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Dormir en una cuevaña

Son cinco cuevas forradas de bambú / Foto Cortesía Tosepan Kali

Son cinco cuevas forradas de bambú / Foto Cortesía Tosepan Kali

En Cuetzalan, en México, un desarrollo turístico a cargo de indígenas nahuas tiene casitas ecológicas tipo iglú, en medio del bosque

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Un petate tejido con bagazo de caña se convierte en el mejor colchón y en el único objeto que decora la "cuevaña". Para no pasar frío hay disponibles sleeping bags y unas veladoras para alumbrar esta habitación ecológica en forma de iglú.

A través de la ventana, cubierta con mosquitero, se escucha el despertar de la fauna nocturna, desde la sinfónica de grillos hasta los chillidos de los murciélagos. También el cauce del río, que pasa cerca de la “cuevaña” como un pequeño arroyo.

Todo esto ocurre en Tosepan Kali, un desarrollo ecoturístico creado y operado por indígenas nahuas, a 10 minutos del centro de Cuetzalan, Puebla, en México, que se dieron la tarea de construir cinco cuevas forradas de bambú. Cada una se esparció en la rivera del Cuichat y para no alterar el medio ambiente, decidieron dejar dentro de ellas piedras y raíces que ahora hacen las veces de mesas y bancos.

A pesar de su forma pequeña, uno puede ponerse de pie sin el riesgo de golpearse la cabeza con el techo; caben de dos hasta seis personas. Los baños y regaderas son comunitarios y se localizan muy cerca de cada “cuevaña”.

Actividades. Se pueden visitar cañaverales para extraerle el jugo a las cañas, un refugio de aves migratorias, la zona arqueológica de Yohualichan, la casa de un productor de café y por último, un vivero de plantas medicinales con todo y mariposario.

También se puede hacer la Ruta del Algodón, donde mujeres se encargan de enseñar a los visitantes a formar los hilos, teñirlos con pintura natural y hasta el proceso de tejido, el cual todavía hacen utilizando telares de cintura.