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Simetría sobre mármol blanco que atrae turistas

El Taj Mahal es la exaltación en mármol de una pasión que fue obsesión y tragedia / Foto Pixabay

El Taj Mahal es la exaltación en mármol de una pasión que fue obsesión y tragedia / Foto Pixabay

Casi cuatro millones de turistas llegan anualmente al Taj Mahal, lo que lo convierte por mucho en el lugar más visitado de la India

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Apenas 200 kilómetros de ruta asfaltada separan a Delhi de Agra, la ciudad donde se encuentra el maravilloso Taj Mahal. Levantado a orillas del río Yamuna y convertido hoy en una de las nuevas maravillas del mundo moderno, el Taj Mahal es un mausoleo concebido estéticamente como un palacio por el genial arquitecto Ustad Ahmad Lahori, que lo diseñó guardando celosamente sus proporciones. Así, por ejemplo, su altura es igual al ancho del plinto sobre el que está levantado, al tiempo que la altura de su doble bóveda es igual a la de la fachada. Esta brillante simetría queda, sin embargo, empalidecida por la sensación que provoca el mármol blanco que reviste sus formas y que varía sus tonalidades con las primeras y últimas luces del día.

El nacimiento del Taj Mahal está ligado a una trágica historia de amor que tuvo por protagonistas al emperador Sah Jahan y la princesa Mumtaz Mahal, unidos por una irrefrenable pasión a la que el destino decidió poner imprevisto final con la muerte de ella, tras dar a luz al decimocuarto hijo de la pareja. Angustiado, el emperador quiso cristalizar su dolor con una ofrenda póstuma propia de los cuentos de hadas. Así fue como ordenó a sus súbditos levantar un inmenso monumento que albergara la tumba de su esposa. El emperador llevó adelante la ciclópea empresa durante 17 años de trabajos, desde 1631 hasta 1648, hasta que al fin pudo ver su homenaje plasmado en el Taj Mahal.

Casi cuatro millones de turistas llegan anualmente al Taj Mahal, lo que lo convierte por mucho en el lugar más visitado de la India. Transformada en un ícono promocional del turismo, su estructura principal descansa sobre una gran plataforma rectangular en cuyas esquinas se levantan cuatro altos alminares construidos con una leve inclinación hacia fuera para evitar que caigan sobre el edificio en caso de terremoto. Justo en el centro de estos alminares y dentro de una gran bóveda, se encuentra la tumba de la princesa Mimtaz Mahal. Hasta ella, en lentísima procesión, se acercan los visitantes, una hilera de curiosos que serpentea sobre los alrededores, sube y baja escaleras, hasta llegar al sitio donde descansan los restos de esa mujer por la que toda la maravilla cobra razón. Definido alguna vez por el poeta indio Rabindranath Tagore como una lágrima en la mejilla del tiempo, el Taj Mahal es la exaltación en mármol de una pasión que fue obsesión y tragedia.