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Niños colombianos en Apure deben pasar un río para estudiar

Son muy pocos los que pasan por el puente, pues al estar cerrado el paso no hay transporte público/ Foto: Captura El Tiempo

Son muy pocos los que pasan por el puente, pues al estar cerrado el paso no hay transporte público/ Foto: Captura El Tiempo

Los menores deben pasar el río Arauca en lancha ante decisión de ese país de cerrar frontera

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Desde las 5:30 a. m., los niños colombianos que residen en la vecina población de El Amparo (estado Apure) estuvieron haciendo fila en el denominado paso de las canoas para poder llegar a Arauca, lugar en el cual estudian.

Allí, cada uno debe mostrar el carné del colegio para que los guardias venezolanos les permitan abordar las canoas.

Hasta el martes pasado, muchos de ellos era traídos por sus papás en motos, pero la decisión del gobierno del presidente venezolano, Nicolás Maduro, de cerrar la frontera, no les dejó otra alternativa que acudir a los botes.

Son muy pocos los que pasan por el puente, pues al estar cerrado el paso no hay transporte público.

El gobierno del vecino país solo permite que lanchas venezolanas puedan pasar a los menores.
"Esta mañana hicimos seis viajes. Pasamos 105 niños", contó Andrés Bravo, encargado de la lancha que moviliza a los menores.

De acuerdo con él, el consejo comunal de El Amparo financia el paso de los niños, por los que no se les cobra.

Pero el problema es especialmente para los estudiantes pequeños, pues a sus padres les da temor dejarlos pasar solos en los botes. Nadie usa chalecos salvavidas y el río tiene unos 200 metros de ancho.

"Yo no voy a dejar pasar a mi hija sola", dijo Maria Isabel, quien al llegar a territorio nacional desde Venezuela contó que es colombiana, pero que su esposo es un guardia de ese país retirado. Mientras apresuraba a su pequeña hija, agregó: "Me anotaron y me dijeron que si no volvía hoy, cuando regresara me arrestaban".

Según María Patiño, antes de dejarlos abordar la lancha les anotan el nombre, número de cédula y la dirección donde residen en El Amparo.

La historia del paso de la canoa se vuelve a repetir al mediodía, cuando la misma lancha de Bravo recoge a los estudiantes que terminan sus clases y trae a los de la jornada de la tarde.

En la noche, de acuerdo con el responsable del bote, el último viaje se da sobre las 6:30 p. m. porque la oscuridad no permite ver los troncos que lleva el espeso río y existe el riesgo de que la embarcación se volteé.

Claro que en la noche del miércoles, casi sobre las 6:45 p. m., tuvo que venir por una adolescente que salió tarde de clases. Varios vecinos del lugar tuvieron que gritar y hacer señas para que la lancha pasara. Y lo hizo.