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Imágenes y sensaciones convergen en Delhi

Calle de Delhi / Foro Pixabay

Calle de Delhi / Foro Pixabay

Delhi es un hervidero urbano habitado por más de 15 millones de personas, que contiene dentro de sus difusos límites a la ciudad de Nueva Delhi, formalmente la capital de India

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La India es una introducción sin prólogo a un mundo asombroso. Cada rostro, gesto, olor, rincón y color invita a la fascinación. Confundido entre la razón y el sinsentido, el viajero se maravilla con los inciensos de aromas exquisitos en el altar de alguno de los numerosos dioses del panteón hinduista; el cuerpo repleto de colores de los penitentes sadhus; el paso cansino de las vacas sagradas errando por las calles en busca de comida que casi nunca encuentran; los eunucos danzando y pidiendo limosna en vagones repletos; la prodigiosa anarquía de las rutas sin leyes de tránsito. Un bombardeo de imágenes y sensaciones del que ningún visitante sale indemne.


Para la mayoría de los turistas la puerta de entrada a este mundo es la populosa Delhi, un hervidero urbano habitado por más de 15 millones de personas, que contiene dentro de sus difusos límites a la ciudad de Nueva Delhi, formalmente la capital de India.

Connaught Place, un sitio de manzanas circulares y calles concéntricas, constituye el corazón de Nueva Delhi. Diseñado hace más de 80 años por el célebre arquitecto inglés Edwin Lutyens, Connaught Place fue alguna vez un modelo urbano, pero hoy sufre el embate del tiempo y el más brutal abandono. Casas de frentes descascarados, pilas de basura en los rincones y veredas con pozos jamás cubiertos son postales repetidas de ese laberinto invadido a toda hora por cientos y cientos de personas.

Así como Connaught Place es el corazón de Nueva Delhi, el mercado de Chandni Chowk lo es de la vieja Delhi. Con algo más de tres siglos de historia, este mercado es el más antiguo y el mayor de la India. Andar por allí es como sumergirse en un océano de aromas dulzones y colores intensos, en el que se ofrecen chiles, legumbres, ajos, frutas secas, dátiles, fideos, yogures, pimientas, jengibre, hinojo, canela, clavo de olor, cúrcuma, cilantro y otros cientos de delicias acumuladas en grandes bolsas en el suelo.

Junto al mercado se levanta la gran mezquita de Jama Masjid, la más importante de la India, cuyo descomunal patio de oración es capaz de albergar a veinticinco mil fieles. Concebida arquitectónicamente como una mezcla de estilos mogoles e hindúes, está construida sobre una colina y cuenta con dos minaretes de más de cuarenta metros de altura, a los que se sube por una escalera de casi doscientos peldaños. Desde allí arriba, la vista de la caótica y maravillosa Delhi resulta conmovedora.


Junto con Jama Masjid, el otro edificio emblemático de la vieja Delhi es el Fuerte Rojo, cuyo nombre alude al color de la piedra con que fue construido. Declarado Patrimonio de la Humanidad en 2007, está rodeado por una muralla de casi siete kilómetros. "No hay lugar más bello en toda la ciudad -asegura Pradip Singh, un guía de profusa barba negra que ofrece sus servicios en la puerta de Lahore, uno de los accesos principales al fuerte-. Empezó a construirse en 1638 y su edificación demoró más de diez años", explica a una pareja de italianos que acaba de contratarlo por cuatrocientas rupias, algo más de cinco dólares según el cambio oficial. Una ganga, teniendo en cuenta que la visita durará por lo menos dos horas.