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Egipto promete volver al esplendor turístico

El Gran Museo Egipcio tendrá vistas hacia las pirámides / Foto Pixabay

El Gran Museo Egipcio tendrá vistas hacia las pirámides / Foto Pixabay

Proyectos faraónicos en la zona de las pirámides y hoteles de lujo en Luxor es lo que esperan construir para recuperar el turismo, luego de la caída de 40%

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Son las 10:30 de la mañana en la planicie de Guiza, en las afueras del Cairo. Prácticamente no se ve a nadie en el complejo que alberga las célebres pirámides de Egipto, aunque la mayor de ellas sea la más grande de toda la historia faraónica y la única de las siete maravillas del mundo antiguo que sigue en pie.

Atrás quedó el récord de 15 millones de visitantes por año registrado en 2010. Eso fue meses antes de la Primavera Árabe, una serie de protestas populares que revolucionaron toda la región. Aquí provocaron la caída de Hosni Mubarak, al frente del gobierno durante tres décadas, y el país lucha desde entonces por combatir el extremismo islámico y alcanzar la estabilidad política.

Las autoridades egipcias, sin embargo, son optimistas. Aseguran que el éxodo masivo comenzó a revertirse en los últimos meses, y trabajan sin descanso en proyectos -literalmente- faraónicos. No es la primera crisis que atraviesa esta cultura milenaria, habituada como ninguna a mirar hacia el futuro. Desde los comienzos de la civilización fue codiciada por sus tesoros, su sabiduría y el lugar estratégico que ocupa en el noreste de África.

A dos kilómetros de las pirámides levantadas hace 4.500 años, un grupo de expertos restaura miles de piezas de la tumba de Tutankamón nunca antes exhibidas. Serán parte del valioso patrimonio que alojará el Gran Museo Egipcio, el más grande del mundo dedicado a una sola civilización, que aspira a recibir cinco millones de visitantes por año. El proyecto realizado por el estudio irlandés Heneghan Peng Architects, de 45.000 m2 con vista a las pirámides, contempla un centro de convenciones, un área comercial con cafeterías, laboratorios de conservación y espacio suficiente para exhibir unos 100.000 objetos antiguos.

“Se inaugurará en 2022 si logramos reunir los fondos necesarios para terminarlo. Hoy es más importante que nunca proteger el patrimonio de la humanidad, especialmente después de lo que ha ocurrido en Siria”, dice Tarek Sayed Tawfik, director general del museo. Se refiere al saqueo arqueológico impulsado por el grupo extremista Estado Islámico (EI) y denunciado por la Unesco.

Egipto sintió ese riesgo demasiado cerca el 28 de enero de 2011, cuando varios saqueadores se llevaron 70 piezas del Museo Egipcio ubicado en el centro del Cairo, frente a la convulsionada plaza Tahrir, mientras un edificio vecino ardía en llamas. La población reaccionó formando un cordón humano alrededor de la institución que alberga las momias mejor conservadas de los faraones y la tumba y los tesoros de Tutankamón; solo la máscara funeraria del faraón, realizada 1350 años a.C., es un objeto de 11 kilos de oro y piedras preciosas de indescriptible belleza.

Promesas de una nueva era. Una belleza similar se observa desde uno de los edificios más altos en El Cairo. Hay que pagar 20.000 dólares la noche para ver el Nilo desde esta Suite Real de 650 m2, en el piso 20 del hotel Marriott, elegida por clientes famosos como Richard Gere. Se ubica en una de las dos torres anexas al Palacio Gezirah construido en 1869 para la inauguración del Canal de Suez, una vía de navegación clave para el comercio global que une el Mediterráneo con el mar Rojo. En agosto pasado, tras una obra de ampliación terminada en apenas un año, fue presentado por el actual presidente Abdel Fattah al-Sisi como “un regalo de Egipto para el mundo”.

La estrategia para reimpulsar la economía local incluye también una campaña de publicidad para recuperar el turismo, la tercera fuente de ingresos del país, que cayó un 40% desde 2010. Recién en julio de este año, asegura el gobierno, las cifras comenzaron a repuntar. “Será un turning point, marcará una nueva era”, promete Khaled Ramy, ministro de Turismo de Egipto, a un grupo de periodistas de distintos países invitados por el gobierno y la AmCham, la Cámara de Comercio estadounidense.

“Lo más importante es enviar al mundo un mensaje de confianza”, opina Cesare Rouchdy, director regional de marketing del Hotel Four Seasons, mientras ofrece vino Scherezade y recomienda vivir la experiencia felluca al atardecer, con una cena para dos y música en vivo. “Este año fue estable respecto del anterior, y en marzo una conferencia internacional trajo inversores en busca de oportunidades -agrega-. Los turistas regresarán en forma gradual cuando los negocios comiencen a crecer”.

Los vecinos de Medio Oriente, según Rouchdy, serán los primeros en volver a esta ciudad que recuerda a Estambul, otro inolvidable puente entre culturas (especialmente en la parte más antigua, donde los mercaderes regatean por tabaco, ropa, lámparas o especias). Luego vendrán los europeos, los latinoamericanos y los estadounidenses, en ese orden. Por último los asiáticos, más tradicionales, que reservan sus programas con mucho tiempo de antelación.

La morada de los faraones. A una hora de vuelo del Cairo, en Luxor, otro bote navega por el único río del país. Con un jacuzzi en la cubierta y varios cuartos donde pasar la noche.

La temperatura comienza a bajar y las luces destacan los célebres templos de Luxor y Karnak, unidos por la impactante Avenida de las Esfinges, de casi tres kilómetros de largo. Es el momento ideal para que los visitantes conozcan la historia de esta ciudad, capital del Antiguo Egipto durante más de mil años.

Entonces fue elegida por muchos faraones como residencia para su vida después de la muerte. Cavada bajo el desértico Valle de los Reyes se encuentra entre más de cincuenta similares la tumba de Tutankamón, la única hallada por los arqueólogos con sus tesoros intactos. No tuvo la misma suerte el templo construido por Hatchipsut, una de las pocas mujeres que llegaron a faraonas, ya que su sucesor mandó a borrar todas las imágenes que representaran a la madrastra que le había usurpado el trono.

“Tenemos a los principales hoteles de lujo, pero necesitamos además un centro comercial con vida nocturna, con buenos bares y restaurantes”, dice el flamante gobernador local, Mohamed Badr, quien se jacta de haber destrabado en pocos meses el canal burocrático para atraer inversores y modernizar esta antigua ciudad sagrada.