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Males por abuso de computadoras y teléfonos inteligentes

Consejos para elegir correctamente un smartphone / El Comercio/Perú/GDA

Personas utilizando smartphone / El Comercio/Perú/GDA

Conozca algunas de las consecuencias en los ojos, los músculos, los ligamentos, las articulaciones y las vértebras

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Hay personas que viven conectadas a un dispositivo electrónico hasta 16 horas al día: hacen llamadas, chequean mensajes de manera compulsiva, juegan y navegan. Esta conducta obsesiva y en muchos casos adictiva pasa factura: los ojos, los músculos, los ligamentos, las articulaciones y las vértebras pueden verse afectados a mediano o lago plazo.

Aquellos que pasan todo el tiempo escribiendo con los pulgares, la mirada fija en una pantalla y la espalda encorvada, desconocen que esta actividad aparentemente inocua conlleva el desarrollo de sifosis (jorobas), retracciones en ligamentos de los dedos, tensiones musculares y alteraciones en algunos nervios que pueden quedar atrapados dentro de sus estructuras, como ocurre con el síndrome del túnel del carpo.

Pero estos no son los únicos males: también pueden acabar afectando a sus tendones, generando problemas como el síndrome de Quervain (en los pulgares), epicondilitis (inflamaciones en codos y otras articulaciones) y calambres, entre otros.

Sandra Barrero, fisioterapeuta de la Universidad Nacional, afirma que están apareciendo “problemas en el cuello, alteraciones de columna, deficiencias visuales y estrés” como consecuencia del uso excesivo de teléfonos inteligentes. “Es un problema social, laboral y familiar”, dice.

En la medida en que estos ajustes corporales se convierten en malas posturas -muchas inconscientes-, pueden crear desequilibrios o sobrecargas, señala la fisiatra Olga Lucía Estrada, quien explica que estos padecimientos generan a su vez retracciones, dolores e, incluso, inmovilidad.

Para Mariana Tovar, especialista en medicina física y rehabilitación, la forma de evitar las reacciones neuronales, musculares y de ligamentos que ocasionan los malos hábitos, es con estiramientos, antes y después de usar el celular.

Diferentes estudios sugieren que el número de personas con miopía en el mundo ha aumentado un 35 por ciento desde la masificación del teléfono inteligente.

Esto podría explicarse por el hecho de que las letras en las pantallas no son estáticas, y producen un microcentelleo (de cerca de 80 Hz) casi imperceptible al ojo, pero no para el sistema ocular en su conjunto.

Los ojos también sufren

“Las personas necesitan tener una frecuencia de parpadeo para intercambiar la lágrima del ojo -dice el optómetra Julio Guzmán-. Cuando están muy concentradas mirando en la pantalla, esta tasa de parpadeo se reduce en una tercera parte, lo que altera las condiciones anatómicas de la córnea, produciendo fatiga visual, pues el ojo no está cómodo. Aquí aparecen los problemas de ojo seco y otros defectos de refracción, como las miopías ocupacionales”.

El experto agrega que mirar a un punto próximo de forma permanente altera la capacidad de acomodación del ojo, que es el mecanismo que este órgano tiene para poder enfocar.

La ansiedad es otra de las respuestas del organismo ante este fenómeno. La conexión ininterrumpida con los dispositivos móviles puede llevar a una persona a sentir fobia cada vez que no tenga consigo su aparato o manifestar angustia cuando esté desconectado. Los más obsesivos llegan al extremo de sentir que su dispositivo vibra de forma permanente, envían mensajes de texto mientras duermen o son incapaces de apagarlo.

El primer estudio que llamó la atención sobre el tema fue llevado a cabo por el Gobierno británico en el 2008, cuando se encontró que el 56 por ciento de los hombres y el 48 por ciento de las mujeres sufrían nomofobia (en inglés no-mobile phobia o fobia a estar sin móvil). En el 2012, un estudio de SecurEnvoy reveló que la cifra de afectados había aumentado hasta alcanzar el 77 por ciento de los individuos de entre 18 y 24 años, y al 68 por ciento en la franja de 25 a 34 años. Cuatro de cada diez de los encuestados cargaban dos celulares para no quedarse desconectados nunca.

El psiquiatra Rodrigo Córdoba ratifica esta fobia, e insiste en que los adictos al teléfono con frecuencia se distraen fácilmente, sufren un sueño disruptivo, tienen tendencia a mentir a sus amigos y familiares acerca del uso del teléfono y pueden llegar a ser depresivos. “Estas tecnologías son útiles, pero cuando traen dificultades de orden personal y laboral, puede haber algo más profundo, y hay que buscar ayuda”, puntualiza.

Mantener a raya las secuelas digitales

-Antes de dormir, evite su teléfono: la luz brillante que emite la pantalla inhibe la producción de melatonina, una hormona que induce al sueño.

-Deje el cargador en la casa para obligarse a usarlo con moderación.

-Vincúlese a actividades divertidas donde no pueda usar su celular.

-Antes y después de utilizar los dispositivos, haga ejercicios de calentamiento: flexione el cuello hacia abajo, y después inclínelo a los laterales; lleve los hombros hacia atrás; doble y estire los brazos y, por último, abra y cierre las manos varias veces, lanzando con fuerza los dedos. Todo en series de 10 repeticiones.

-Por cada 60 minutos al frente de la computadora, permanezca 10 de reposo: levántese, mire a través de la ventana, parpadee y relájese.