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Mujer cuenta cómo se volvió alcohólica y pudo superarlo

 Mujer cuenta cómo se volvió alcohólica y pudo superarlo / El Mercurio/Chile/GDA

Mujer cuenta cómo se volvió alcohólica y pudo superarlo / El Mercurio/Chile/GDA

Pasó de ser una dulce adolescente a vagar ebria y drogada por las calles. Su historia es un ejemplo de superación

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¿Qué puede llevar a una persona a perderse en el alcohol? ¿Qué provoca el que uno decida evadirse de la realidad a través de las drogas?

Según Becky Edwards, que pasó 20 años sumida en el alcohol y las drogas tiene que ver con culpas, pena y la incapacidad de resistir el dolor.

Cuando tenía 9 años, pasó de tener una vida feliz en el campo a un infierno. ¿La razón? la enviaron a un internado. Fue tan grande el impacto que no paraba de llorar, pensando que de esa forma su madre la rescataría. Pero sus constantes súplicas no fueron escuchadas, solo causaron mucha tensión en la familia.

La situación no mejoró y cuando estaba a punto de cumplir los 11, su padre reunió a la familia y anunció que se divorciaría de su madre. “No sólo fue un shock para mí y mis hermanas. Mi madre, al parecer, no sabía nada. Pensé que era mi culpa y se me partió el corazón”, comentó la mujer de ahora 36 años al Daily Mail, quien dio su testimonio como una forma de hacer tomar conciencia del daño que pueden provocar el alcohol y las penas de la vida.

Relató que al divorciarse sus padres obtuvieron la custodia compartida, pero su papá insistió en que ella y sus hermanas vivieran con él.

“Echaba de menos tanto a mi mamá que me escapé para estar con ella y me negué a volver a casa. Papá se puso furioso e insistió en que volviera, pero yo me negué. Durante los próximos 15 años nunca más hablamos”, relató.

Comenzó, entonces, a vivir constantes cuadros de angustias y a pesar de que se cambió a una escuela cerca de su madre, pasó de ser una brillante alumna a una verdadera pesadilla en clases. No era para menos.

A los 12 años empezó a oler aerosoles para tratar de borrar el dolor que le provocaba la relación rota con su padre. A los 13, comenzó a robarse las botellas de alcohol de su casa y a tomar en su habitación. A los 14, se emborrachaba en la calle con extraños.

“Muchas veces me arrestaron por estar ebria y me dejaron en una celda hasta que se me pasara o mi mamá me fuera a buscar”, contó. Por supuesto, que su mamá vivía devastada y preocupada, al punto que casi no dormía haciéndole guardia para que no saliera a vagabundear, pero nada.

Ni ella ni su amoroso padrastro, como dijo, podían impedir que ella se siguiera lastimando. A los 16, abandonó definitivamente el colegio. “Me gradué con el cannabis, la velocidad y el éxtasis, que compraba con el dinero que le robaba a mi madre, padrastro o cualquier visita que pasaba por la casa”, asumió Becky Edwards.

Entonces, sus días los comenzaba con una lata de cerveza, luego dos botellas de vino, tres litros de cerveza, para seguir con tres litros de sidra y la mitad de un botella de vodka. A los 17 era una alcohólica declarada.

La llevaron muchas veces al doctor para ayudarla, pero fue para peor. Los antidepresivos prescritos y las pastillas para dormir la hicieron pensar en el suicidio. “Ya no podía cuidar de mí y creía que el futuro no existía para mí”.

Tanto así, que a los 18 años le rogó al médico que le hiciera una histerectomía. No quería tener hijos ni ser mujer. “No quería nada, ni siquiera existir”. Decidió irse de la casa y vivir en un albergue. “Me sentía tan desapegada de la vida normal, que sólo quería estar con las personas que bebían. Mi mamá y mi padrastro me alentaban a ir a casa, y cuando iba siempre encontraba un abrazo y comida caliente”, recordó.

Cambio de vida

Finalmente, Becky Edwards a los 27 vivía en las calles y ya no sólo consumía alcohol sino que también cócteles de metanfetamina, y como no trabajaba, se dedicaba a robar las botellas en los supermercados. Pero todo tiene un límite.

El punto de inflexión se produjo el 2007, cuando intentó suicidarse tomando 100 pastillas de Valium. En medio de su inconsciencia, llamó a su mamá por el móvil que ella le había dado. En ese instante comprendió.

“Eso es todo, ya he tenido suficiente, por favor, ¡ven a por mí, mamá!”, le dijo. Como las otras veces, su madre no dudó y la rescató. 24 horas después, fue internada en una clínica de rehabilitación. Al principio, como era de esperar, sufrió los síntomas severos de abstinencia alcohólica, quiso irse pero no le hicieron caso.

Es que era su última oportunidad para cambiar. Y lo hizo. En las sesiones de terapia de grupo admitió lo afectada que se había sentido por el divorcio de sus padres y la culpa que cargaba, pero también descubrió que tenía una disposición genética hacia el alcoholismo.

Después de seis meses de rehabilitación y un año más de vida, salió sobria y empezó a trabajar junto a su madre en las casas de cuidado que tiene, y hacer cosas normales, como ir de compras, cocinar y lavar.

“Me dejé crecer el pelo, empecé a usar ropa femenina y socializar con otras mujeres. Poco después de mi cumpleaños número 30, conocí a Graham, un conductor de taxi. Lo primero que le dije cuando me tomé su auto es que era una alcohólica en recuperación, le conté mi historia y me invitó a salir”, relató.

Al poco tiempo y sin prejuicios estaban planeando una vida juntos. El tenía ya una hija de 15 años, pero el ser madrastra le encantó. Con sorpresa, quedó embarazada y pesar de su historia de alcoholismo y un embarazo de alto riego, tuvo a su primer hijo.

Le costó una breve depresión ser madre, pero su confianza fue creciendo. Tres años más tarde, nació su segundo hijo. “A los 36 años, he recorrido un largo camino. Hice las pases con mi padre, le pedí disculpas por mi comportamiento y él me aseguró que el divorcio no fue mi culpa”.

Actualmente, trabaja como voluntaria en un servicios de SOS Bus, donde asiste a personas que beben demasiado o necesitan ayuda médico o emocional durante la noche.

“Agradezco el amor incondicional de mi madre que nunca me abandonó y me ayudó a superar mis demonio. Ahora entiendo el amor feroz de una madre.

Sin duda, tener a mis hijos ha sido una maravilla y poder ver la felicidad de mi madre y Chris es algo que me alegra la vida completamente”, contó Becky Edwards, ahora ex alcohólica y madre de familia.