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Putin invita a Kim Jong-un a Rusia

 El presidente ruso, Vladímir Putin / EFE

El presidente ruso, Vladímir Putin / EFE

El Presidente ruso está usando la conmemoración del fin de la II Guerra para crear nuevas alianzas

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El interés de Kim en la historia del siglo XX tal vez parezca curioso para un dictador cuyas mayores obsesiones son los juegos de video, el básquetbol, la música de Eric Clapton y conservar el poder a través de una brutal represión estalinista.


Sin embargo, su asistencia a la ceremonia en Moscú no tiene nada que ver con la historia real y sí todo que ver con el poder internacional. Esto es parte de una tendencia inquietante en la que se echa mano a los hechos del pasado con fines políticos. El aniversario podría ser una celebración de paz; en cambio, se ha convertido incluso en otra fuente de fricción entre Rusia y Occidente. Los hechos que marcaron el fin de la guerra en 1945 se han vuelto un sombrío reflejo de las crecientes hostilidades en 2015.


Putin invitó a todos los "representantes de los países de la coalición contra Hitler" a la ceremonia. Corea estuvo bajo el control japonés antes y durante la guerra; la Unión Soviética le declaró la guerra a Japón en agosto de 1945 e invadió el norte de Corea. Pero al invitar a Kim, Putin casi ha asegurado que otros países, entre ellos EE.UU. y Gran Bretaña, no participen de las celebraciones del Día de la Victoria en Rusia el 9 de mayo.


Luego de enfrentar las críticas por sus acciones en Crimea y Ucrania y quedar sometida a sanciones económicas, Rusia está buscando nuevos amigos. Tiene puestos los ojos en los recursos mineros de Norcorea y va a necesitar la ayuda de Pyongyang para construir un gasoducto hasta Corea del Sur. Si, como ha prometido, el líder norcoreano aparece en Moscú en mayo y los líderes occidentales no lo hacen, será la señal más clara de la buena disposición de Putin para mirar al este si sigue siendo rechazado por Occidente.


Mal reconocidos


La victoria en la Gran Guerra Patriota se celebra cada año en Moscú con un desfile militar en la Plaza Roja, pero hay una extendida percepción en Rusia, avivada por el Kremlin, de que el rol que jugó la Unión Soviética en esa victoria no se reconoce debidamente en Occidente.


Para los vecinos de Rusia, la victoria aliada en 1945 no es un motivo de celebración porque marcó el momento en que los estados bálticos, Polonia y gran parte de Europa del Este, fueron forzados a entrar en el bloque soviético de Stalin. Estonia y Lituania ya manifestaron que no asistirán a las celebraciones del 9 de mayo; es probable que Letonia y Polonia hagan lo mismo.


La II Guerra fue una experiencia global de transformación. Los aniversarios de sus hechos clave -heroicos o trágicos- deberían ser ocasiones de conmemoración universal. Todos los líderes del mundo deberían estar representados en la ceremonia de Auschwitz, igual que todos deberían asistir a la parada del Día de la Victoria de Moscú. Convertir esas ceremonias en una instancia para un desaire o un boicot, para anotar goles diplomáticos basados en las preocupaciones políticas modernas, es un insulto tanto para las víctimas como para los vencedores.


"La tragedia de Auschwitz es una amarga advertencia para la humanidad para siempre... podemos preservar nuestra civilización solo si dejamos de lado nuestras diferencias menores y cerramos filas contra el enemigo común como los hicimos durante la II Guerra Mundial". Jamás fueron más ciertas esas palabras. ¿Y quién las dijo? Vladimir Putin, hace 10 años, para el 60º aniversario en Auschwitz.