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Eddie Redmayne interpreta una historia de amor de Stephen Hawking

Eddie Redmayne | Foto Cortesía

Eddie Redmayne | Foto Cortesía

El artista británico ganó un Globo de Oro por su actuación y todo apunta a que conquistará también un Oscar. Para encarnar al científico trabajó durante cuatro meses en el aspecto físico del personaje

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A pesar de tener buenas credenciales en producciones de peso como Los miserables y de pertenecer a una generación de actores británicos jóvenes muy apetecidos en Hollywood, Redmayne, que acaba de cumplir 33 años de edad, tuvo que convencer al director James Marsh (Man on Wire) de que era la opción más adecuada para interpretar al científico y genio inglés que a los 21 años de edad fue diagnosticado con una enfermedad neuromotora.

“Es como cualquier entrevista de trabajo, uno dice que sería excelente para ese empleo, pero cuando lo consigue se muere del susto”, declaró el intérprete en una suite del Waldorf Astoria en Nueva York.

Redmayne usó ese miedo como incentivo para prepararse. Y el resultado es una actuación auténtica y desgarradora que le valió el Globo de Oro al Mejor Actor de Drama y también la nominación al Oscar.

Basada en el libro Travelling to Infinity: My Life with Stephen de Jane Hawking, su esposa entre 1965 y 1995 que es interpretada por Felicity Jones en el filme, La teoría del todo se centra en los años que la pareja compartió en Cambridge, durante los cuales el científico hizo sus planteamientos más importantes sobre los agujeros negros. También recrea el deterioro físico de Hawking, que hoy, a los 72 años de edad, solo puede mover un músculo cerca de uno de sus ojos.

—¿Qué tan abrumador fue asumir este papel?
—Sentí que lo que estaba en juego era mucho. Primero, porque tenía que interpretar a una persona viva que es un ícono. Y segundo, porque tenía la tarea de representar una enfermedad que es brutal. Luego, está la ciencia, el deseo de ser auténtico en los descubrimientos y pensar que estábamos haciendo una película, que tenía que ser algo que la gente disfrutara. En resumen, sí fue muy abrumador.

—¿Cómo logró que los aspectos físicos de su interpretación no ensombrecieran el aspecto emocional de esta?
—Esta no es una película sobre un defecto o una enfermedad, es una historia de amor única y poco convencional. Antes de empezar a rodar me propuse invertir esos cuatro meses en el aspecto físico, algo parecido a la preparación que uno realiza para una obra de teatro, de modo que cuando tenía que actuar con Felicity solo me tenía que preocupar por interpretar la emoción, el aspecto humano.

—En términos de logística, ¿cómo terminaba tras 12 horas en una sola posición?
—Durante los meses de preparación aprendí a usar músculos que jamás usaba y en formas que nunca lo hacía, así que para el momento del rodaje ya se habían fortalecido. De alguna forma es como hacen los atletas o los jugadores de fútbol. También fui a un médico osteopático. Cada dos o tres días, él me ayudaba a aliviar la tensión. Fue complicado y por momentos doloroso, pero en el proceso de preparación conocí a 30 o 40 personas que sufren de esta enfermedad (esclerosis lateral amiotrófica) y siempre tuve presente que al final del día me podía levantar de la silla de ruedas y que ellos probablemente no lo podían hacer.

—¿Cómo fue el encuentro con Stephen Hawking?
—Estaba muy nervioso. Para entonces ya había hecho la investigación y en mi mente había pasado de ícono a ídolo. Y de pronto estaba frente a él. No sabía qué decir. Pero en lugar de quedarme callado, dije de todo: fue raro porque empecé a hablarle a Stephen Hawking sobre Stephen Hawking. Y él simplemente me miraba. Es una persona muy divertida. Ahora se le dificulta mucho hablar porque solo puede usar este músculo (se toca debajo del ojo derecho). Tiene un sensor en sus gafas que lo interpreta, así que en las tres horas que estuve con él, tan solo pronunció ocho frases. Las palabras son muy pocas, pero lo que emana es casi como ondas sísmicas. Su brillo, su humor, su amor a la vida, sus travesuras, el destello en sus ojos… Eso fue lo que me llevé del encuentro.

—¿Cómo fue el trabajo con el director James Marsh?
—Cuando escuché que James iba a dirigir la cinta pensé que sería muy interesante trabajar con él. Es formidable. Nos dio libertad y tiempo para prepararnos. Gracias a sus antecedentes en documentales ensayamos mucho y eso nos ayudó a añadir textura.

La teoría del todo fue muy bien recibida en el Festival de Cine de Toronto y por los críticos. ¿Ha cambiado su posición en la industria?
—Por ahora me estoy preparando para otro papel, así que no he tenido mucho tiempo de estudiar otras ofertas. Cuando este trabajo termine, tomaré una pausa y veré qué voy a hacer después.

—¿Se refiere a Danish Girl? (la historia del pintor danés Einar Wegener, uno de los primeros en someterse a cirugía de cambio de sexo).
—Es una historia de identidad. De cómo debemos vivir de la forma más auténtica y plena que podamos, aunque sea muy complicado hacerlo. Y lo valiente que fue tomar en esa época (los años veinte) la decisión de ser transgénero. He aprendido mucho de estas personas. Es una historia muy hermosa, con sus propios desafíos.