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Ringo Starr volvió a armar su fiesta musical entre amigos

Unas 5.000 personas llegaron a ver a Ringo Starr and his All Starr Band este martes a Movistar Arena en su segundo concierto en Santiago | Foto: El Mercurio

Unas 5.000 personas llegaron a ver a Ringo Starr and his All Starr Band este martes a Movistar Arena en su segundo concierto en Santiago | Foto: El Mercurio

El histórico baterista dio esta noche en Santiago otro de los shows de grandes éxitos calados que son la marca registrada de Ringo Starr and his All-Starr Band, ante unas 5.000 personas en Movistar Arena

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Con la alineación de músicos de distintas generaciones que trae consigo en vivo, Ringo Starr tiene cómo apelar a la historia. A la historia de Chile, sin ir más lejos. Si fuera necesario explicar a las nuevas generaciones cómo era escuchar la radio FM pop y rock de los años 80 en ese país, el mejor ejemplo sería asistir al show de Ringo Starr and his All-Starr Band. Una colección de hits de la década de los 60 a los 80 en modo random.

Eso es a estas alturas el espectáculo del legendario baterista de los Beatles, quien inició hace 26 años este grupo de integrantes siempre variables, y es lo que mostró este martes en Movistar Arena, en su regreso a Chile tras su debut en 2011.

La versión 2015 del elenco incluye a gente con experiencia en músicos tan variados como, en orden de aparición en la historia, Santana, Toto, Journey, Mr. Mister y David Lee Roth, entre otros, al punto de que en el concierto de Ringo Starr el cancionero de los Beatles es sólo un elemento más del repertorio.

El personal contratado de partida es garantía de solvencia en el escenario. Ahí están desde la derecha el cantante Todd Rundgren, de bandas como Nazz; el bajista Richard Page, dueño de un buen catálogo de éxitos como líder de Mr. Mister; Steve Lukather, sensacional guitarrista y cantante de Toto, uno de los grupos más sólidos del rock estadounidense de la década de los 70 y 80; y Gregg Rolie, aquí y ahora, ni más ni menos que ese organista que deja el alma en las versiones de "Soul sacrifice" o "Evil ways" que Santana toca a su histórico paso por Woodstock en 1969.

El saxofonista Warren Ham y el baterista Gregg Bissonette, con horas de vuelo junto a David Lee Roth y Joe Satriani entre otros, completan este equipo de sesionistas profesionales.

Y están al servicio de Ringo Starr. "The legendary one" ("el legendario"), lo llama Page en su momento. "El jefe himself", agrega Lukather en spánglish para rendirle más honores. Y es cierto que el jefe inicia el show en plan protagónico, al centro del escenario y a cargo de la voz en "Matchbox", "It don't come easy" y "Wings", las tres primeras canciones. Pero luego cede ese protagonismo, que a contar de la cuarta canción empezará a rotar en partes iguales por los demás músicos de la banda mientras Ringo se sienta en la batería.

Ahí aflora todo el carácter FM ochentero del show. Tal como resultaba al cambiar la radio de la Infinita a la Concierto o de la Galaxia a La Ciudad, esta noche suenan en Movistar Arena una canción de Santana ("Evil ways") al lado de una de Toto ("Rosanna"), una de Mr. Mister ("Kyrie") y una de los Beatles ("Don't pass me by"). O una de Toto ("Africa"), una de Santana ("Oye como va"), una de los Beatles ("I wanna be your man") y una de Mr. Mister ("Broken wings"). La arbitrariedad es la única conexión entre tanto éxito calado, pero al mismo tiempo, y salvo las desafinaciones impresionantes que perpretra a todo volumen el saxofonista cuando canta en los tonos altos de las canciones de Toto, la ejecución es impecable.

A sus 74 años, la consabida simpatía de Ringo Starr está intacta en sus saludos y constantes signos de paz y amor que regala con los dedos en V. Y aunque el baterista comparta en buena medida el primer plano que podría detentar en un concierto así, algo de la magia de conocer a un auténtico Beatle, en persona, a metros de distancia, aparece cuando enuncia una frase tan simple como: "Ésta es la primera canción que canté con los Beatles", antes de presentar "Don't pass me by". Y el efecto es todavía mayor en los segmentos más de vieja escuela, cuando Ringo canta "Matchbox" o "Honey don't", del precursor rocanrolero Carl Perkins, y lo que suena es estilo rockabilly de primera generación; o cuando canta y toca "I wanna be your man" sentado en la batería en una imagen histórica en sí misma.

Dos himnos completan el cancionero de la noche, "Yellow submarine" y "With a little help from my friends", este último guardado para el final y pegado con unos segundos de "Give peace a chance", de Lennon con la Plastic Ono Band. Para entonces, tras dos horas casi exactas de show, queda claro además cómo están borradas las fronteras generacionales que alguna vez existieron entre músicos como estos.

En vivo acaban de tocar el organista de la primera banda de rock latino de la historia en los hippies años 60, el guitarrista de una banda símbolo del pop rock de los 70, el bajista de un grupo de la generación new wave de los 80 al lado de un baterista que en los mismos años figuraba en los videoclips del más payaso de los rockeros del heavy metal, David Lee Roth.

Todo al mando del baterista de los Beatles en persona. Da lo mismo, ahora son todos colegas. La Ringo Starr and his All-Starr Band vende estrellato desde su nombre, pero pocas veces se ve tan claro en un show que, más que estrellas, estas personas son trabajadores.