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Ciudades jóvenes pero con ricas historias

Hasta el momento de su inauguración la población no estaba siquiera al tanto de la existencia de Naypyidaw / Foto Wikipedia

Hasta el momento de su inauguración la población no estaba siquiera al tanto de la existencia de Naypyidaw / Foto Wikipedia

Son de relativamente reciente construcción, pues la mayoría vio la luz a mediados del siglo XX

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1- Myanmar, la capital fantasmagórica

Naypyidaw, además de tener un nombre impronunciable, es la capital más rara del planeta. Fue construida de manera desmedida y en el mayor de los secretos por el ejército birmano, que en noviembre de 2005 mudó oficialmente a esta nueva sede la administración del país. A pesar de su gigantismo tiene poco más de un millón de habitantes, perdidos entre pagodas enormes, centros comerciales vacíos, ministerios desproporcionados y colosales monumentos. Hasta el momento de su inauguración la población no estaba siquiera al tanto de su existencia y muchos creen que ese millón de residentes es un número voluntariamente exagerado. Todavía de difícil acceso, la ex Birmania -hoy Myanmar- se abre poco a poco al turismo y, más allá de Mandalay y sus tesoros, esta megacapital paranoica es un lugar para perderse, pero no para perdérselo.

2- Estados Unidos, prohibido para los menores

Si tienes menos de 55 años te resultará imposible comprar o alquilar una casa en Sun City, cerca de Phoenix, en Arizona. Esta ciudad nueva, que surgió del desierto a partir de 1960 y se ha convertido, con el paso del tiempo, en un gigantesco barrio cerrado, fue creada exclusivamente para abuelos y jubilados. La idea de su promotor, Del Webb, era ofrecer servicios adecuados para un público de 60 años en adelante. Esta ciudad artificial tiene iglesias, hospitales, centros de diversión y greens de golf. Creció tanto que se la puede ver desde el cielo cuando uno llega a Phoenix en avión. Actualmente, tiene varias decenas de miles de habitantes, con un promedio de edad de 72 años.

3- Alemania, en honor al auto

Es uno de los símbolos del colosal éxito industrial alemán. Pero, sus orígenes no son tan brillantes. Wolfsburgo, la ciudad nacida artificialmente en torno del sitio de una marca de autos, fue una creación de Hitler, quien, en 1938, inauguró personalmente la planta de Volkswagen y sus primeros complejos para alojar a los obreros (muchos de ellos prisioneros de guerra hasta el derrumbe del Tercer Reich). Al fin de las hostilidades, la marca y la ciudad emprendieron un largo camino para hacer olvidar las sombras que se inclinaron sobre su cuna. Hoy, Wolfsburgo es una ciudad de unos 120.000 habitantes que viven por y para el grupo Volkswagen y tiene uno de los mayores ingresos de toda Alemania. Su ciudad es, a la vez, una de las mejor equipadas con museos, complejos deportivos y escuelas de todo el país.

4- Kazakhstán, del gulag a la ciudad modelo

Cuando se llamaba Tselinograd, la actual Astana era conocida como un destino de los más lúgubres de la Unión Soviética. En medio de las estepas de Asia Central, había allí varios campos de concentración. Cuando Kazakhstán se convirtió en un estado independiente, en 1991, el presidente de por vida Nazabayev decidió transferir la capital desde Almaty a Astana. Con ingresos faraónicos proveniente de la venta de petróleo y gas, la ciudad fue construida de la manera más monumental posible. El skyline de Astana, que se yergue por encima de una estepa congelada seis meses al año, explota de luces y abunda en formas audaces. Un lugar imperdible para sacar fotos increíbles, que recibirá la atención del mundo en 2017 cuando organice la Expo Internacional de las energías del futuro.

5- Francia, el símbolo de las vacaciones para todos

La Grande-Motte es un complejo de torres y condominios que causó escándalo en el momento de su planificación y construcción, pero que se ha convertido en un éxito comercial y un modelo de balneario planificado. Hasta 1965, el lugar era un pantano infestado de mosquitos a orillas del mar. El complejo fue proyectado para competir con España y aliviar la presión turística sobre la costa provenzal. Todo el litoral de la región del Languedoc (al sur de la ciudad de Montpellier) vio surgir nuevos balnearios. Están por ejemplo el Cap d'Agde, Port-Leucate o más al sur Gruissan (donde se filmó la película generacional Betty Blue). Pero, es la Grande-Motte el que se convirtió en el mayor éxito popular y recibe cada verano más de dos millones de turistas.