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Pasear entre barcos hundidos

El Kittywake se encuentra en las aguas de las islas Caimán

El Kittywake se encuentra en las aguas de las islas Caimán

Las ofertas turísticas que prometen excursiones en zonas de naufragios para explorar restos de navíos ganan cada vez más adeptos

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En el fondo del mar todavía resuenan ecos de incontables naufragios. Los barcos hundidos atesoran historias reales, tesoros imaginados, memorias de batallas, tempestades endemoniadas o arrecifes traicioneros.

La buena noticia es que el buceo en barcos hundidos dejó de ser una aventura inalcanzable para convertirse en una variante del buceo deportivo, que permite asomarse a mundos asombrosos en compañía de expertos.

“Bucear en naufragios despierta muchas emociones, es apasionante y desafiante a la vez. Cada barco hundido es como un museo que permite echar un vistazo al pasado y otorga mayor espectacularidad al buceo”, señala Jimena Ramírez, instructora de la Escuela Fénix (www.fenixbuceo.com.ar), que desde hace 20 años se dedica a esta actividad en Argentina, con distintas certificaciones nacionales e internacionales.

Ramírez explica que en los últimos años el buceo en pecios o naufragios se ha transformado en una actividad cada vez más buscada, al punto que se incluye en la mayoría de las excursiones. Antes de las salidas, para grupos desde 6 y hasta 15 personas, es imprescindible realizar cursos de capacitación, como el básico Open Water Diver (buceador de aguas abiertas) y el curso avanzado que habilita para incursionar en buceos profundos y naufragios, así como en la identificación de peces y preservación del medio subacuático.
 
Accidentes y no tanto

“No existe un registro de naufragios en el mar argentino, ya que el comercio marítimo siempre fue muy intenso. Muchos de esos barcos se hundieron en forma accidental, mientras que otros fueron hundidos a propósito. En cualquier caso, es posible encontrar restos de naufragios en todos los mares del mundo”, indica Ramírez.

En el caso de la Escuela Fénix, las inmersiones se llevan adelante mayormente en las costas del sur argentino. En Las Grutas visitan el barco Don Félix, ubicado a 5,5 kilómetros de la costa y a 23 metros de profundidad, con un arrecife artificial creado a partir de su hundimiento. Otro de los clásicos es el buque Albatros, pesquero de 30 metros de eslora hundido intencionalmente en septiembre de 1998 frente a las costas de Puerto Madryn, con una profundidad máxima de 25 metros y la mínima de 15 metros.

A medio kilómetro de estas mismas costas se accede también al naufragio Folias, encallado en la playa hace 20 años atrás, luego de sufrir un incendio a bordo. El barco tiene 60 metros de eslora y según Ramírez es uno de los más interesantes de Argentina; aunque al estar expuesto a las marejadas y temporales, presenta sectores deteriorados. Tiene una profundidad máxima de 11 metros y una mínima de 7.
Fuera del país también visitan el navío El Pingüino, hundido en 1968 frente a las costas de Angra do Reis, en Brasil. “Se puede explorar todo el naufragio, pues su estructura está en muy buenas condiciones, a 18 metros de profundidad. Es el que más recomiendo y el que más disfruto por su majestuosidad y estado de conservación, igual que el Albatros, en Madryn”, señala.
 
Divinos tesoros

Para Hugo Sorbille, instructor de la Escuela Actividades Subacuáticas Argentinas, desde hace 36 años, el buceo en barcos hundidos también despierta infinidad de fantasías relacionadas con los tesoros que trasladaban las antiguas embarcaciones en la época de la Conquista y de la Colonia, cuando se transportaban cargamentos de oro, plata, perlas y esmeraldas desde América hacia Europa, que se hundieron junto a los galeones.

Sin embargo, de aquellos viejos naufragios cargados de tesoros ya no queda nada a la vista. Sus cascos eran de madera y la mayoría fueron tapados por la arena. Los que sí pueden visitarse son aquellos más modernos, con cascos de hierro, que se preservan hasta el presente.
“Nosotros realizamos inmersiones en el mar Rojo, considerado una de las mecas de esta actividad por la cantidad de barcos que hay en el fondo del mar, desde el siglo XIX hasta hoy”, explica Sorbille.

También, cada cuatro o cinco años, Sorbille viaja a Truk Lagoon, un complejo de islas en Micronesia, otro de los centros típicos del buceo en barcos hundidos. “En la Segunda Guerra Mundial, los estadounidenses le devuelven la atención de Pearl Harbor a la armada imperial japonesa y le hunden 60 barcos y le destruyen 250 aviones en ese lugar, que hoy se transformó en un paraíso de buceadores. Uno de los clásicos es el Thistlegorm, un barco inglés hundido en ese período. Todavía pueden verse los camiones, las tanquetas, los rifles y las municiones que transportaba”, refiere.

Otro de los clásicos es el Orión, que naufragó frente a las playas del estado de Santa Catarina, en Brasil, hace un siglo. Los restos de barcos más antiguos que se conocen se remontan a 2.500 años atrás, contemporáneos a la Guerra de Troya. “Son una verdadera cápsula del tiempo”, dice Sorbille.

Navíos perdidos

√  El más grande: el SS President Coolidge, en las aguas de Vanuatu, en el Pacífico sur. Tiene docenas de vías marcadas que son perfectas para buceadores principiantes, de nivel medio y expertos.

√ El ideal para los fans de las motos: el SS Thistlegorm, hundido en el mar Rojo, cerca de Sharm el Sheikh, en Egipto. Es un barco de guerra británico que todavía tiene la mayor parte de su carga abordo: camiones Bedford y motos Norton 16H.

√ El especial para los que no bucean: el Eduard Bohlen se hundió en 1909 en la Costa de Esqueletos, en Namibia. Ahora está a 800 metros lejos del mar, en una zona alcanzada por las arenas del desierto, en una región conocida como el “cementerio de barcos”.
Fuente: www.redbull.com