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Fito Páez se graduó como clásico de Viña, en su cuarta ocasión en el Festival

Fito Paéz en Viña del Mar | Reuters

Fito Paéz en Viña del Mar | Reuters

El argentino se fue una vez más cargado de trofeos, tras ofrecer un show de grandes éxitos ante una Quinta Vergara que llegó hasta el final casi sin deserciones

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Si en la galería de nombres clásicos de Viña del Mar se suelen incluir figuras vinculadas preferentemente a la escena romántica, bueno sería ir ampliando un poco el rango. Porque en su cuarta ocasión en el Festival Internacional de la Canción, Fito Páez demostró que él también es de la casa en la Quinta Vergara, por razones que van mucho más allá de lo numérico.

Ante un público que en las horas previas se daba por mayoritario para la italiana Laura Pausini, el argentino logró terminar su presentación sólo con contados vacíos en las gradas, gracias a un arrastre que en Chile ya está más que demostrado, pero también a una transversalidad que sólo en ocasiones como ésta se hace evidente.

Porque las cerca de diez mil personas que permanecieron hasta las 03:36 de la madrugada (su presentación arrancó a las 02:15) no eran necesariamente radicales del rosarino, sino en gran parte público festivalero que se quedó a disfrutar de su número, porque la opción de irse a casa y dejar de pasar frío en la Quinta, esta vez les resultaba claramente menos atractiva.

Páez respondió con lo que más tiene: Éxitos para dar y regalar, en un continuo abierto con el mayor de todos, "El amor después del amor". Enfundado en un traje rosado, el argentino emergió desde un costado en el estallido de esa pieza, para luego sentarse al piano a seguir desenfundando.

Así pasaron "Circo beat", "Naturaleza sangre", "Al lado del camino", "A rodar mi vida", "Dar es dar" y "Mariposa technicolor", entre otras, interpretadas con fidelidad al original, gracias a una precisa banda de corte rockero y cinco músicos (cifra apenas suficiente ante la grandilocuencia de buena parte de quienes por aquí han pasado y pasarán).

Pero también respondió asumiendo las dinámicas internas como quien se las sabe de sobra. Por ello preguntó si "vamos a volar" cuando vio aparecer a los animadores en escena, y si "vamos a prender fuego", cuando escuchaba que la antorcha debía ser de oro.

"Tengo varias de éstas en casa", dijo ya con stock completo de plata y oro y sin ánimo de fanfarronear, sino más bien de dejar en claro que él aquí tiene su historia. "Otra noche inolvidable en Viña", celebró en el cierre abrazado a sus músicos, mientras desde las galerías bajaba el "Fito, olé, olé, olé". La última canción fue "La rueda mágica", pero no vino desde el escenario, sino desde el palco, donde un grupo de fanáticos, llegando a las 04:00 de la madrugada, se negaba aceptar que el rosarino ya no iba a regresar.