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Consejos para recorrer museos y comer bien en Europa

Hay dos cosas muy caras en Europa: comer en restaurantes y entrar a un museo / Foto Pixabay

Hay dos cosas muy caras en Europa: comer en restaurantes y entrar a un museo / Foto Pixabay

El lujo de entrar a restaurantes en Europa hay que dárselo, pero que sea restringido, y para los museos, aunque es casi imposible economizar, pues podrá ingresar gracias a los ahorros en alojamiento y transporte

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Recorrí 23 países y 119 ciudades de Europa en un año. No. No soy multimillonaria, tampoco viajé patrocinada por mis papás o mi familia, no me endeudé hasta el infinito y no tuve la suerte de ganarme la lotería.

Un día, simplemente, decidí que quería viajar durante 12 meses seguidos sin que ninguna obligación laboral o académica se cruzara en mi camino. Un día, así sin más, decidí que me regalaría un año sabático para recorrer un buen pedazo del mundo. Renuncié al trabajo. Sumé todas las ganas que tenía y algunos ahorros. Nada más que eso.

Mi deliciosa travesía de un año por Europa, conociendo a profundidad todos los lugares a los que fui, fue posible porque en muchos aspectos mi viaje fue guerrero, lo más barato en todo lo que se pudiera. Y no por eso fue menos bueno ni menos bonito.

Hay dos cosas muy caras en Europa: comer en restaurantes y entrar a un museo. Para evitar gastarse lo poco que tiene en lo primero, prepare la mayoría de sus comidas en la cocina del hostal al que va o ármese un rico sándwich y súmele unas frutas y unas papas para comérselo en un parque.

El lujo de entrar a restaurantes en Europa hay que dárselo –mejor si es a los preferidos por los locales y no a los más turísticos–, pero que sea restringido. En el segundo aspecto es imposible economizar algo, a menos de que tenga un carnet de estudiante internacional o alguna credencial específica. Pero tranquilo, si ha ahorrado en alojamiento, transporte y comida, podrá visitar los museos con los que siempre ha soñado.

En cuanto a la fiesta, la mayoría de hostales en Europa organizan actividades muy baratas y divertidas que incluyen recorrer en una noche tres o cuatro bares, con los demás viajeros que estén alojados. Pregunte también por los lugares preferidos de la gente que vive en la ciudad a la que ha llegado. La pasará genial, aprenderá mucho del lugar y sus habitantes, conocerá sus costumbres y, seguramente, pagará menos.

Y deje el miedo. El miedo y los viajes son incompatibles. Allá afuera el mundo no es más inseguro y difícil que aquí adentro. Incluso, a veces es más solidario y bonito. Menos gris, más colorido.