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Don Francisco se confiesa a tres meses del final de Sábado Gigante

Don Francisco salió al paso de las críticas / AP

Don Francisco salió al paso de las críticas / AP

El presentador chileno asegura que no ha sido fácil ser papá en un medio como la televisión

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“Uno difícilmente está preparado para dejar algo que quiere mucho o para no aparecer”, decía hace unos meses el chileno Mario Kreutzberger, más conocido como Don Francisco, sentado en una mesa del hotel Sheraton de Santiago.

Su rostro se veía descansado, pero su edad y el fantasma del retiro estaban ahí. Y mucho más desde que Univisión anunció que el programa que lo lanzó a la fama internacional, Sábado Gigante, se emitirá por última vez el 19 de septiembre.

Por la importancia del personaje y de su trayectoria, EL TIEMPO reproduce esta entrevista, la más reciente del presentador con El Mercurio, el diario más importante de su país.

Las cinco etapas

Mario Kreutzberger toma entre ocho y diez pastillas diarias, para la diabetes, para la tiroides. Dejó la carne, algo que nunca pensó que podría hacer. Ya no viaja tan seguido, porque le cuesta recuperarse. Y no puede llegar y trabajar inmediatamente, como lo hizo durante más de 50 años.

Si se hace una reseña de qué estuvo dispuesto a hacer por el éxito, está en algo así como la quinta etapa de su carrera: “En la primera, uno está dispuesto a aceptar lo que venga, porque piensas ‘tengo que entrar en esto’; en la segunda etapa, a lo que venga, porque tengo que crecer; en la tercera, no tanto, porque ya tengo algo que perder, los 30 años de nombre que he construido; en la cuarta etapa, tratar de adaptarse; pero en la otra dices: ‘¿Sabes? Quizá pueda hacer un mayor aporte en otra cosa, aunque no sea tan exitoso’, y ahí vuelve esta lucha interna entre el hombre y sus circunstancias”.

¿Ahí está usted ahora?

Hace tiempo.

¿Qué siente respecto de que la televisión sea tan cambiante?

Inquietud. Me gustaría leer bien lo que quiere la gente para no fallar. Por ejemplo, Master Chef: nadie se habría imaginado que la estrella fuera una señora de 84 años (en Chile). Y nadie se hubiera imaginado que una telenovela tan lenta como Las mil y una noches iba a ser el fenómeno que es. Pero ahí están.

Mario Kreutzberger sabe de estas cosas. Hace cuatro años, Don Francisco presenta, el programa de charlas que hacía en Univisión, fue cancelado para dar espacio a las teleseries. “Nosotros ganábamos en rating, pero las pusieron porque eran más baratas –argumenta–. Pero no porque a mí me guste un tipo de televisión, esa es la que debe existir.

A mí me gusta la TV de grandes espectáculos, la que marcaba pauta y tenía buen contenido. Hoy es más liberal, con una lucha muy grande por el rating. Yo creo que la televisión está en crisis y que va a salir fortalecida, pero lo que hay ahora es descontrol”.

¿Qué ve usted en televisión?

Yo la veo de muy mala manera, de a tres minutos y cambio. Me quiero enterar de lo que hay. Muy rara vez veo un programa completo, solo me voy formando ideas. Yo veo la TV con intención profesional.

¿Le dan rabia las críticas a la Teletón que usted inició?

Nunca he negado la crítica, soy su hijo. Mira los diarios, busca las críticas de cuando empecé. Durante diez años tuve muchas más críticas que alabanzas, y aprendí de ellas. Y mejoré.

Pero después usted se volvió un intocable...

No hay intocables, porque los medios hacen eco de las críticas para vender.

¿Cuándo piensa retirarse?

Yo quisiera retirarme un segundo antes de cuando me tenga que retirar por obligación. Va a ser muy doloroso, porque ha sido mi vida. La comunicación es mi pasión. Entonces, si me van a retirar, me va a doler mucho más que si yo me retiro. Por lo tanto, mi lucha es: cuándo es el momento.

¿Y qué cosas deben pasar para que tome la decisión?

Dejar encaminada la Teletón. Lo más importante que he hecho en la vida es mi familia, fue mi primer gran proyecto con mi esposa y acabamos de cumplir 52 años de matrimonio. Y el segundo gran proyecto es la Teletón.

La gente de la TV es muy vanidosa. ¿Qué tan vanidoso es usted?

En este negocio, sin ego no se funciona.

¿Y cómo se ve hoy, a los 74?

Yo trabajo con gente de 20 a 30 años, la edad de mis nietos, y tengo un problema que ellos no: me veo y me escucho distinto. Cuando veo el spot de la Teletón, digo: “Ha pasado el tiempo”, pero cuando solo lo oigo, escucho a alguien de 40, es como si no hubiera pasado el tiempo. Pero tu cara y tu pelo dicen que sí pasó.

¿Quiere ser como su voz?

Todos quisiéramos ser eternos y quedarnos en la mejor etapa de la vida. Pero la realidad no es así. En estos años nunca he mentido sobre mi edad o una dolencia, tampoco cuando he cometido un error. A lo mejor, la gente no me ve así, pero creo ser honesto.

Usted era muy histriónico, saltaba, se subía a la mesa, y eso era parte de su personaje. Ahora no puede...

