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Perú Andino: tesoros de altura

La ciudad secreta de los incas, enclavada entre montañas, es mejor visitarla con un guía local para conocer la historia del lugar / Foto Pixabay

La ciudad secreta de los incas, enclavada entre montañas, es mejor visitarla con un guía local para conocer la historia del lugar / Foto Pixabay

Cuzco, Machu Picchu y el Lago Titicaca son tres puntos que forman el triángulo de Oro Inca

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Con una extensión equivalente a la de Francia, España y Portugal juntas, no es de extrañar que Perú cuente con una variedad de paisajes y culturas inigualables: del Amazonas a los Andes o a los desiertos costeros, y de la populosa Lima, con sus 10 millones de habitantes, a las pequeñas islas Uros en el lago Titicaca, donde viven apenas un par de familias.

Pero para el viajero que pisa por primera vez la tierra en la que se levantó el Imperio Inca, casi siempre Machu Picchu, Cuzco y el Lago Titicaca son el principal destino. No en vano, esta región fue el epicentro de una cultura extraordinaria que aún se conserva en la lengua de sus habitantes, en las ruinas arqueológicas, en su gastronomía y en su cultura.

Cuzco. La antigua ciudad colonial, y actual capital turística del Perú, es punto imprescindible de cualquier viaje a Perú. Su casco histórico, levantado por los conquistadores españoles sobre las ruinas Incas, pasa por ser una de las ciudades coloniales mejor conservadas del mundo. Está situada a unos 2,600 metros de altura, por lo que es recomendable tomar precauciones para evitar el mal de altura al llegar.

Descansar y no hacer ejercicio el primer día, además de comer ligero, tomar té de coca y quizás alguno de los medicamentos locales (como sorechepill) son recomendaciones muy útiles para evitar sorpresas desagradables por la altura. Se recomienda pasar varios días en la ciudad, tanto para poder aclimatarse como para aprovechar los atractivos de su casco histórico y de sus alrededores como Machu Picchu, destino imperdible.

La ciudad vive del turismo y el viajero se verá acosado por vendedores de viajes, tours y restaurantes, entre otros. En muchos casos es recomendable negociar los precios, hasta un límite razonable, aunque en cualquier caso los precios de los restaurantes y excursiones suelen ser bastante asequibles. Una buena opción para el día de llegada puede ser utilizar el servicio de paseo en bus turístico y evitar así la fatiga de caminar a esta altura.

Hay varias compañías que hacen un recorrido completo de la ciudad por unos 5 dólares. Existe otro servicio que hace una excursión extendida a las ruinas que rodean la ciudad como la ciudad de Saqsaywaman o el centro Tambo Machay. Para entrar en todos los recintos se debe adquirir el Boleto Turístico de Cusco, emitido por el ayuntamiento local, (www.cosituc.gob.pe) que cuesta 39 dólares e incluye el acceso a destinos fuera de la ciudad como Ollantaytambo.

La visita libre es también muy fácil para quienes no se desanimen antes las cuestas, ya que la zona histórica de la ciudad es relativamente pequeña. Cualquier visita debe comenzar por la Plaza de Armas, rodeada de casas porticadas y presidida por la Catedral, a la que se accede con el Boleto Integral Religioso (http://cra.org.pe/) que por 9 dólares da acceso también a otras joyas religiosas de la ciudad como el Museo Arzobispal, el Templo de San Blas y el de San Cristobal.

Para despejarse de la historia y al arte, una visita muy atractiva es el Mercado Central, cuyos compradores son mayoritariamente locales, pero que es famoso entre los viajeros por sus jugos de frutas. En las calles aledañas los cusqueños compran y venden todo tipo de productos y la oferta de restaurantes modestos o chifas (fusión de comida china y peruana) es buena y barata.

