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Hombres y mujeres tienen distintos motivos para ser infieles

El precio de saberse engañada (o, cada vez más, engañado) oscila entre los $ 350 Y los 2.000 dólares / Foto: Getty Images

El precio de saberse engañada (o, cada vez más, engañado) oscila entre los $ 350 Y los 2.000 dólares / Foto: Getty Images

Ellas suelen ser más astutas, planean bien y entran al hotel en distintos tiempos que sus amantes 

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Un carro con tres mujeres y un hombre a bordo se detiene a metros de un hotel. Ellas son detectives privadas y él su cliente. Están ahí para cerrar un caso de infidelidad. Las detectives tienen fotos y videos que corroboran que la esposa del señor tiene un amante, bastaría con entregar las pruebas y fin del trabajo. Pero él quiere agarrar a su esposa infraganti.

Al rato la esposa y el amante salen del hotel. El cliente no resiste la ira y baja del vehículo, la increpa, la insulta, quiere golpear al amante. Ella no se intimida y ahí, en plena calle, le confiesa que ya no quiere nada con él (al tiempo que le hace una caricia al amante atacado). La tensión aumenta, los gritos también, alguien llama a la policía. Todos terminan en la comisaría.

Así terminan buena parte de las historias de infidelidad que graban en video –desde el carro– las agentes de Detectives Escuadrón Femenino. La mayoría de ellas no necesita más de un día de seguimiento porque para cuando las detectives graban esta última escena, ya saben lo que tenían que saber.

“Todos los casos de infidelidad femenina son confirmados. Definitivamente, las mujeres están sacando los pies del plato”, sostiene Elizabeth Rodríguez, gerente de la agencia.

La tendencia de solicitudes de seguimiento por infidelidad en Detectives Escuadrón Femenino empezó a cambiar hace dos años, cuando los hombres comenzaron a pedir cada vez más este servicio. Hoy representan 70% de la clientela.

Según Rodríguez, esas mujeres que “sacan los pies del plato” tienen entre 35 y 40 años de edad, son financieramente independientes, profesionales, empresarias, conducen sus propios carros, deciden cuándo entran y cuándo salen de su casa.

Y son más difíciles de cazar que los hombres infieles: “Encontrar a una mujer es un poco más complicado. Son más astutas, planean bien, entran al hotel en distintos tiempos que sus amantes”, agrega la detective. (Esto último importa porque la prueba de infidelidad requiere de una imagen –foto o video- de la pareja; de nada sirve registrarla saliendo sola del hotel).

Pero estas precauciones no tienen tanto que ver con la astucia femenina sino con el sentimiento que acompaña a la mujer infiel de la que habla Rodríguez: “Todavía les da un poco de vergüenza y tratan de ocultarlo. Los hombres son más sueltos, abrazan y besan a sus amantes en la calle, no les importa el qué dirán, son machistas”.

Lo que para unos es aceptable, es imperdonable para otras. “En los países machistas se asume que el hombre es infiel por ley. En otras sociedades –como la suiza o sueca–hombres y mujeres están al mismo nivel de infidelidades. Pero en la nuestra, machista y conservadora, se mantiene el prototipo de la mujer sumisa, la que tiene una única pareja en toda la vida. La mujer es fiel porque tiene que serlo y porque es mamá; esos son los valores femeninos”, explica el psicólogo clínico Giovani Díaz.

La observación de Díaz se refleja en la actitud de los clientes engañados que llegan por primera vez a las oficinas de Detectives Escuadrón Femenino. Mientras ellos lucen avergonzados, nerviosos, obsesionados por hablar a solas con Elizabeth (“¿no nos escucha nadie?”); ellas hablan y sufren abiertamente, se muestran más dolidas que avergonzadas y en general acuden después de tiempo de sospechar (y tolerar) la infidelidad.

Y tal vez son esos mismos valores los que están detrás de otra particularidad de la infidelidad femenina que describe Elizabeth: una tendencia a enamorarse, como si para una mujer ser infiel requiriera de buenas razones. “Lo vemos en casi todos los casos. Cuando una mujer es infiel se enamora realmente y hasta pierde la cabeza”.