Es que soy otro. He perdido ciertas facultades, pero he ganado otras. No sé si la suma y la resta te da igual o te da menos, pero creo que he ganado en profundidad.

¿Siente que es igual de exitoso que hace diez años?

A los 74 años no puedo ser tan exitoso como lo fui a los 35, cuando tenía la fuerza que hoy no tengo, pero soy la figura que se ha ganado todos los premios de la tele. A lo mejor no me los merezco, pero tengo la Estrella en Hollywood, estoy en el Hall de la Fama... No puedo tener el mismo éxito, porque no tengo el mismo compromiso.

¡Pero en el mundo soy el único tipo que tiene un programa por 52 años en el aire! Todavía este programa, que lleva 30 años en Estados Unidos, sale entre primero, segundo y tercero nacional.

Soy bastante solitario

Hace años, Kreutzberger contó que había salido de vacaciones y se había aburrido. Que no estaba acostumbrado a no tener ocupaciones. Que su rutina incluía que le pasaran un papel con todo lo que debía hacer. Esa vez, para no arruinar las vacaciones, pidió que le enviaran un papelito donde decía: 9:30, levantarse; 10:30, salir; y así todo el día. Hoy es distinto.

“Mi sueño es hacer más viajes de placer –confiesa–. En general, solo he hecho viajes de trabajo: fui a 166 países haciendo la Cámara viajera. De hecho, el año pasado recorrí Chiloé (Chile) sin una cámara; lo hice con mi señora y una pareja amiga, y al mes siguiente hice un recorrido por todo el norte con mis nietos. Y antes hice un crucero por los puertos de Croacia”.

Además, comenzó a celebrar la ceremonia judía del sabbat todos los viernes. En Santiago o Miami reúne hasta 15 personas para hablar del Antiguo Testamento, según las creencias de cada una. La costumbre comenzó cuando Univisión acabó Don Francisco presenta. “Me quedé con la deuda de conversar, que es algo que me gusta –explica–. Empecé tímidamente, haciéndolo sobre libros sagrados e incorporando detalles sin darme cuenta, igual que en los programas de TV, que parten de una manera y terminan de otra. Y a la gente le gusta mucho. No he sido nunca religioso, soy agnóstico. Antes pensaba que agnóstico significaba ateo, pero cuando leo la Biblia pienso que sí es divina, pero si no lo es, lo que esos hombres escribieron hace 3.300 años es extraordinario y aplicable hoy”.

A partir de esto, ¿ha habido gente que se acerca a usted a pedirle consejos?

A mí siempre se me han acercado para eso. De hecho, alguna vez tuve la idea de hacer un libro llamado Conversaciones a gran altura, las que he tenido en los aviones, que son muchas. Cuando converso, descubro cosas a través de percepciones. No soy vidente, pero cuando un tema toca a alguien me doy cuenta.

¿Con quién llora las penas?

Soy bastante solitario, pero muy buen amigo de mí mismo. De noche, por el insomnio, tengo mucho tiempo para hablar conmigo.

¿Tiene amigos?

Pocos.

¿No tiene mejores amigos?

Tengo, pero mis penas, angustias y miedos los consulto conmigo y, si son graves, con un profesional.

Terapia con los hijos

Kreutzberger ha ido varias veces al psicólogo y al psiquiatra. La primera vez, sus hijos dibujaron a la familia. Él, que era un gigante en Chile, para ellos era más pequeño que una pulga. “Parecía que yo faltaba en la casa –recuerda–. Este trabajo es bastante loco, y antes más. Yo era la Coca-Cola en el desierto, esto era televisión y era estelar. Le teníamos que dedicar mucho tiempo. Y yo, además, hacía la Cámara viajera, que me tomaba tres meses al año. Me impresionó mucho que ellos pensaran que yo no estaba. Le pregunté al psiquiatra qué podía hacer. Me dijo: ‘Tiene que demostrar que, en algún momento, les da preferencia a sus hijos’. Y me sugirió que les dedicara un día a la semana. Así nacieron los martes especiales, donde terminaba de trabajar a las 12 del día. Íbamos a almorzar donde ellos querían”.

¿Y resultó?

Sí, fue excelente, hasta hoy ellos se acuerdan. Duró dos o tres años.

¿Por qué no siguió?

Porque me fui a Estados Unidos, los niños crecieron, tantas cosas...

¿Fue buen papá?

Si se trata de tiempo y de calidad del tiempo, no. Si se trata de afecto, sí. Yo no era un taxi que los llevaba a todas partes, era una ambulancia: cuando había una emergencia, estaba ahí.

Para sus hijos no debe haber sido fácil tener de papá a Don Francisco...

Yo creo que no, pero tampoco ha sido fácil ser papá en un medio como la televisión.

¿Siente que valió la pena?

La vida vale la pena. Si uno viviera con experiencia, no haría muchas cosas.

¿Qué cambiaría?

Creo que esa pregunta es filosofía barata. La vida hay que vivirla.

Se detiene y dice:

“¡Claro que me habría gustado mucho más ser un tipo equilibrado, dedicarles tantas horas a mis hijos, tantas a mi trabajo. Pero si le hubiera dedicado menos horas al trabajo, no habría llegado adonde llegué!”.