Los atractivos del casco histórico y sus alrededores son muchos, por lo que pernoctar al menos dos noches en Cuzco es lo mínimo. Otro punto de interés son el Museo Histórico Regional, el Museo Inka o el barrio bohemio de San Blas. Tomar un pisco, y degustar el cuy, una especie de roedor local o comprar bufandas de alpaca son otras actividades típicas y tópicas, pero muy agradables.

Puerta de Machu Picchu y el Valle Sagrado. Machu Picchu, totalmente desconocida hasta finales del siglo XIX, es para muchos el clímax de un viaje por el Perú. Es posible visitarla en el día tomando un tren desde Cuzco, que tarda tres horas El precio ronda los 200 dólares ida y vuelta, a lo que hay que sumar el precio de la entrada que es de 38 dólares para el viajero extranjero Info: www.machupicchu.gob.pe. En ambos casos es recomendable comprar tren y entrada con días de antelación, e incluso con semanas si además de la ciudadela se piensa subir hasta el pico Hayna-Pichu.

La ciudad secreta de los incas, enclavada entre montañas, se puede visitar de forma individual aunque es mejor hacerlo con un guía local para conocer la historia del lugar, ya que apenas existen paneles informativos dentro. La temporada alta (junio/agosto) recibe hasta 2,500 viajeros, lo que hace que parezca un poco un parque temático. En invierno el clima es muy lluvioso, pero a cambio la experiencia puede ser mágica e íntima.

Los viajeros con más tiempo y buen físico tienen la opción de llegar caminando, recorriendo el Camino del Inca, un camino de unos 40 kilómetro entre Cuzco y la ciudad sagrada que requiere de tres o cuatro días durmiendo en tiendas de campaña. Algunos viajeros también optan por pasar la noche en la localidad Ollantaytambo, a medio camino entre Cuzco y Machu Picchu, para visitar sus ruinas y hacer que el trayecto en tren sea menos pesado. Además, la ciudad de OllantayTambo está conectada con la ciudad sagrada y Cuzco en autobús, un medio que resulta muchos más barato que el tren.

Puno, puerta del lago Titicaca. A seis horas en autobús de Cuzco, en la orilla del lago Titicaca y a 4,000 metros de altura, Puno es muy conocida por sus fiestas de La Candelaria (en febrero) y su folclor, y por ser punto de partida para las excursiones al Lago Titicaca. En la ciudad es posible visitar la Catedral, la casa del Corregidor, hoy uno de los mejores sitios para tomarse un pisco o dormir en el Yavari, el barco de vapor más antiguo del lago que fue trasladado desde el Reino Unido, hoy convertido en un bed and breakfast flotante.

Cada mañana salen de su puerto excursiones de uno o dos días para visitar las islas y comunidades que viven en el lago navegable a más alto del mundo. El recorrido típico de dos días suele incluir una visita a las Islas Uros, unas plataformas artificiales construidas con cañas que se desplazan sobre el agua, y en el que habitan comunidades indígenas que ahora viven principalmente del turismo. En su origen era una forma que tenían algunos pueblos de huir de sus atacantes en tierra firme.

Las excursiones suelen incluir una pernoctación en las islas de Amantaní y Taquile, a varias horas en barco de Puno, donde se suele convivir con las familias locales en habitaciones realmente modestas, muchas sin ducha ni baño. Una oportunidad para conocer la cultura Quechua y Aimara, o al menos lo que queda de ella.

En la isla de Amantaní se pueden visitar dos centros ceremoniales, el de Pachamama y Pachatata, además de cenar con la familia receptora y, en ocasiones, asistir a un baile tradicional. Los cielos estrellados de noche y el azul intenso de los cielos a esta altitud son dos atractivos inigualables.

Viajar en grupo suele tener el problema de tener una agenda marcada sin demasiada libertad para disfrutar de la soledad y el contacto con los locales, pero existe la posibilidad de viajar solo a las islas en barcos regulares, que usan los lugareños, aunque para ello es preciso informarse en ese caso de horarios y posibilidad de alojamiento. Los precios oscilan entre los 40 y los 100 dólares por persona por los dos días.