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Embarazo psicológico en los hombres, ¿mito o realidad?

Foto: Bebés y más

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Les dan náuseas, mareos y antojos. Así como en las mujeres, los hombres también pueden percibir los síntomas de un embarazo

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Hombres y mujeres viven el proceso de un embarazo de diferente manera. A pesar de que para ellas es bastante más intenso, no se le debe restar importancia a lo que sienten sus parejas.

Tanto así, que hay algunos hombres que perciben los mismos síntomas que la madre de su hijo. Antojos, náuseas, mareos, alzas de peso, e incluso cambios en el humor, son algunas de las manifestaciones.

Ciertos autores lo describen como “Síndrome de Couvade”, cuyo nombre proviene del francés que significa incubar o criar, pero al no estar certificado por la Asociación Americana de Psiquiatría y Psicopatología, ni por la Organización Mundial de la Salud, no se reconoce como un trastorno. Algo parecido a lo que ocurre con las mujeres que experimentan todos los síntomas del embarazo sin estarlo.

Sin embargo, sucede. Y la prevalencia es cada vez más alta: en los últimos 10 años se han visto muchos más casos, sobre todo en aquellos hombres jóvenes que serán padres por primera vez.

De acuerdo con el psicólogo y director del Centro de Atención de Pacientes de la Universidad Adolfo Ibáñez, CEAP, José Luis Rossi, no hay evidencia suficiente para decir que existe como tal, pero que sí es un caso real, que los hombres sí padecen los síntomas y no es sugestión como se piensa habitualmente.

“Hemos visto hombres que empiezan a padecer los síntomas. Las explicaciones son muchas, una de ellas es el estrés. El que una mujer esté embarazada es un cambio no sólo en su vida, sino que también en la vida de su pareja, y los cambios producto del estrés pueden generar anomalías en la corporalidad del hombre”, explica el psicólogo de la Universidad de Chile.

La mayoría de las veces el estrés en una persona se puede manifestar fisiológicamente, es decir, el sistema nervioso autónomo somatiza ciertas conductas en el cuerpo. Algunas personas engordan, otras adelgazan, o les aparece alergias cutáneas.

Este tipo de estrés, producido por la preocupación excesiva porque la madre y su bebé estén bien, genera una ansiedad que muchas veces puede ser incontrolable, genera nauseas; mareos; sensación de hiperestesia (exageración de los estímulos táctiles); sensibilidad olfativa (a algunos hombres les da asco ciertos tipos de olores); sensación de inquietud y fatiga; y/o aumento de la ingesta de alimento.

Pero no hay de qué preocuparse. La psicología lo define como un padecimiento “normal que está descrito como parte del proceso que ocurre en algunos hombres”, comenta Rossi.

 

¿Cuándo no sería normal? Cuando estos síntomas entorpecen el funcionamiento de la pareja, cuando empieza a generar un sufrimiento significativo en el hombre o cuando pone en riesgo su salud física, como un alza considerable de peso.

En general estos síntomas se resuelven espontáneamente con el parto y prevalece entre el primer y último trimestre del embarazo.

Otras causas

Más allá de la preocupación de un hombre por el bienestar de su pareja y de su hijo que está por llegar, existen otros conflictos inconscientes que tienen que ver con el funcionamiento de la pareja, como la preocupación por ser desplazado o dejado de lado por parte de la mujer a propósito del nuevo integrante.

“En ese caso se debería consultar a un especialista”, advierte el experto.

Otra causa, más severa, es el rasgo de personalidad que puede padecer el hombre. Entre ellas está el de sugestionabilidad, una tendencia a sentirse fácilmente influenciado por otro, y la alexitimia, un trastorno en que las personas no reconocen bien sus estados emocionales y no son capaces de verbalizar sus sentimientos, y son precisamente ellas las que experimentan síntomas físicos en momentos de estrés.

Por otro lado, están los hombres que dicen que padecen estos síntomas, pero que en verdad no es así. A esta manifestación, la psicología lo cataloga como “trastornos ficticio”, es decir, cuando inconscientemente se inventa un síntoma con el objetivo de tener una ganancia psicológica, como la atención de otra persona, sentirse más querido por la pareja o sentir la sensación de “tener alguien a mi lado”.

Este hecho es a propósito y se da en personalidad más infantiles e inmaduras. En palabras simples, “es simular conscientemente los síntomas, pero sin sentirlos”, concluye el especialista.