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Consejos para los nostálgicos de Navidad

Los pensamientos crean creencias. Y de acuerdo a esas creencias, se actúa | Foto: El Nuevo Día

Los pensamientos crean creencias. Y de acuerdo a esas creencias, se actúa | Foto: El Nuevo Día

La Navidad no tiene que ser triste porque alguien ya no está o porque determinadas personas se alejaron de tu vida. Reinventa la actividad, búscale un nuevo sentido, compártela con alguien más

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Algo ocurrió. Una ruptura, una pérdida, un mal rato. Como resultado, dejaste atrás todo aquello que revive ese recuerdo doloroso: adornar el árbol, preparar la cena en Nochebuena, buscar la grama para los camellos la víspera del Día de Reyes. En fin, la Navidad ya no es tan Navidad.

En su lugar, diciembre y enero se han convertido en meses más tristes que alegres porque recuerdan un pasado doloroso. Pero no tiene que seguir siendo así.

La doctora María Curbelo Serrano, psicóloga clínica, explica que esto ocurre porque las personas aprenden a asociar estímulos con emociones, dependiendo de la experiencia de vida. Pasa en instancias tan simples como cuando entras a una tienda y el montón de luces y música navideña te hace sentir casi una obligación por comprar todos los regalos del mundo. O, por ejemplo, si tu pareja era músico, podrías recordarle cada vez que miras una guitarra. Asimismo, si solías cocinar para la familia la cena navideña junto con tu mamá y ella ya no está, la costumbre puede haber perdido sentido.

No es ni malo ni bueno que esto ocurra. Lo negativo es permitir que esas asociaciones del pasado continúen marcando tu presente y te eviten disfrutarlo. Si esto ocurre, puedes empezar a cambiar esa interpretación negativa motivándote a volver a sentir deseos de celebrar, sino como antes, de una manera nueva. Es decir, puedes reprogramar las fechas.

"La motivación de cambiar la impones tú en tu vida. No va a surgir de manera mágica. Hay que empezar a crear ese deseo que perdiste en un momento dado", asegura la doctora.

Decidir hacerlo es darle dirección a las emociones, en lugar de permitir que te dominen. Para lograrlo es esencial vigilar la calidad de tus pensamientos, especialmente los "intrusos". Estos son los que te llegan automáticamente cuando recibes desde un halago a una crítica. Si no tienes cuidado, pueden convertirse en una pauta definitiva. Es decir, te sientes bien si el jefe elogia tu informe pero esa alegría se esfuma de inmediato cuando un poco más tarde discutes con tu pareja. Ese pensamiento todo o nada es culpable de muchas decepciones.

"Tendemos a interpretar las situaciones basándonos en resultados absolutos. Pero cuando nos volvemos inflexibles en el pensamiento perdemos la perspectiva de las situaciones", indica la doctora.

Por eso, es preferible procurar más neutralidad. Cuando se logra, se evita que la vida se convierta en una pelota de Ping Pong, que fluctúa dramáticamente de acuerdo a cada circunstancia o estado de ánimo que esta provoque.

Si estás acostumbrado a etiquetar los eventos como simplemente buenos o malos, puedes intentar ser más flexible. Los pensamientos crean creencias. Y de acuerdo a esas creencias, se actúa.

Así es que la Navidad no tiene que ser triste porque alguien ya no está o porque determinadas personas se alejaron de tu vida. Reinventa la actividad, búscale un nuevo sentido, compártela con alguien más. Después de todo, eres dueño de tus experiencias.

"Identifica los pensamientos, observa su contenido y empieza a crear un cambio de creencia en tu mente y en ti mismo", invita la doctora.