travesía se hacen sentir como una feroz subida para quien sea un ciclista promedio. Una vez más, la importancia de tener una buena bicicleta hace la diferencia, tanto como tener buenas piernas.

Varias empresas se dedicaron al alquiler cuando fueron desmontadas las vías en los años 90. Una de las más grandes es Trail Journeys, que tiene una impresionante logística a lo largo del camino, con minivans y trailers, y un gran taller de mantenimiento y preparación de sus rodados. La empresa ha sido creada por un ex campeón de cricket, un deporte que desencadena pasiones en Australia, Nueva Zelanda y otras ex colonias británicas pero que es más bien una rareza o una incógnita -a elección- en el resto del planeta. Shayne O'Connor acompaña a veces en persona a sus grupos de clientes, con un equipamiento futurista: ropa ajustada al cuerpo, casco perfilado con una linterna adherida como si fuese una Gopro y una bici que se parece a un prototipo para algún campeonato de mountain bike.

Mientras se devuelven las bicicletas sobre la plataforma del trailer de Shayne, el atardecer está llegando. Pronto será de noche. El cricket tal vez será tema de conversación en el pub de Wedderburn. ¿O se hablará de nuevo de esquila, de ovejas o de algún punto de curling? Lo que sí es seguro es que la noche se parecerá con total seguridad a la del día anterior. Y a la día siguiente. Lo único que cambiará es la cara de algún ciclista de paso. Si es que no está demasiado cansado y prefiere tirarse sobre la cama apenas llegado.

Nueva Zelanda en la web: www.newzealand.com