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Quién es Patrick Modiano, el escritor que sorprendió en el Nobel de Literatura

Modiani abandonó los estudios tras el bachillerato, y, apoyado por Raymond Queneau, amigo de su madre, se puso a escribir / AP

Modiani abandonó los estudios tras el bachillerato, y, apoyado por Raymond Queneau, amigo de su madre, se puso a escribir / AP

No figuraba en las listas de los críticos europeos en la antesala del galardón, pero la Academia decidió reconocer su mirada de la ocupación alemana en Francia con el máximo premio de la literatura universal 

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Se hablaba con insistencia del turno de África, con autores como el keniano Ngugi wa Thiongo o el somalí Nuruddin Farah. O que era hora de pagar la deuda con un ya anciano Milan Kundera, más aún en el año de su regreso a las librerías. O que tal vez ahora sí podía ser la oportunidad para el japonés Haruki Murakami o el sirio Adonis, dos que ya se pueden colgar el cartel de "eterno candidato".

Todo eso sonaba en el entorno de los críticos literarios europeos en las horas previas a la entrega del Premio Nobel de Literatura, que finalmente quedó en manos que no se mencionó mayormente en esos círculos: El francés Patrick Modiani -quien sí figuraba en el tercer lugar de apuestas de Ladbrokes-.

"El arte de la memoria con el que ha evocado los destinos humanos más inasibles y desvelado el mundo de la ocupación", fue el factor por el cual la Academia dijo haberse inclinado por el galo, aludiendo a novelas que abordan los años de la invasión alemana en Francia, durante la Segunda Guerra.

Porque ésa es la característica principal en los relatos de Modiani, un arqueólogo de la memoria que ha descrito como pocos la vida en París, sobre todo de los años cuarenta, y quien firmó una obra singular y propia, en la que se cruzan la novela policial y la romántica.

La falta de cariño durante la infancia sería su obsesión de toda la vida, y uno de los tópicos que ha cruzado a cerca de 30 novelas llenas de melancolía y misterio. Entre ellas El lugar de la estrella, la primera que publicó en 1967, con solo 22 años de edad.

Sólo cinco años más tarde, con 27 años de edad, ya comenzaban a caer los premios, como antesala de un recorrido que finaliza este 9 de octubre de 2014: Primero, el Gran Premio de Novela de la Academia francesa por Los bulevares periféricos (en 1972), y luego el premio Goncourt por Calle de las tiendas oscuras (1978). En 1996, sería el turno de uno mayor: El Gran Premio Nacional de las Letras de Francia, por el conjunto de su obra.

Desde esos inicios, este escritor intranquilo y de perfecta cortesía ha conquistado también al público con sus ficciones, entre ellas Dora Bruder (1997), Un pedigrí (2005), En el café de la juventud perdida (2007), La hierba de las noches (2012) y Para que no te pierdas en el barrio, su novela número 28, que acaba de publicarse en francés.

En ella, el autor vuelve a navegar en los recuerdos. Una cita de Stendhal anuncia el tono de este paseo por el pasado sobre el que planean el abandono, los secretos y una difusa amenaza: "No puedo dar la realidad de los hechos, sólo puedo presentar su sombra". Un resumen perfecto del universo de Modiano.

Tal es su arraigo entre los franceses que de sus libros hasta nace un neologismo, "modianesco", usado a veces para designar a un personaje o una situación en claroscuro, ni lógica ni absurda, a mitad de camino entre dos mundos, entre luz y sombra.

Modiano ha señalado que cuanto más misteriosas son las cosas más interesantes son. "He intentado incluso hallar misterio donde no lo había", admite en "Un pedigrí", texto autobiográfico y "esqueleto" del resto de sus libros, según explicó.

Por esa razón nunca se sabe de dónde exactamente provienen sus personajes, a veces recurrentes de un libro a otro, ni lo que realmente piensan, confundidos entre pasado y presente.

El universo de la Francia ocupada

Es la ocupación alemana durante la Segunda Guerra Mundial el mundo que más ha nutrido a este escritor de 69 años de edad, que construyó novelas como Reducción de condena, Barrio perdido o Villa triste en torno a aquel período. No lo conoció de primera fuente, por cierto, pero eso no fue impedimento para que supiera expresar desde muy temprano algo que se convertiría en obsesión nacional: La relación necesariamente complicada de Francia con la guerra y la colaboración con el ocupante alemán.

En ello incidió en parte su origen: Su padre, Alberto Modiano, fue un judío alemán vinculado a la Gestapo y al mundo delictivo, que en 1942 conoció a una joven actriz belga, Louisa Colpeyn, en París. Tres años más tarde, el 30 de julio de 1945, nació su primer hijo, Patrick, quien vivió una infancia vagabunda y solitaria, con largos períodos de pensionado. Su hermano menor, Rudy, murió en 1957: El novelista le dedicó sus primeros libros.

Patrick diría luego con ironía que su madre tenía el corazón tan seco que su perrito, desesperado ante tanta indiferencia, se suicidó arrojándose por la ventana. A los 17 años de edad, ante tanta dureza e inconsecuencia, decidió no ver nunca más a aquel padre odiado, que está en la mira de varios de sus libros. Cumplió su promesa hasta que Alberto falleció, en 1977.

Modiani abandonó los estudios tras el bachillerato, y, apoyado por Raymond Queneau, amigo de su madre, se puso a escribir. "No tenía ni 20 años, pero mi memoria era anterior a mi nacimiento", ha dicho. También sus dificultades en la expresión oral, su discreción y su indiferencia ante los honores, que le llevó a rechazar el ingreso en la Academia Francesa.

Amante de las noticias policiales, casado desde 1970 con Dominique Zehrfuss y padre de dos hijas (Zina, directora de cine, y Marie, cantante y escritora), no vive retirado del mundo, como demuestra su gusto por el cine. En 1974, escribió junto al cineasta Louis Malle el guión de la película Lacombe Lucien, que cuenta la historia de un adolescente en la Francia de 1944, y que fue un éxito de taquilla.

Y es también autor de otros guiones, así como de un ensayo junto a Catherine Deneuve sobre la hermana prematuramente desaparecida de la actriz, Françoise Dorléac. Jurado en 2000 del festival de Cannes, también es autor de letras de canciones como "Etonnez-moi Benoît!", interpretada por Françoise Hardy, y publicó además un libro de diálogos con el ensayista Emmanuel Berl (“Interrogatorio”).